Poemas

sábado, 6 de abril de 2019 · 06:46

Por Liz Durand Goytia*

 

Flor abierta

 

¿Me pides tregua, cuando no puedo más?

Si recupero la calma será cuando te tenga:

te has metido en mi pulso, en mi cabeza,

ya no saben andar solos mis pasos

ni mis manos se entibian en tu ausencia.

 

Tenme piedad porque vivir no puedo

si no bebo del agua de tus ojos,

si dejara tu pecho de ser ala

para el latido venturoso de mi vuelo.

 

No sé si fue una vida lo que tuve

antes de que llegaran tus palabras,

antes de que me convirtieras

en gacela, en agua, en poema.

 

Dame un poco de paz, que así no vivo.

Deja que te respire hasta la médula.

Pon algo de sosiego en este espíritu

de cierva temblorosa y flor abierta.

 

Yo te digo del beso

 

                                   para mi hechicero

 

 

Yo te digo del beso

que te vuelve hechicero,

que tu mágica lengua

me ha dejado sin aire, sin espacio,

sin voluntad ni aliento

y me tiene rendida

como gacela que come de tu boca.

 

Toda la miel y el tiempo

se dilatan en tu beso,

se entretiene despacio entre mis comisuras,

me afruta los sentidos,

me dispara las ganas

y yo me sigo dando con tu magia,

dejo salir mi pez hacia tu océano

dejo que cruce tus olas y tus islas,

que repose en tu orilla,

que alborote en las cimas...

 

Yo te digo del beso

que su cadencia vuelve ríos a mis venas,

me despeña en cascadas,

me columpia en las nubes.

Su secreto calor me dice cosas

que sólo yo comprendo.

 

Y te digo del beso

que no hay más grande hechizo

que no me importa saber que has embrujado

a una mujer que estaba rota

porque me diste aliento,

el más dulce,

más fuerte,

más eterno.

 

 

*Poeta y promotora cultural.

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