#Palabra

Muy cerca del ocaso te saludemos, vida

Por Rolando Ísita Tornell*
sábado, 17 de noviembre de 2018 · 00:00

El Ocaso

Las nubes rojas con fondo azul celeste; la luz del Sol en el horizonte penetra directamente a mi ventana; mi sombra en la pared es nítida y la silueta es como un espejo de luz y sombra, esa sombra soy yo radiado por una estrella… Otoño ha hecho su entrada a finales de septiembre, las hojas se marchitan amarillentas, anaranjadas, se secan, mueren y caen

Mi ocaso.

“Muy cerca de mi ocaso yo te saludo, vida, porque nunca me diste esperanza fallida, ni trabajos injustos ni pena inmerecida”. No todos somos poetas, como Amado Nervo, que asumió la muerte con estoicismo (amé, fui amado), humildad (yo fui el arquitecto de mi propio destino), “vida, nada me debes; vida, estamos en Paz” -dijo él.

La muerte es asumida con aprehensión por la mayoría, se afronta con temor y enojo, pocas veces con comprensión. Se hace todo aquello imaginario, consumible, al alcance para diferirla, pintura, cosméticos, cremas, cirugías, atuendos para que ella de cualquier modo se presente inexorable. Y aun así, a la irremediabilidad le echamos la imaginación de una vida después del fallecimiento. No existe civilización que carezca de estos ritos, mitos, creencias con paraísos o infiernos después de la muerte.

Cuando la muerte cobró vida

Como especie, no siempre le hemos prestado particular atención a la relación vida-muerte. Está documentado que desde las subespecies precursoras hasta el Homo sapiens, la atención a la muerte tuvo una evolución paulatina, coherente, con la evolución del cerebro, y con él, la obligada comprensión de la naturaleza. Al huir de depredadores caería algún colega, y ahí se le dejaba tirado, o por enfermedad, o durante el parto, en la infancia.

Se ha documentado que llegó el momento de la atención a la muerte del prójimo, probablemente Homo ergaster ya se detuvo a llorar un rato al caído, pero después continuar la huida. La atención plena a la muerte vino con Neanderthal que enterraba a sus difuntos, hace 75 mil años. Colocaban el cadáver en posición fetal, la cabeza hacia el ocaso del Sol y los pies hacia el alba; pintaban el cadáver de rojo y le acompañaban con sus utensilios durante la vida, herramientas de silex, animales en sus manos y a veces flores y plantas medicinales.

¿Qué es vida?

La comprensión de la vida y la muerte, en su naturaleza íntima, es relativamente reciente, por ahí de 1865, aunque sigue siendo un arcano indescifrable y misterioso para la mayoría de la humanidad. Por mucho tiempo le impusimos una frontera a lo vivo y a lo inerte; de hecho, aún se enseña una química orgánica y otra inorgánica.

Allá afuera, desde hace 13 mil 700 millones de años, comenzaron a formarse los tabiques con los que está construido el cosmos hasta ahora conocido, en una lucha continua entre la fuerza de gravedad y la energía expansiva liberada por la fusión de los átomos; en un continuo patrón de nacimiento, desarrollo y muerte; a cada colapso de estrella, más átomos nuevos, más pesados, más material de construcción.

Santuarios de vida primitiva, estromatolitos

En México tenemos la fortuna (y enorme responsabilidad) de poseer algunos de los santuarios más primitivos de vida en nuestro planeta, aguas con estromatolitos. Como se infiere de su nombre, son estructuras de roca, pelotas, en capas de mineral. En ellos habitan las primeras células, cianobacterias, los primeros vestigios de vida, en la Tierra ¡y aún funcionan!

Las cianobacterias son organismos muy simples, células que no tienen un núcleo definido que envuelva esa estructura atómica, ese aminoácido, que contiene las instrucciones de vida (reproducción). Este ADN deambula libre en la clara de huevo de estas bacterias. Y así de simples, ellas son unos auténticos laboratorios que fabrican las condiciones y atmósfera para la vida en un planeta como éste.

Estos primitivos organismos de una sola célula se agrupan formando una microscópica película. Estas cositas con una escalera de átomos enlazados en su interior capturan radiación solar, partículas de fotones que interactúan con una fuente de electrones, agua (H2O); esta reacción, al separar el hidrógeno del agua (H), deja libre en la atmósfera al oxígeno (O), primordial para la vida. Además, toman Nitrógeno de la atmósfera, le enlazan un átomo de Hidrógeno del agua convirtiéndolo en amonio (NH3) que liberan en el suelo donde se desarrollan, importantísimo para el crecimiento de las plantas (fijación del Nitrógeno). También captan de la atmósfera el dióxido de carbono (CO2), tan nocivo para la vida, que en su laboratorio de ADN desata el oxígeno del carbono, y este último es desechado.

Transformación de luz solar en ambientes propicios para la vida

Nosotros no podemos tomar la energía del Sol como nuestro combustible para la vida. Podemos subir a la pirámide del Sol en Teotihuacan, echarnos bajo el rayo solar y lo único que obtendremos serán quemaduras en la piel. El Sol es la única fuente de energía a nuestro alcance, pero son los organismos celulares los únicos capaces de convertir esa energía en otras formas de energía y la modificación de enlaces de átomos para producir material básico para construir la vida, la síntesis de la luz solar, la fotosíntesis. Es a través de ellos, de ingerirlos, como obtenemos la energía que provee el Sol.

Como resultado de su trabajo de laboratorio, las cianobacterias asociadas en capitas producen desechos, el carbono desechado dará lugar a la formación de los estromatolitos, millones de capitas de carbono de las que están constituidas esa pelotas de roca existentes en aguas someras, como en Cuatro Ciénegas o en la laguna de Bacalar, en Yucatán; y en su superficie la capita más reciente de cianobacterias trabajando; las primeras fábricas de condiciones de vida en el planeta Tierra.

Una línea continua y coherente, nacimiento, desarrollo y muerte, desde la formación del Universo hasta la vida.

La física y astrofísica nos han enseñado cómo se forman los átomos en las estrellas, cómo son ellos, de qué están hechos y qué relación tienen con la energía. Cómo constituyen a la materia, los materiales con los que está hecho todo.

La química nos ha enseñado cómo se enlazan los átomos, no cualquier átomo se enlaza a otro, hay reglas, y suceden fenómenos colaterales cuando se enlazan. Los átomos se enlazan a través de sus electrones; cada elemento tiene su número único de electrones. Asimismo, hay capas de electrones. En enlace tiene lugar cuando los electrones de uno y otro átomo saben jugar al cambio de posiciones.

La biología y le geofísica nos han enseñado cómo se organizan las cadenas de átomos para habitar planetas; formar unidades de vida en esos planetas, células, y cómo las células construyen organismos cada vez más complejos, como el hombre, su cerebro y las ideas que produce ese cerebro… Lo que nos falta entender con más certeza son las construcciones o destrucciones del hombre.

Donde la materia cobró conciencia

¿Vida? ¿Muerte? No somos más que una transición de un estado de la materia, organizada en nosotros, a otro estado de la materia en constante transformación. Donde la materia cobró conciencia, nosotros, esa conciencia debe buscar la coherencia de nuestras ideas, pensamientos, abstracciones, creencias, mitos, filias y fobias y ese proceder de la naturaleza y el cosmos del que formamos parte, donde la idea de vida muerte no tiene mayor relevancia porque todo el tiempo sucede con todo, átomos, estrellas, galaxias, planetas, aminoácidos, macromoléculas, plantas, hongos, bacterias, animales, humanos.

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