PALABRA

El vidrio y la cerámica

Por José Carrillo Cedillo
sábado, 09 de marzo de 2019 · 00:00

La palabra cerámica procede del griego keramike, que significa barro de alfareros. Hoy en día se considera como producto cerámico cualquier objeto modelado a partir de una mezcla de arcilla húmeda agregando otros materiales en algunos casos, secado y cocido en un horno.

De esta forma se puede afirmar que, a pesar de sus diferencias físicas, los toscos ladrillos, las delicadas lozas y las valiosas porcelanas tienen, desde el punto de vista de su fabricación, una acentuada semejanza.

Durante varios siglos, la especialidad predominante de la alfarería fue la fabricación de adobes, usados ya por los pueblos babilónicos para la construcción de sus templos y palacios. El hecho bien conocido de que un objeto produce en la arcilla blanda una huella fiel, que se puede estabilizar por desecación, fue aprovechado por estas antiguas civilizaciones, que usaban tablillas de arcilla para grabar en ellas dibujos e inscripciones.

Las primeras vasijas y cuencos de barro, endurecidas mediante secado al Sol, presentaban el inconveniente de que se reblandecían cuando se llenaban de agua, sin embargo, se descubrió que esta dificultad se evitaba sometiendo las piezas tras el secado, a cochura en un horno a la temperatura adecuada. Esta nueva técnica supuso la culminación de la industria alfarera; por primera vez fue posible la elaboración de objetos de barro, mucho más duraderos.

Cuando la arcilla se endurece a temperatura elevada las finas partículas de la pasta comienzan por desecarse; después sufren cambios estructurales, ya que algunos de sus componentes llegan a fundirse, en especial la mica y el feldespato.

Al enfriarse, los silicatos de la arcilla se vitrifican, esto es, toman la apariencia de vidrio y con ello actúan como aglomerante para cementar entre sí las partículas no fundidas en la cochura, de forma que la arcilla se vuelve dura y fuerte y desde luego no se reblandece con el agua.

Las piezas más primitivas de cerámica fueron confeccionadas en loza de arcilla, modelando la pasta y cociendo los objetos a unos 800 grados centígrados.  Dado que la arcilla usada para esta finalidad contiene un porcentaje bajo de material vitrificable se produce muy poca recristalización, a diferencia de otras variedades de cerámica, tiende a ser muy poderosa.

Para conseguir que las piezas sean impermeables, se las recubre con mezcla de sustancias que funden fácilmente durante la cochura formado un vidrio continuo que obtura los poros superficiales.  Uno de los más antiguos agentes del vidriado, que aún se emplea es la sal común; se arroja a la llama del horno al final de la cocción con lo que se evapora y reacciona con la capa de arcilla superficial de las piezas, formándose silicato sódico a lumínico, cuyo punto de fusión es relativamente bajo.

 

Ladrillos y tejas

La arcilla utilizada para la fabricación de ladrillos y otros artículos empleados en la construcción de viviendas ha de desecarse en condiciones adecuadas a fin de prevenir los escapes bruscos de vapor durante la cochura, que en muchos casos dan lugar a contracción y agrietamiento.

Contiene hierro en proporciones apreciables, por lo que el color de las piezas cocidas varía desde el rojo intenso, si la atmósfera del horno tiene oxígeno suficiente o al azulado si era pobre en este gas, pudiéndose conseguir en condiciones especiales, una apariencia jaspeada.

Los productos cerámicos que resisten sin fundirse, temperaturas superiores a los mil grados centígrados, reciben el nombre de refractarios.

Un ejemplo inmediato muy conocido son los ladrillos especiales empleados para la construcción de los hornos. Algunos de estos materiales deben resistir además a la corrosión de algunos agentes químicos, por lo que se fabrican con base de arenas y arcillas con alto contenido de sílice, mezcladas con cal que actúa como medio aglutinante.

La cochura a unos mil 400 grados centígrados, transforma la estructura cristalina de la sílice en otra variedad que permanece estable incluso a temperaturas elevadas.

Muchas piezas de las naves interplanetarias son una muestra de estos avances técnicos. En ciertos casos especiales se emplea en la fabricación de refractarios el mineral llamado dolomita, carbonato doble de magnesio y calcio. Estas condiciones especiales las deben a la alúmina que contienen en gran proporción.

 

La porcelana

La porcelana, es la cerámica más noble empleada en la fabricación de aisladores eléctricos, jarrones y las vajillas para la mesa, se preparan a partir de caolín, mineral blanco y muy plástico formado por silicato a lumínico hidratado, casi puro, que procede de la disgregación de los feldespatos. La pasta para su preparación se forma mezclando caolín, cuarzo, feldespato y alguna arcilla plástica que es análoga al caolín pero de grano más fino y además contiene cuarzo y mica.

La porcelana es un hallazgo 100 por ciento chino y se fabricó por primera en el año 200 a C. La palabra caolín significa “cerro alto”. Los chinos descubrieron también que la adición de feldespato a la paste de caolín permite la cochura a temperatura relativamente baja. Durante siglos conservaron el monopolio de la porcelana porque lograron mantener en secreto el método de su fabricación y de los ingredientes de la pasta.

Los ceramistas europeos intentaron durante muchos años igualar los productos chinos fracasando hasta que un inglés trajo caolín, que es el secreto tan celosamente guardado.

 

Cerámica artística

Algunos artistas en el siglo XIX, descubrieron la cerámica como material que engrosaba y enriquecía el lenguaje plástico tradicional y fueron invadiendo los talleres de los ceramistas de loza y empezaron a hacer escultura cerámica que poco a poco fue creciendo en altura, calidad y técnica propia de la cerámica.

jcarrillocedillo@hotmail.com

 

 

 

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