PALABRA

Conteo de aves 2018

sábado, 2 de febrero de 2019 · 00:00

Por Antonio Maldonado*

Llegué al abarrotado salón. Había 30 personas, algunas sentadas otras buscando un lugar. Saludé a los conocidos y a los nuevos; me dio gusto ver una comunidad joven y vibrante.

Tras un inicio un poco lento, nos organizamos. Me incorporé al grupo 1 auto denominado “Equipo Alfa”, en apariencia el más numeroso.

No tardamos más de una hora y estaba todo arreglado para el día del conteo, decidimos comenzar un día de diciembre del 2018, el que fue el 119 conteo navideño de aves, y el 115 en la ciudad. Al salir de esa reunión me percaté de la neblina en la ciudad, pensé en que al día siguiente podría estar despejado, de lo contrario sería un día frustrante.

A la mañana siguiente me costó levantarme a la hora acordada, sin embargo, le eché un rápido vistazo al equipo y me dirigí al lugar de inicio. Cruzando calles me sentía cobijado por el característico frío invernal.

“¡Buenos días!”, nos dijimos en coro conforme llegamos. Me di cuenta que había trabajo empezado, gorriones, chipes y palomas estaban ya anotadas en la lista; no pasó mucho tiempo cuando llegó el momento de dar inicio a nuestro viaje.

Había bruma sobre el agua de la presa y el Sol de frente, nos costó distinguir las aves cuando pasaban volando. Empezamos a “disparar” con el lente, miré mi foto del halcón peregrino con tristeza, pues estaba desenfocada y podría pasar por cualquier zenaida: di gracias a los expertos del grupo que de reojo pueden distinguir casi todas las aves.

El día fue transcurriendo con un buen número de especies registradas, tordo sargento, pelícano blanco americano, pradero del oeste, garza blanca, ganadera, dedos dorados y morena, todas aquí. Tambien están los de siempre: zanate mayor, cernícalo americano, pinzón mexicano, paloma doméstica, papamoscas negro y llanero.

Llegamos al final del camino, el barro profundo nos convenció de ello tras un largo debate. De de regreso me separé del grupo, esperé un poco y un jilguerito dominico y una perlita azulgris me regalaron unas excepcionales fotos.

Regresamos al punto de encuentro, a Ernesto, el líder del grupo, lo entrevistaron para la televisión (que por cierto, me sorprende que siga existiendo). Súbitamente mi pierna izquierda me recordó la caída que sufrí la semana pasada. Esa herida de 6 centímetros en la espinilla será un recordatorio para pensar dos veces antes de actuar. Por lo menos pude descansar unos minutos.

Nos quitamos las chamarras gruesas, el frío de la mañana pasó, justo a tiempo para el cambio de ubicación, pero lamentablemente el parque estaba cerrado, tuvimos que conformarnos con montar un puesto de observación desde una colina.

De la distancia trazada, había un tramo que no estuve dispuesto a realizar por el intenso dolor, sabía que iba a ser un día difícil, el recuento de especies que no había visto antes hizo que valiera la pena el esfuerzo.

Cuando regresaron los más aventurados me confirmaron que me perdí de tres Correcaminos Norteños... Por un momento duele más que la pierna. Bajamos la colina y nos adentramos al pequeño bosque, algunas aguilillas a lo lejos nos levantaron el ánimo.

Siguiendo el arroyo vimos unos Gorriones Corona Blanca que espantaron a un Rascador Moteado, ¡Sí es un buen día! Y casi chocamos sin darnos cuenta con el Aguililla Pecho Rojo que seguimos. Más adelante vimos otra Garza Dedos Dorados muy coqueta posando en el techo de una casa.

Descansamos unos momentos cerca de ella, (me hizo muy bien, el dolor cesó un poco). Los burritos de frijol que compartieron nos dieron la excusa perfecta para platicar más sobre todos nosotros, no todo son pájaros en este día, digo yo. Retomamos el camino y llegamos a un club deportivo nos otorgan permiso de entrar, pero no hubo sorpresas.

El día y sus maravillas

El hambre nos avisó de la siguiente parada, con muy buen tino el taquero de la esquina nos dijo“Los últimos del día, güero”. Afortunadamente todos comimos, poco o mucho, pero todos. Después de tres descansos en las ultimas dos horas, el grupo estaba cansado.

Acordamos regresar al primer punto del día, pero del otro lado de la rivera, por lo que nos subimos al transporte público y creo que por las caras de los pasajeros, fuimos un gracioso espectáculo, todos con esas mochilas, con los tripiés y los telescopios, la ropa en colores apagados o de camuflaje, algo desgastada y con la suciedad acumulada a lo largo del camino.

Los sombreros anchos típicos de los pajareros, el calzado lleno de los residuos de la discusión que tuvimos con el barro al final del primer sitio. Fue una de esas veces que hasta tu pareja te manda a bañar.

Cuando faltaban algunos metros para llegar al sitio, descendimos por una montaña de escombros, lo hicimos con mucho cuidado para no quedar tendido en el terreno.

Finalmente estuvimos otra vez a nivel del agua. Precioso momento para descansar y volver a contar miríada la de gaviotas. De pronto Ernesto agitado pidió auxilio, nos tomó un poco por sorpresa, una Gaviota Occidental cayó en la cercanía, enredada desde las patas hasta el pico.

Es increíble, tenía ese cordel por todo el cuerpo, su cabeza estaba retorcida hacia la cola de manera que no pudo volar recta, que digo, ¡no puede volar! Por eso se estrelló. Nos llevó varios minutos quitársela toda, me sorprendió cómo se quiso desquitar con mi dedo cuando traté de ayudarle.

Conforme le cortaron el hilo dejó ver su lengua, casi cercenada. Documentaron el hecho, yo preferí no tomar esas fotos.

Cuando la liberamos duró varios minutos bañándose y tomando agua, la pobre la había pasado muy mal. No sabemos si sobrevivirá, pero de no haber estado ahí, seguro que no la cuenta.

Llegamos al último punto de observación que nos guardó una recompensa: tres Mergos Copetones paseandose, varios Patos Coacoxtle, Patos Monja, Patos Tepalcate, Patos Pico Anillado y “misión cumplida”, sólo faltaba ir a la reunión para entregar los resultados del conteo, que según el filólogo designado que heredó la libreta de anotaciones, teníamos lo menos 60 especies únicas registradas.

El día tuvo preparada una última sorpresa, ya había planificado con tiempo una foto, pero debido a la caída y el subsecuente dolor en la pierna, se me olvidó por completo.

La luna llena estaba programada días más adelante y esa sería la fecha marcada para hacer la foto, no obstante mejor la hice en ese momento aunque no tenía la cámara adecuada, ni el resto del equipo, pero... ni hablar.

La luz que arrojó la tarde fue placentera; las nubes al fondo ofrecieron profundidad a cielo, miré una fila de gaviotas occidentales remontando, me apresuré a medir, encuadrar y… listo, nos fuimos a casa, tenemos excelente registro de todo el recorrido, y yo una muy buena foto de despedida.

*Ingeniero y fotógrafo.

 

 

 

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