POEMAS

Ciudad bastarda

POR Por Galimatías*
sábado, 09 de marzo de 2019 · 00:00

nsenada es una ciudad bastarda que

cada noche se viste de gala

para disimular que es golpeada.

 

Secuestrada la bella ciudad

por un grupo de vampiros narcisistas

que le han arrancado el corazón,

a la bella cenicienta la obligan a

ocultar su imperfección.

 

“No hay otra solución, hay que cortar

las cabezas de tanto marrano,

quitar el problema de raíz”, piensan

los hartos de ver

tanto desastre y miseria acumulada

en las calles afuera de su casa,

las mismas calles donde miles de historias

se atraviesan, conectan y repelen.

 

Diciembre 2018.

La semana inició con la Reforma bloqueada,

inundada por un grita unificado: “¡Kiko, ratero,

¿dónde está el dinero?!”.

 

Con el paso de los días la inconformidad

se extendió entre miles de indignados,

todos víctimas de un sistema corrupto

dirigido por demonios cuyos castillos

los sostienen

ciudadanos agachados.

 

Un salto y aterrizo en el vicio.

Desde la dimensión de las máquinas tragamonedas

una piel jubilada le entrega su vida

a la ruleta de la nada,

mientras una diosa semi-desnuda

reparte caramelos navideños y enciende fogatas

en las miradas de los hombres casados.

 

Kilómetros a la distancia, en la meca del dinero,

un Museo del Vino imita la tendencia ciudadana

de aparentar más que ser,

albergando una jauría de maquillajes rapacez

con sonrisas más falsas que las declaraciones fiscales

de los dueños de los viñedos.

 

¡Flash! Dispara la cámara

y el momento retratado se evapora;

una vez que se tiene el recuerdo,

la euforia y la alegría resultan de sobra.

 

Detrás de las luces de graduación

una mujer observa complacida:

ha conseguido nuevamente una

“noche única y especial”

para otra generación más

de siervos desempleados.

 

Son las doce de la noche

y la pista de baile destella en el bajío.

Uno tras otro se llenan los vasos de cerveza

en un lugar cuyo nombre se contradice:

es la Política Alegre, visitada por jóvenes que danzan

entregados al ritmo de la cumbia

bajo la única certeza de que no hay mañana

y que sólo esta noche

vivirán para siempre.

 

En otro sótano urbano

algunos inadaptados despiertan del letargo

por la fuerza del relámpago que arrojan

una serie de cuerdas eléctricas.

Desde los rincones callejeros más recónditos

emergen gritos que desafían

el silencio adictivo para toda una generación,

¡es el punk, es el rock!

¡es la música de la Ensenada nocturna!

 

Canciones que nos recuerdan

que el país es una fosa,

que tu exnovia es una zorra,

que el tiempo se te agota,

que los pecados también son santos,

que el capitalismo nos sigue robando.

 

La última parada, el último blues,

es la ventana hacia el caos

engendrado frente al mar,

un retrato de almas fugaces

y pasadizos de asfalto que albergan

todo drama, trabajo, reclamo, emoción, deseo, locura,

maldición, grito y máscara

de segundos ahogados a la orilla de la playa:

una ciudad que flota a la deriva y hacia quién sabe dónde,

caminando con el Sol

que se esconde cuando la identidad

se la lleva la marea.

 

*Poeta.

 

La tempestad

Por Liz Durand Goytia*

 

Llueve esta agua única que todavía no nos conoce,

extrañas gotas hacen pespuntes en el tejado

y no han caído sobre nuestras cabezas,

no han llenado las copas que tomamos.

Un remolino mojado me azota las ventanas,

decapita las velas, lanza su líquido ronquido

sobre mis almohadones.

 

Me levanta cada vez más la voz la lluvia necia,

me asusta hasta los huesos, me hace sentir mas huérfana.

En dónde está tu pecho del que brota consuelo,

dónde tu voz que diga los conjuros

contra los maleficios del agua enfurecida.

Van naciendo los ríos que brotan de los ojos

de aquellas que no han podido ser

más nubes, más alas ni manzanas,

aquellas que se duermen en los patios

de la feroz desesperanza.

 

Aquí tengo mi voz casi hecha grito

ciega ente la corriente que no cede,

que martilla neumática la casa.

Densas paredes de agua me contienen

en la noche que es pozo sin estrellas.

Resienten humedad los huesos que te extrañan

paralizados por la espuma del frío,

por el azote de esta lluvia diferente

que todavía no toca tu cabeza cobijando la mía

porque aún no nacemos para el mundo,

no hemos firmado el pacto para que todos sepan

que es la sangre lo que nos tiene juntos,

la sangre que a diferencia de la lluvia

no corre por las calles,

se queda contenida en nuestras venas,

nos canta con un ritmo que nadie más entiende

pone la sal en nuestras citas escondidas:

aventuras que sacamos de un baúl

lleno de fotos imposibles,

de voces que nunca se atrevieron,

de besos que sólo fueron sueños.

 

Sueños que fueron medicina y palio,

pálidos sueños que gastó otra lluvia,

una que estuvo en los pasados tiempos

cundo ni tú ni yo teníamos luz

y nuestras sangres no cantaban en las venas.

Venas que como ríos nos empujan al mar

donde la espuma teje algunas noches,

donde la luna debate con las aguas

que son saladas también, como la sangre.

 

Vuelvo a encender las velas para mirar la lluvia.

El corazón encogido como un durazno seco

se duele de sus huecos, de tu ausencia,

de esa falta de pecho en donde guarecerse.

 

Sigue la lluvia afuera,

sobre todas las calles que no nos acercan,

sobre todas las casas donde no estamos juntos.

Sigue la tempestad que me inunda los ojos

y no tengo tu boca que me beba

y no tengo tu mano que me alivie.

Sólo tengo mi voz a un lado de mi cama.

Sobre mis almohadones,

el líquido tronido de la lluvia

va anegando esta falta de sueño,

esta difícil manera de pasar la noche

dejada de tu mano.

 

*Poeta.

 

 

 

 

 

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