La Astronáutica

domingo, 4 de marzo de 2018 · 00:00

Por Marco Arturo Moreno Corral*

mam@astro.unam.mx

La Astronáutica es una ciencia moderna relacionada con la Astronomía, que estudia aspectos teóricos y prácticos de la navegación más allá de la atmósfera terrestre usando  naves tripuladas o no, encargándose de múltiples aspectos involucrados en la determinación de sus trayectorias, así como de la exploración del espacio y la supervivencia de seres vivos en él.

Su inicio práctico ocurrió el 4 de octubre de 1957, cuando la Unión Soviética puso en órbita el primer satélite artificial; el Sputnik 1.

Desde entonces esa ciencia comenzó un acelerado desarrollo, sobre todo por la rivalidad surgida entre esa nación y los Estados Unidos.

Entre aquella fecha y julio de 1969 en que tres astronautas estadounidenses viajaron con éxito a la Luna, regresando a la Tierra sin problema, la competencia fue muy intensa y con frecuencia se reflejó en la prensa internacional conforme fueron obteniendo logros significativos, pero también fracasos aparatosos.

Los aspectos teóricos involucrados en el lanzamiento de cualquier nave espacial, quedaron resueltos desde 1687, cuando Newton publicó las leyes físicas necesarias para ese fin, pero trascurrirían 270 años antes de que los desarrollos tecnológicos permitieran su realización, tiempo en el que fueron muchos científicos de diversas nacionalidades, los involucrados en la búsqueda de la solución de ese problema.

Los impresionantes logros obtenidos después del lanzamiento del Sputnik 1, crearon la falsa idea que fueron solamente los soviéticos y los estadounidenses quienes hicieron realidad el viejo sueño humano de viajar al espacio.

Comienzo en México

Aquí me ocuparé de un aspecto casi desconocido de ese proceso; los inicios de la Astronáutica en México.

Para nuestro país todo comenzó en marzo de 1957, cuando profesores de la Escuela de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, elaboraron un proyecto de fabricación de cohetes, para involucrar a sus alumnos en los aspectos teóricos y prácticos del lanzamiento de este tipo de artefactos, quienes se entusiasmaron con él, ya que les permitía aplicar conocimientos que adquirían sobre disciplinas como Dinámica, Electrónica, Química y otras más, por lo que colaboraron entusiasmados con sus mentores en las diferentes fases de ese complejo proyecto.

En ello estaban, cuando se enteraron del lanzamiento de Sputnik 1, lo que los impactó como al resto del mundo, pero también les mostró lo que podía hacer el estudio de los cohetes.

Para realizar lanzamientos seguros, consiguieron un terreno aledaño a un campo de golf, situado a 14 kilómetros de la ciudad de San Luis Potosí. En noviembre de 1957 hicieron el primer intento de lanzar un cohete, que estalló sin elevarse. Solamente un mes después, el 28 de diciembre, lograron lanzar su primer cohete, al que llamaron Física 1.

Este artefacto pesaba 8 kilogramos, tenía un 1.7 metros de altura y alcanzó los 2 mil 500 metros sobre el sitio de lanzamiento, gracias al empuje que le proporcionó el combustible sólido constituido por una mezcla de zinc y azufre.

Este fue el primer cohete lanzado en México con fines científicos. Cuatro meses después lanzaron una versión mejorada, pues incluyó un paracaídas que abría automáticamente, permitiendo la recuperación del cohete y los instrumentos en él instalados, consistentes en detectores que medían la densidad atmosférica y la radiación cósmica, pues parte de la investigación que se hacía en esa escuela, era sobre ese tipo de radiación.

Cuando la prensa comenzó a cubrir esos experimentos, dieron por llamar al lugar de lanzamiento Cabo Tuna o Cabo Nopal, evidentemente para establecer un paralelismo entre lo que hacían los mexicanos y el programa espacial estadounidense que lanzaba sus cohetes desde Cabo Cañaveral, Florida.

Como en todo programa de investigación, hubo aciertos y fracasos. Sin embargo, lo que aquellos universitarios aprendían de éstos, los convertía en logros. Para 1963 iniciaron la última parte de aquel ambicioso proyecto, lanzando la serie de cohetes llamados Zeus.

El primero fue de una etapa, mientras que el último, lanzado en mayo de 1967 era de dos etapas y alcanzó una altura de 10 kilómetros. Este exitoso programa fue cancelado por razones diferentes a las científicas, lo que es de lamentarse, pues de haber seguido, seguramente nuestra tecnología e industria aeroespacial estuvieran más adelantadas.

Por esas fechas la Secretaría de Comunicaciones y Transportes de México, mostró interés en el desarrollo de los cohetes y formó un grupo pequeño de técnicos y científicos abocados a las investigaciones astronáuticas. Trabajando en la capital del país, crearon un cohete que sería impulsado por una mezcla líquida de oxígeno y alcohol etílico, que fue construido entre 1958 y 1959.

Era un cilindro metálico de cuarenta centímetros de diámetro, con peso de 200 kilogramos y largo total de 4 metros. Bautizado como SCT1 fue lanzado el 24 de octubre de 1959 desde una hacienda en Guanajuato y alcanzó cuatro kilómetros de altura. Tras modificar el diseño en términos de la experiencia ganada, incluyendo aletas en la parte superior del cohete para estabilizar su vuelo, en octubre de 1959 se lanzó el SCT2, que alcanzó 25 kilómetros, zona de nuestra atmósfera superior a la región donde vuelan los aviones comerciales.

Sin duda esos logros,  mostraron que en nuestro país había individuos y condiciones para desarrollar investigación en Astronáutica, lo que llevó a crear la Comisión Nacional del Espacio Exterior, cuya misión fue coordinar las investigaciones y desarrollos en materia aeroespacial que entonces se hacían en México, quedando incorporado a ella el grupo que hizo los cohetes SCT.

Retomar el camino

Continuando con aquel trabajo, en 1962 su personal lanzó el Tototl que significa pájaro en Náhuatl, que fue un cohete de combustible sólido que alcanzó veintidós kilómetros de altura. Luego vendrían los cohetes Mitl, cuyo significado es flecha o dardo en la misma lengua, con capacidad de carga de 8 kilos. El primero fue lanzado en 1967 y alcanzó los 50 kilómetros, lo que lo llevó a la Estratosfera, mientras que el Mitl 2 llegó en 1975 hasta la parte baja de la Ionosfera, pues alcanzó 120 kilómetros sobre la superficie terrestre.

La Comisión desarrolló algunos otros cohetes como los Tlaloc, diseñados para inducir lluvia. Toda aquella actividad le proporcionó a su personal técnico y científico, experiencia en áreas emergentes como la ciencia de materiales, micro mecánica y microelectrónica, percepción remota, robótica, satélites artificiales, globos sonda, astronáutica, medicina espacial y telecomunicaciones, pero a pesar de sus logros, en 1977 esa comisión desapareció por decreto presidencial, perdiéndose mucho de lo logrado y sacando al país de un campo de la ciencia y de la tecnología actuales muy competitivo y de gran aplicación en muchas actividades de la sociedad moderna.

El Ejército Mexicano también realizó esfuerzos para contar con cohetes, aunque en su caso fueron de uso táctico. A pesar del secreto inherente a las labores militares, se sabe que construyeron y probaron con éxito cohetes como el Ehecatl con alcance de 3 kilómetros, el Aguilucho que llegaba a 4 y medio, el Águila con seis kilómetros, el Kinich kak Mo con 9, el Cuatli que alcanzó 12 y el Quetzalcóatl que podía viajar 18 kilómetros. También este proyecto fue cancelado.

La Universidad Nacional Autónoma de México creó en 1990 el Programa Universitario de Investigación y Desarrollo Espacial, cuyos integrantes tuvieron listo en 1995 un satélite llamado UNAMSAT1, que al ser puesto en órbita por un cohete ruso, fue destruido por la explosión de éste, sin embargo un año después, fue lanzado con éxito el UNAMSAT B, cuya misión científica fue estudiar la velocidad de impacto de los meteoritos en la alta atmósfera terrestre. Este satélite operó durante un año. El proyecto no continuó, porque ese programa también fue cancelado.

En 2010 fue creada la Agencia Espacial Mexicana, con la finalidad de desarrollar especialistas nacionales, así como tecnologías e infraestructura para consolidar el sector espacial en el país. Se espera que este organismo sea capaz de continuar y superar los logros de nuestros pioneros en Astronáutica, para que México retome el exitoso camino iniciado hace más de 60 años.

 

*Astrofísico e investigador del Instituto de Astronomía, campus Ensenada, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

mam@astro.unam.mx

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