Vida

Un historiador con alas

lunes, 11 de enero de 2021 · 00:49

AGENCIA REFORMA
Ciudad de México

La relación de los mexicanos con su legado indígena debe basarse en el conocimiento, más que en la idealización o la negación, considera el historiador Alfredo López Austin, Premio Nacional de Artes y Literatura 2020 en el campo de las Ciencias Sociales y la Filosofía.

“Emotivamente nos cargamos a uno u otro lado, pero no es cuestión de emociones, sino conocer nuestro pasado para conocer nuestro presente y para poder proyectar nuestro futuro. No es una cuestión simplemente de gusto o disgusto. Es una cuestión de saber para poder vivir mejor”, dice en entrevista el investigador emérito de la UNAM, originario de Ciudad Juárez, Chihuahua, donde nació en 1936.

El empeño de López Austin por conocer los mundos prehispánico e indígena es anterior a su formación como historiador. Como estudiante de la Licenciatura de Derecho, que antecedió a la de Historia, dedicó su tesis de grado a este tema: La constitución real de México-Tenochtitlan.

Para el autor de Los mitos del tlacuache, Caminos de la mitología mesoamericana, mudar de disciplina implicó también cambiar de residencia.

Porque López Austin era un prestigioso abogado en Chihuahua que ganaba 15 mil pesos que decidió abandonar su profesión para trabajar en la Ciudad de México, invitado por el historiador Miguel León Portilla. Obtendría 3 mil pesos en dos trabajos y estudiaría Historia, carrera que cursó de 1965 a 1968 en la Facultad de Filosofía de la UNAM.

“Él pensó que yo diría que no, porque estábamos tan a gusto allá”, ha contado su esposa Martha Luján. “Pero le dije: ‘¡Vámonos!, y nunca nos hemos arrepentido” (REFORMA 05/09/2013).

LOS RELATOS SEMILLA
Desde muy joven, López Austin desarrolló una diversidad de tareas -carpintería o fontanería, y hasta arreaba ganado-, aconsejado por su padre, quien le recomendó conocer varios oficios. Incluso en el negocio de éste, fabricante embutidos, solía barrer, atender la caja o conseguir los materiales necesarios.

Su abuelo materno le contaba la historia de la Conquista y también escuchaba relatos de la mujer tarahumara que le cuidaba.

Luego, en la escuela, descubrió otras narraciones, contenidas en libros de religión y mitología, materias que le cautivaron, y siguen haciéndolo.

“Es un enorme gusto seguirme dedicando a esto”, señala el ensayista que ha reflexionado sobre los mitos, cuya parte estructural, nodal, se conserva, mientras sus personajes y sus aventuras varían.

“De la tradición de lo que fuimos existe mucho. La tradición es algo que cambia cotidianamente, y de esto existe mucho en nuestro comportamiento cotidiano. Las comunidades indígenas guardan una proporción mucho mayor de tradición nuestra, pero en general todos tenemos una: pertenecemos a una corriente histórica que debe mucho al antiguo mundo indígena”, explica el también autor de La educación de los antiguos nahuas.

SAHAGÚN INAGOTABLE
López Austin siempre vuelve a la obra de fray Bernardino de Sahagún (1499-1590), cuyo punto de partida fue un cuestionario que preparó para los indígenas. Las respuestas de éstos, recogidas en náhuatl por pueblos originarios, forman el material básico de la posteriormente conocida como Historia general de las cosas de Nueva España, título que remite a la versión en español, colocada en la columna izquierda del Códice Florentino; la derecha se lee en náhuatl.

Su grado como licenciado en Historia lo obtuvo en 1969 con la tesis titulada Estudio acerca del método de investigación de fray Bernardino de Sahagún, Los cuestionarios, con mención honorífica.

“Aunque son indígenas de la época colonial, con influencias muy marcadas de los evangelizadores, es lo más apegado que tenemos a la antigua vida”, explica sobre su dedicación a la obra.

“En segundo lugar, es un proyecto enciclopédico, en el sentido de que nos habla de muchísimos aspectos de la vida humana. Es una obra sumamente rica. Puede uno consultar tanto en la lengua original -de los informantes- como la versión al español, obviamente bajo la influencia de fray Bernardino de Sahagún, pero el valor grande que tiene la obra es que uno va directamente al discurso indígena en lengua náhuatl.

“Los que nos hemos dedicado al estudio de la obra sahaguntina, que somos muchos, imagínese las veces que la hemos leído, sobre todo los viejos. Y puedo afirmarle que cada vez que se lee se descubren nuevas cosas. Si esto lo hacen los jóvenes, que tienen nuevos cuestionamientos, nuevas preocupaciones y se enfrentan a los mismos textos, pero con otro tipo de miradas, se enriquece entonces mucho la investigación”, añade el investigador, quien ahora, ante la pandemia de Covid-19, imparte clases en plataformas digitales.

El Premio Nacional de Artes y Literatura lo recibe, dice, como un reconocimiento para la historia: “Lo recibí con mucho gusto gremial”.
 

 

 

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