#Palabra

Divulgar la ciencia, un viaje personal

Por Rolando Ísita Tornell*
sábado, 01 de diciembre de 2018 · 19:59

Nada es verdad o mentira, es el cristal con el que se mira

¿Son confiables, serios, los de esa banda? Son buenos estudiantes, en clase participan, están dispersos en todas las disciplinas. ¡Bah, son unos facinerosos, pendencieros malhablados ellas y ellos! Pero no dicen tonterías, no son sólo observadores de las cosas sino actores en ellas. Han ganado respeto, curiosidad y simpatía. Se les ve de amigos con radicales, con hipercríticos, militantes de todos los partidos (legales y clandestinos), frentes de activistas, biznietos de la revolución, con “soldados de la revolución”, con los de “izquierda dentro de las instituciones”, con “apocalípticos e integrados” según explicó Umberto Eco…

Caldo de cultivo

Pero no pertenecen a ninguno de esos grupos, se pertenecen a sí mismos, no tienen una estructura orgánica ni jerarquías, aquél o aquella que tiene ideas y convence a los demás se realizan empeñando la propia vida cada una y cada uno, sus tristezas, sus amores, sus travesuras, la sorna y el humor negro son su lenguaje.

“El que se lleva, se aguanta”, dice el refrán, así que la reacción de los otros se manifesta, “son de la izquierda plástica”, la “guerrilla Plasti Marx”. No le atinan, decía con malicia uno de ellos, no saben que somos el Taller T.R.U.C.U.T.U, ¿Unos cavernícolas de cómics de la prensa dominguera?

Primera revelación

La importancia estratégica de todo frente propagandístico: tener un acrónimo ambiguo, Trabajo Revolucionario Unido contra una Tecnocracia Universitaria, Trucutú, y sí, también una tira cómica de un cavernario irónico. Interesante además que “tecnocracia” era entonces solo un concepto intelectual de las sociologías políticas en boga. Confiesan que son un grupo, una corriente de opinión notoria, ¡hasta publican un impreso con forma, calidad y congruencia interna en sus contenidos misceláneos! ¿Quién los financia? Su proyecto “Taller de Comunicación”, sometido a la evaluación de los académicos y de las autoridades, algo poco conocido y practicado institucionalmente en ese entonces.

El hábito no hace al monje

Académicos, militantes, condiscípulos los consideran con respeto, se les consulta, se les indaga por pura curiosidad. “Son anarquistas auténticos, no de teorías”, decía con sorpresa y complicidad la renombrada académica Silvia Molina; ¡son unos mariguanos!, opinaba en lenguaje moral otra reluctante, a lo que el académico, poeta, actor y diplomático Hugo Gutiérrez Vega, le reviraba: ¿y cuáles argumentos sólidos nos puede dar, maestra, de que eso sea “malo”?, mientras el profesor y periodista Froylán López Narváez se desternillaba dela risa. Viajaban a “ver”, atestiguar una comunidad camaronera autogestionaria en Mezcaltitán, Nayarit; una huelga de camioneros enfrentando al cacique petrolero Kehoe, en Poza Rica, donde les cayó encima el huracán Fifí; una invasión de tierras en Santo Domingo, D.F., lo que reportaban y confrontaban con teorías aprendidas en clase a través del boletín “Comunicación”.

El sueño ha terminado, bautizo de fuego contra el imperio

Finalmente algunos se titularon, otros trabajaron, se casaron. Pasados los años, Willy y Rolando se titularon; otro acto mediático esencialmente académico, sin querer queriendo. Dos de esos “anarquistas”, “guerrilleros de plástico”, marxistas (de Groucho Marx) van a demostrar que merecen la licenciatura, con protocolo, con método, nada de que yo creo, opino, sino evidencias, hechos y fuentes documentales de primera mano, documentación con respaldo teórico. Uno de ellos estuvo en la guerra nicaragüense, el otro un teórico práctico, reportero y fotógrafo. Su tema es el frente propagandístico de la guerra nicaragüense, como parte de una política del nuevo Estado sandinista teniendo en frente de adversario al gobierno de Ronald Reagan.

 

Yo soy mi propio instrumento de investigación

Pasada la faena, un respetado comunista ya en formato de académico me comentó: siempre se les respetó mucho y se les vio con mucha curiosidad, ¿cuál era su línea, su agenda? No tenían jefes, cualquiera era líder según el tema. ¿Qué onda con ustedes, qué onda contigo? Nuestra agenda era la realidad, la vida de cada uno y la que compartíamos, lo que cada uno sabía y sacaba conclusiones de las clases que tomaba y las compartíamos, como cualquiera de ustedes, entre personas, y no como militantes. Yo, por mi parte, le dije, “soy mi propio instrumento de investigación”, dentro de un modelo cada vez más consolidado, la propaganda, aunque la nombren con diversos eufemismos.

 

La ciencia, nuevo campo de batalla

De buen tiempo para acá, la ciencia se incorporó como el “mensaje último”, la “estructura ausente”, se vinculan dos grandes bloques de las disciplinas del conocimiento con métodos, protocolos y experimentaciones distintas, con objetos de estudio diferentes, pero no excluyentes.

La ciencia es un hecho, una actividad especial que se realiza en facultades, institutos y centros de investigación; los científicos son personas de carne y hueso inmersos en la sociedad en la que habitan en una República multicultural, en una vorágine de sucesos políticos, geopolíticos, sociales, medioambientales; en la estructura de un Estado federado donde los medios cumplen el papel de mediadores de creencias, prejuicios, filias, fobias, tradiciones, tendencias políticas, intereses económicos.

Si quiero que la ciencia esté en el “ojo del huracán”, en la agenda de la opinión pública, no puedo ser un talentoso científico de partículas, convencido de la importancia del aprecio por los fenómenos que investigo y descubro, y en ese momento quiero que la prensa, los medios, se interesen por mi trabajo, y desde mi cubículo o laboratorio escribo algo sin considerar todo ese entramado del contexto sociocultural y político, y no vuelvo a prestar atención al tema de la divulgación hasta que mi quehacer científico me permita volver a tener tiempo.

Tampoco puedo extraer emociones, sorpresas, fascinación por la naturaleza extrayendo de textos, artículos, investigaciones publicadas desde mi cubículo de divulgador de la ciencia; hablar del científico desde la abstracción, las definiciones y los conceptos; o ser un reportero y pensar que la ciencia es otra fuente más, como el cabildo, el gobernador, el presidente, el accidente de tránsito, o un asesinato más, la presentación del artista.

Menudo reto y, de nuevo, ser mi propio instrumento de investigación, vivir en un centro o instituto de investigación, convivir con los investigadores-personas de carne y hueso, sus inquietudes fuera de la ciencia, sus gustos, apetitos, humores, el horario de trabajo, el tiempo para el café; cómo hacen su trabajo, cuáles y cómo funcionan sus instrumentos de investigación, el fundamento teórico de sus quehaceres, la historia y personajes de su disciplina; por un lado, y por otro, la sociedad a la que me dirijo, los medios a que recurre para informarse, los actores personas e instituciones de la localidad.

Es un trabajo de tiempo completo, sistemático, multimedia y multidisciplinario, no sólo cuando tenga tiempo, una función necesaria que requiere la especialización de entender cómo funciona la ciencia y cómo funciona la sociedad… Y saber expresarlo de manera que no sólo me entiendan, sino despertar interés, emoción, sorpresa, no es enseñar sino persuadir. Un divulgador de la ciencia no se improvisa.

 

*Comunicación de la Ciencia UNAM.

 

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