De simples nubes pasaron a ser galaxias

domingo, 25 de marzo de 2018 · 00:00

Por Rolando Ísita Tornell*

Hace algunos años, durante un viaje por la ruta del vino, la chica con la que viajaba suspiró al ver la noche con el cielo densamente estrellado, “¡qué noche tan clara! -dijo, aunque hay ahí una nube grande”.  Le sugerí que observara con detenimiento esa gran nube que cruzaba casi todo el cielo por la mitad. “Es medio rojiza en su centro -describió -y parece que la ocultan otras nubes más oscuras en partes”, agregó.

-No es una nube, aunque muchos en el pasado así la describieron y la llamaron -le contrapuse, y para impulsar sus dudas agregué la pregunta: - ¿Cuándo has visto una nube que esté atrás de muchas estrellas? - ¡Es verdad! -dijo con sorpresa - ¿qué es entonces?, agregó. Le respondí que era la Vía Láctea, la galaxia en la que viajamos por el Universo.

En dimensiones históricas, es muy reciente que sepamos que nuestra gran nebulosa es un conglomerado de miles de millones de estrellas y otros objetos, por mucho tiempo se pensó que las galaxias eran nubosidades lechosas, de ahí que los griegos la describieran como un camino de leche y los romanos adoptaron el nombre: Vía Láctea.

 El Universo se está inflando

Había un griego muy perspicaz e intuitivo que pensaba que esas nubosidades, las que son muy difícil verlas a simple vista, dijo que eran estrellas amontonadas, él era Demócrito, quien además intuía que lo más pequeño de la materia eran átomos (pequeñeces indivisibles), ¡él los bautizó!, pero no aportó pruebas, aquello fue cerca de medio siglo antes de nuestra era. Mucho más tarde, por ahí de 1609, Galileo Galilei, ya armado con un telescopio, observó que nuestra nube lechosa era un montón de estrellas e infirió que aquellos otros puntos de luminosidad difusa debían ser también estrellas amontonadas; aunque no pudo demostrarlo.

Debemos Edwin Hubble saber que los puntos brillantes difusos no son “nubosidades”, son galaxias llenas de estrellas, como nuestra Vía Láctea, y no eran parte de ella, estaban muy alejadas.

En 1924 observó que la “nebulosa” de Andrómeda estaba llena de estrellas; cinco años después hizo una observación que estrujó todas las nociones que se habían tenido del Universo hasta ese momento, la mayoría de las “nebulosas” observadas presentaban “corrimiento al rojo” en el espectro electromagnético, se estaban alejando, y mientras más lejanas más veloz su alejamiento.

Las sorprendentes observaciones de Hubble tenían su raíz en algunas importantes aportaciones como herramientas y conocimientos desarrollados a lo largo de siglos. Algunos de ellos fueron el prisma de Isaac Newton, de 1671.

Todos hemos visto el arcoíris de diversas formas, muchas veces sin prestar atención; algún atardecer reflejado en una pared sin ponernos a pensar qué lo causa; la mayor de las veces durante la lluvia de frente a nosotros y con el Sol a nuestras espaldas.

Newton aisló el fenómeno en un cuarto oscuro, dejó pasar un haz de luz que diera en un prisma de vidrio, y describió que el prisma descomponía la luz blanca en los colores del arcoíris.

Años después, en 1814, el joven Joseph Fraunhofer colocó el prisma de vidrio ante el ocular de un telescopio y observando al Sol (no directamente, desde luego) notó que los colores del arcoíris estaban plagados de rayitas negras, se bautizaron como “bandas de Fraunhofer”, a él se atribuye el invento del espectroscopio (y el arcoíris pasó a ser el espectro visible).

Por su parte, Bunsen y Kirchhoff, poco después, en 1859, en vez de usar el Sol usaron la flama de un mechero, colocaron el prisma en una caja oscura a la que por un lado entraba la luz de la flama a través de un ocular y por otro observaban los fenómenos de luz que se presentaban al poner en la flama diversos metales y sustancias. Descubrieron que cada sustancia sobre la flama proyectaba los colores del espectro (el arcoíris) plagado de rayitas, pero con un acomodo de rayitas distinto para cada sustancia y el mismo patrón para la misma sustancia, como su “huella digital”.

Así pudimos tener una herramienta que nos permitiera saber qué elementos existen en cualquier emisión de luz, o qué elementos absorben alguna longitud de onda al hacer pasar luz a través de ellos. Así sabemos qué átomos componen al Sol, las estrellas o las sustancias que hay en el suero de nuestra sangre.

Y finalmente tenemos en la lista a don Andreas Doppler, (mas no sólo a ellos). En 1842 pasó a la historia explicando lo que todos hemos percibido, sabemos si una ambulancia se acerca o aleja de nosotros por el sonido de la sirena, o de un trailer sonando su bocina en la carretera. Cuando se acerca se escucha aguda la sirena, cuando se aleja se escucha grave. Con la luz, en forma de ondas, en vez de aguda en el espectro se “corre” hacia el azul cuando se acerca, y se corre hacia el rojo cuando se aleja.

La baraja está completa. Hubble observó que las líneas de Calcio de los cúmulos de galaxias que apuntaba su telescopio se corrían al rojo en el espectro, y mientras más lejanas más se corrían al rojo y a mayor velocidad, y casi  cualquier galaxia o cúmulo de ellas que observaba se alejaban… El Universo se está inflando.

Con las aportaciones de estos personajes son con lo que trabajan los astrónomos, observan y nos explican qué está pasando allá afuera, de qué están hechos los objetos, cuánta energía despiden, qué tan lejos están, de cuánta materia están conformados. Básicamente usan los mismos instrumentos de Newton, Fraunhofer, Bunsen, Kirchhoff, Doppler, aunque más sofisticados, electrónicos, con microprocesadores, y algunos otros descubrimientos más, incluyendo un conglomerado de ecuaciones que también son herramientas confiables.

*Comunicación de la Ciencia UNAM-Ensenada

risita@dgdc.unam.mx

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