PALABRA

¿Dónde están los poetas?

sábado, 26 de enero de 2019 · 00:00

Por Luis Damián Garibay*

¿Tienen las historias de ficción un impacto en nuestras vidas o son nuestras vidas las que se escurren en ellas y así podemos verlas en su reflejo?

Con la novela Los Detectives Salvajes del escritor chileno Roberto Bolaño, no pude evitar encontrar reflejos de mi propia vida, fragmentos de sucesos no ocurridos o semillas de historias que están por comenzar, alrededor de sus 600 páginas.

Arturo Belano y Ulises Lima son nuestros poetas detectives que vamos conociendo, tras su aura de misterio, a través de toda la obra por medio de más de 50 personajes que dan su testimonio sobre ellos.

En la novela Arturo y Ulises, los héroes salvajes, son fundadores de un movimiento literario de nombre Real Visceralismo. Dicha vanguardia se basa en el movimiento Infrarrealista, el cual fue conducido por el mismo Bolaño (Arturo) y su mejor amigo Mario Santiago Papasquiaro (Ulises) en la década del 70 en la Ciudad de México.

Los jóvenes conocen, por medio de Amadeo Salvatierra (un hombre mayor que vive de las nostalgias de su pasado como artista) a Cesárea Tinajero, una poeta que fundó en la década del 30 el Real Visceralismo y de la cual no se tenía ninguna pista de ella, lo último que se supo es que viajó al estado de Sonora desprendiéndose por completo del movimiento.

Arturo y Ulises inician su búsqueda, partiendo desde Ciudad de México, hasta los desiertos de Sonora, acompañados por Juan García Madero, un adolescente que en su diario narra sus aventuras con el Real Visceralismo, y Lupe, una muchacha que escapa de su proxeneta.

El recorrido es largo y por supuesto no me pondré a contarles toda la historia, pero los viajes que realizan Arturo y Ulises por varios países como Francia, España, Israel, Nicaragua, Austria o al continente Africano, escapando  de sus fantasmas tras su aventura en Sonora, me recuerdan un poco mi amistad con mi mejor amigo, Luis Felipe Ullate, quien actualmente se encuentra estudiando en Francia.

Vivimos en el siglo XXI y no nos escribimos cartas como Arturo y Ulises, que uno lo hace desde España y otro desde Francia, para saber en qué condiciones se encuentra su amigo. Lo que hacemos es charlar por medio de Messenger o video llamadas.

La aventura de la poesía

Hace un par de semanas, mi amigo Felipe se comunicó conmigo por video llamada, allá siendo de madrugada y aquí en Ensenada mediodía, me narraba cómo esperaba en las calles de París a que abrieran la central de trenes para poder regresar a la ciudad donde estudiaba. Hablaba de túneles por donde tuvo que pasar en la oscuridad y el olor a orines del ambiente, la suciedad y tristeza, pues decenas de indigentes franceses y extranjeros ocupaban los rincones por los que tenía que caminar con su equipaje para poder llegar a un lugar iluminado en un París desolado.

Recordé nuestro viaje a las Pirámides de Chichen Itzá o nuestros viajes de autostop a Rosarito o aquel viaje donde por casualidad nos subimos a la camioneta de un policía ebrio y enamorado de una chica que lo acompañaba, con quienes terminamos bebiendo y cantando canciones de Soda Estéreo y Joaquín Sabina  en un bar que se ubicaba en el edificio más alto de la ciudad.

Felipe viajaba. Si no era a Yucatán, o París, Bélgica, Londres, viajaba buscando algo o huyendo de sus fantasmas. Y yo desde acá, con la novela en mis manos, me daba cuenta que mis viajes los hacía principalmente en los libros, buscando algo o huyendo de mis memorias.

Y entonces me venía a la mente Cesárea Tinajero, la poeta desaparecida en Sonora hace más de medio siglo y me brincaba a la mente  Concha Urquiza, la poeta michoacana, que ha sido comparada por su talento con Sor Juana Inés de la Cruz y Rosario Castellanos. Los últimos rastros de Concha Urquiza fueron en la década del 40 en Ensenada, sí, aquí, mi ciudad. Dicen que murió ahogada en los mares de nuestro puerto. Se sospechan diferentes causas: accidente, suicidio o incluso asesinato. Parece un trabajo para los Detectives Salvajes.

¿Y dónde están los Detectives Salvajes?, me pregunto. ¿Dónde están los poetas salvajes de esta generación que parecen dormir en un sueño profundo? No Ulises Lima y Arturo Belano, no, ellos ya hicieron lo suyo, sino Felipe Ullate y Damián Garibay, los poetas de carne y hueso, los detectives que en ninguna parte del mundo podrán esconderse de sí mismos hasta que se arrojen por completo a las aguas profundas y misteriosas de la poesía. De la aventura.

*Sociólogo y escritor.

 

 

 

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