En Valle de los Cirios

El arte rupestre de Montevideo

Las antigüas pinturas en este lugar son de gran belleza y representan uno de los testimonios de arte más antiguos de la península de Baja California
domingo, 10 de abril de 2011 · 00:00

 

Ensenada, B.C. - No lejos de Bahía de los Ángeles, a unos 500 kilómetros al Sur de Ensenada, se encuentra un sitio maravilloso, me refiero al Valle de Montevideo, el que además de mostrar una naturaleza increíble, resguarda una serie de pinturas rupestres únicas en nuestro estado.

El Valle de Montevideo es parte del gran área natural protegida del Valle de los Cirios, comparte esa belleza y biodiversidad que se manifiesta en las numerosas especies de flora y fauna. En cuanto a la flora desde luego destaca el cirio, uno de los vegetales más emblemáticos de Baja California. 

También hay grandes cardones, garambullo, choyas, torotes, agaves, nopales, palo verde, palo Adán, entre lo más destacado. Entre la fauna sobresale el puma, venado, coyote, así como otras especies menores, antiguamente había berrendo, el que próximamente será reintroducido.

Las pinturas rupestres que contiene son de gran belleza, y representan uno de los testimonios de arte más antiguos de la península de Baja California. Mucho colorido y gran variedad formas, la mayoría abstractas, son las pinturas de esta parte. 

Sin embargo existen algunas pinturas con diseños antropomorfos, que recuerdan al famoso estilo “Gran Mural”, famoso en la Sierra de San Francisco, Baja California Sur, pero que aquí en nuestra tierra también tiene buenos ejemplos. De hecho al parecer Montevideo marca uno de los sitios más norteños de este peculiar estilo.

Las pinturas se encuentran sobre un frente rocoso de piedras volcánicas, en una de las orillas del arroyo de Montevideo. Muchas veces las he visitado y siempre acampo muy cerca de ellas, precisamente porque dicho frente protege del viento, y las pinturas, con sus antiguas representaciones mágicas, protegen de los malos espíritus.

Como lo decía, la mayoría de los pinturas son pequeñas y tienen temas abstractos: cilindros, figuras geométricas, rayos, cuadros, estriaciones, etc. 

Los colores son blanco, amarillo, naranja, café, negro, rojo, verde y otros que no se distinguen. En las imágenes antropomórficas destaca una figura humana que parece estar flechada. Se distingue que el cuerpo está, o estuvo, dividido por dos colores, algo muy característico del estilo “Gran Mural”.

 

Prevalece el misterio

Acampar en este sitio es una buena experiencia, extaciarse con la visión de las pinturas, y enseguida continuar con el paisaje, los cirios, los cardones, el desierto. 

Hacer una fogata es algo ciertamente especial, siempre me hace evocar el tiempo de los antiguos indígenas y todos lo preparativos para encender el fuego me parecen como un antiguo ritual, el cual iniciaron los autores de estas pinturas. 

En la noche, la luz de la fogata proyecta sombras danzantes sobre la pared del arte, es como si revivieran los espíritus de los antiguos, como si volvieran para decirnos que el sitio no está abandonado, que sus espíritus ahí siguen, habitando este espacio milenario.

Cuando los primeros misioneros llegaron a esta región, hacia mediados del siglo XVIII, se encontraron con los grupos cochimí, los descendientes de los autores de las pinturas. Eran grupos con una cultura muy primitiva, la cual no parecía corresponder con el nivel que alcanzaron los pintores. 

¿Quienes fueron estos pintores? Sigue siendo un misterio. Su antigüedad también y es algo que sigue a discusión.

Son muy antiguas se sabe. Algunos estudios han sugerido unos dos mil o tres mil años, pero hay otros, basados en metodos de datación radioctiva que sugieren antiguedades de hasta cinco mil años. Con precisión no se sabe y en esto aun falta mucho para decir la última palabra.

No lejos de Montevideo se encuentra la misión de San Francisco de Borja, fundada en 1762 por el misionero jesuita Wenceslao Linck, natural de la región de Bohemia, República Checa. 

Posiblemente haya sido este misionero el primero en registrar estas pinturas, ya que Linck fue un notable explorador y los indios cochimí sus grandes guías y amigos. También es posible que antes que Linck haya sido el padre Fernando Consag, misionero jesuita croata, quien haya sido el primero en conocerlas, ya que exploró extensamente la región. Este misionero fue quien bautizó a Bahía de los Ángeles con este nombre.

 

Patrimonio bien conservado

Por suerte no es tan fácil llegar a Montevideo. No sólo se requiere doble tracción, sino además tener buen conocimiento del terreno, ya que es fácil perderse. Gracias a eso, los grafiteros no se han presentado en este sitio, y los pocos visitantes que han venido respetan y aman el lugar con sus pinturas y naturaleza. Que bueno. 

Ya sabemos que la conservación de un sitio, muchas veces está en relación inversa a su acceso. Entre más fácil es llegar al sitio, más vandalizado estará y por lo contrario, entre más difícil sea llegar, mejor conservado se encontrará.

Como lo decía, visito con cierta frecuencia este sitio, y lo hago como un tributo a quienes nos antecedieron. Reflexiono sobre cómo ellos lograron adaptarse y salir adelante en un medio tan difícil, y en un tiempo hostil en que era muy fácil morir. Estos seres humanos nos dejaron el testimonio de su presencia en esas piedras, en esas pinturas que reflejan sus temores, sus miedos, pero también sus alegrías y sus esperanzas. 

Veo como seguimos siendo igual a ellos, frágiles e inseguros, y me doy cuenta de que cuando tomo fotografías de un sitio, esperando que este se conserve y no sea destruído, hago lo mismo que ellos hace miles de años, ya que en sus pinturas plasmaban su mundo y le pedían a la divinidad que se los conservara, ya que de ahí dependía su sustento.

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