PALABRA

Regreso a la Luna

sábado, 26 de enero de 2019 · 00:00

Por Marco Arturo Moreno Corral*

En días pasados el mundo científico recibió una importante noticia: los chinos habían alunizado con una sonda espacial en el lado de la superficie lunar que no vemos desde la Tierra.

El día 3 de enero la nave Chang’e 4 –nombre de la diosa lunar china- se posó suavemente en suelo lunar, en la región del cráter Von Kármán de 180 kilómetros de diámetro, localizado en el hemisferio sur de la parte oculta de la Luna; llamado así en 1970 por la Unión Astronómica Internacional, para honrar al ingeniero y físico húngaro Theodore Von Kármán, quien destacó en el estudio de la Astronáutica.

Después de la carrera espacial que Estados Unidos y la Unión Soviética tuvieron durante las décadas de 1960 y 1970, la cual llevó a los primeros hombres y máquinas automáticas a explorar la superficie lunar y traer de vuelta a la Tierra muestras del suelo de nuestro satélite natural, el estudio científico de la Luna pasó a un plano menos importante sobre todo por la visión de los políticos, que una vez que alcanzaron los espectaculares logros de esos años, ya no vieron la necesidad de continuar los programas espaciales encaminados a la mejor comprensión de los fenómenos lunares.

Sin embargo, algunos proyectos fueron realizados y se mandaron varias naves a orbitar la Luna. Poco a poco se fueron sumando a ese esfuerzo otros países y la Agencia Espacial Europea, de Japón, India y China, también comenzaron a participar, pero la última misión que exploró la superficie lunar fue el autómata soviético Lunajod 2, que en 1973 se desplazó por ella durante cuatro meses con éxito.

A partir del 2003, algunas de las naves enviadas al terminar su misión primaria, fueron estrelladas intencionalmente contra la superficie de la Luna para obtener información extra, por ello cuando en el 2013 los chinos posaron suavemente a la sonda Chang’e 3 en la Luna y la exploraron con el robot Yutu, que significa Conejo de Jade, comenzó una nueva etapa en el estudio lunar.

La misión Chang’e 4 que es la que ahora está ocurriendo, forma parte del Programa Espacial Chino, que intenta llevar una tripulación humana a la Luna para el ya cercano año de 2025 y es la continuación de los esfuerzos realizados con la Chang’e 3, que alunizó el 14 de diciembre de 2013 con éxito, obteniendo información valiosa que aún sigue siendo estudiada, pero en aquella ocasión, esa nave bajó en el lado visible de nuestro satélite natural.

El siguiente paso del programa diseñado por los científicos chinos fue de mayor complejidad, pues por el sitio mismo que escogieron para el alunizaje, fue necesario contar con una estación retrasmisora que pudiera enlazar a la Chang’e 4 con el centro de control chino, así que el 21 de mayo del año pasado, lanzaron el satélite Queqiao -que literalmente significa Puente de Urracas- el cual serviría para mantener la comunicación con la nave cuando ésta bajara en el lado oculto de la Luna, sin acceso directo a sus sensores desde la Tierra. Esta misión selenita originalmente estuvo formada por un orbitador lunar, un módulo de alunizaje y un vehículo explorador robótico, que recibió el nombre Yutu 2, por ser el segundo de su tipo que los chinos alunizaban. El segundo y el tercero fueron diseñados para realizar diversos experimentos y estudios, algunos de los cuales ya han sido hechos y otros están en proceso.

El módulo analiza el polvo lunar en la región en que alunizó, además del campo eléctrico, y mediante un sismómetro especialmente diseñado, realiza estudios de la estructura interna de la Luna.

Otros equipos a bordo de él, observarán el campo magnético y el comportamiento de partículas ionizadas. También está equipado con un radiotelescopio que hará observaciones astronómicas.

Nuevo salto

Un experimento verdaderamente notable diseñado para realizarse en el módulo cuando ya estuviera sobre la superficie lunar, fue el de estudiar la posibilidad de germinar plantas y eclosionar huevos en un ambiente completamente hostil a la vida.

Con ese objetivo fue construido un contenedor que llevó semillas de patata y algodón, huevos de mosca de la fruta, además de incluir agua, aire, suelo, un sistema de control de temperatura y cámaras para estudiar el desarrollo del experimento.

Una vez que los controladores chinos estuvieron seguros que todo estaba bien tras el alunizaje, trasmitieron los comandos necesarios para que el contenedor iniciara el proceso de regar las semillas y mediante un dispositivo óptico dirigieron luz natural incidente en la superficie lunar sobre ellas.

El objetivo de este experimento fue analizar el comportamiento de seres vivos en condiciones de alta radiación, temperaturas extremas y baja gravedad.

El 15 de enero reportaron que las semillas de algodón germinaron y aunque debido a las condiciones de temperatura, vivieron solamente por ocho días. Ese resultado es todo un éxito, pues apunta en dirección de que es posible la agricultura lunar, por lo que los futuros viajeros a la Luna, podrían obtener plantas cultivándolas allí, lo que facilitará la instalación de bases habitadas por humanos en un futuro ya no tan lejano.

En cuanto al explorador robótico Yutu 2, actualmente deja las huellas de sus seis ruedas metálicas en la superficie lunar. La Agencia Espacial China ha liberado videos que muestran su movimiento a una velocidad de 200 metros por hora, para realizar sus tareas de exploración.

Este desplazamiento pudiera parecernos muy lento, lo es para nuestros estándares de movimiento en la Tierra, pero para situarlo en su correcta perspectiva, hay que tomar en cuenta que es controlado remotamente a través de un satélite retrasmisor y explora una región completamente desconocida que no es visible desde nuestro planeta, así que tecnológicamente es todo un logro.

Por otra parte este pequeño y sofisticado vehículo cuenta con una cámara panorámica y con varios instrumentos científicos que le permitirán estudiar el suelo lunar a poca profundidad debajo de la superficie por donde se desplaza, produciendo por golpeteo ondas sísmicas que puede registrar. Medirá además radiación infrarroja que permitirá analizar la composición química de las sustancias lunares que encuentre en sus cercanías. También está estudiando la interacción del viento solar con la superficie lunar, mientras que la cámara ya está mandando imágenes de alta definición, que seguramente darán información novedosa sobre el suelo por el que se desplaza y los accidentes del terreno alrededores de éste.

Este exitoso regreso a la exploración directa de la superficie lunar vuelve a abrir un amplio conjunto de posibilidades para la ciencia, lo que seguramente hará avanzar lo que sabemos sobre la Luna y su relación con la Tierra.

Además, como pasó en la primera etapa de exploración de nuestro satélite, seguramente los desarrollos tecnológicos que se generen por esta que ahora está comenzando, enriquecerán nuestra vida con el mejoramiento de muchos productos que ahora utilizamos regularmente y la aparición de otros nuevos que ni nos imaginamos.

Por lo pronto en el terreno filosófico habrá que plantearse nuevas reflexiones sobre la vida misma, pues la germinación del algodón en la Luna, es todo un hito en la historia humana. Al citar a Neil Armstrong cuando en julio de 1969 dio el primer paso en la Luna, esta nueva etapa de la exploración lunar, es un nuevo salto para la humanidad.

*Instituto de Astronomía, Campus Ensenada, Universidad Nacional Autónoma de México.

mam@astro.unam.mx

 

 

 

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