Por la razón o por la fuerza

Canserbero: el único poeta latinoamericano que importa

Por Juan Alberto Montes*
sábado, 09 de marzo de 2019 · 00:00

En la vida contemporánea, un poeta de biblioteca es el menor nivel en la escala de los artistas.

Los poetas en el siglo 21 generalmente son escritores que no les alcanzan las aptitudes para hacer una novela, guion, cuento o canción.

Escribir poesía no tiene ningún mérito artístico si no se utiliza como elemento fundamental de un producto multidisciplinario como la música o la narrativa audiovisual (películas o series).

Ser poeta becado en México es la forma más fácil de vivir inmoralmente del erario público, algo que tienen en común con los políticos (la demagogia a veces es poesía).

En música -que es el tema de este espacio- no te puedes decir poeta si no eres capaz de hacer una obra exuberante, compleja e intrincada como la de Tirone José González Orama (mejor conocido como Canserbero, su nombre de rapero).

 

Conciencia filosa y memoria cínica

El venezolano no sólo tiene más dominio del castellano que cualquier poeta libresco nacido después de 1988 en Latinoamérica, sino que, además, es un compositor de música brillante, barroca en contenido y forma.

Canserbero juega en dos ligas: escritor y performer, y en las dos brilla. Tiene uno de los flows más originales de la historia del rap en español.

Generalmente la escena tiene raperos efectivos en flow y producción, pero escuálidos en líricas; o bien, buenos en líricas pero de flujo verbal limitado y tesitura promedio de voz.

Son pocas las ocasiones en que ocurre que un artista del género cumple con un equilibro entre estos elementos y Canserbero es un ejemplo superlativo.

Se le agradece además que no cae en el cliché del que padecemos en la escena hip hop en español: fingir ser negro, gringo, rico, gánster y padrote.

(Este defecto lo tienen incluso exponentes ejemplares del rap mexicano, como el caso de Erick Alemán, quien cuando empieza a hablar en entrevistas dice “yie yie yieee”).

 

Los miedos se van en el momento que pierdes la vida

Si partiéramos del supuesto de que el rap de calle debe hablar sobre las miserias de la vida en los barrios, entonces tenemos más material que nuestros vecinos para crear líricas deprimentes y rudas porque nuestras colonias, pueblos y ejidos latinoamericanos hacen ver a los suburbios gringos como Mónaco o Luxemburgo.

Sin embargo, en nuestra escena omiten este recurso abrumador de drama social 100 por ciento real para decantarse por narrar como le dan nalgadas a una morrita con un fajo de billetes espolvoreados con perico.

En fin, González Orama sólo tiene un defecto y es que está muerto. El 11 de marzo cumpliría 31 años.

Murió en el 2015, pero como detesto los lugares comunes, no trataré el tema de su fallecimiento (si te inclinas por el morbo, estás de suerte porque hay muchas notas y videos que abordan el tema en internet).

Su discografía oficial son dos álbumes Vida (2010) y Muerte (2012), sin embargo, tiene una copiosa cantidad de obra dividida en mixtapes y colaboraciones.

 

No puedes maldecirme porque yo ya estoy maldito

¿De qué habla Canserbero? Sobre la calle, la miseria y la violencia, temas recurrentes en el rap, pero su diferencia principal es el enfoque con que lo hace: una visión terrenal (busca: “Llovía”); y una perspectiva cósmica (encuentra: “Es Épico”).

Sus canciones son una profuso ejercicio de arte complejo fundamentado en poesía con una función social inminente que hace palidecer a cualquiera que quiere publicar sus textos que hablan sobre como rompieron con su parejas.

Para ser un poeta relevante en 2019, tienes que:

1. Crear obras multidisciplinarias.

b) Ser económicamente autónomo.

* Oír a Canserbero y reconsiderar si puedes hacer algo igual de contundente.

De lo contrario, te dejo un link que te puede interesar: https://occ.com.mx.

 

*El autor es experto en G. W. F. Hegel.

Instagram: no_funeral_

 

 

 

Comentarios