LO QUE TE CUENTA LA DAMA

Empacho post fiesta

Por: Johana Ochoa jochoa@elvigia.net
sábado, 4 de diciembre de 2021 · 00:00

Bueno y como lo había predicho, me enfiesté y me enfermé... ahora estoy con tratamiento para aliviar el gran dolor que me ocasionó tanta comida irritante.

¿Cómo pasó esto? Pues el día de mi cumpleaños fui festejada a la salida de mi trabajo con un rico pastel, súper consentida. Por cierto, cosas de mamá, al recibir a mi hijo de guardería venía con una gran gripa, que tuve que llevármelo al doctor enseguida; y así festejando en el doctor un rato, de forma amable me dijo “Feliz Cumpleaños” (nos conocemos por redes sociales).

Inicié con el grupo de amigas de mi ex trabajo, pizza hawaiana y mexicana, papitas, cerveza, nachos, todo en un ambiente muy padre en la sala de mi casa. Al otro día mi cabeza daba vueltas. Sí, en efecto tomé mis refrescantes cervezas y andaba en modo zombie, y atender niños así es algo que toda mamá sabe de lo más terrorífico, si una apenas puede medio pensar, ahora imagínense atender a pequeños seres humanos que habitan en su casa.

Para ser más bonito ese día me tocaba cerrar un curso de periodismo digital en línea y yo parecía indigente, y encima tenía que hacer tareas de otro diplomado. Creerán que reviví a las 7 de la tarde, hasta esa hora comí y me sentí mejor; por cierto, ya había tomado ibuprofeno y alkasetzer.

Al otro día como pude me puse muy guapa, empoderada, de sombrero y bota, y vámonos al valle. Pero resulta que dejé las llaves de la reja adentro del carro, y éste lo estacionamos afuera. ¿Y ahora cómo me voy al valle? Pues como pude me brinqué una barda, mis amigas tomaron fotos de lo que parecía mi huida de casa. Y pues a festejar con mis amigas de la secundaria en el valle, pedí la especialidad del lugar: chamorro al horno en salsa de chile morita, les juro que pensé que no me lo iba a acabar, pero ya con ocho tortillas, y tres cafés después, lo logré.

Siguiendo esta historia, llegando del valle me fui a una piñata, y va pa’dentro hamburguesa, botanas, refrescos, quequitos, etcétera. Hasta aquí todo bien, pero como les dije esto dura una semana, para el otro viernes cenamos sushi con marlin encima, champiñones rellenos y vino. Al otro día como andaba en finales del diplomado de Guadalajara, desde las 6 de la mañana andaba estudiando y me tomé una jarra de café, y comí una sopita aguda hasta la tarde como a las 5 (así es, andaba sin comer); y cerré con un platote de coctel de camarón, solo les diré que era medio kilo y nos los comimos entre dos.

El día siguiente, que tengo catalogado como el que me tenían amarrada, fue que llegué a casa de mi hermana, como buenas sinaloenses, a seguir festejando. Y véngache tres platos de menudo blanco con su respectiva pata, cuatro cafés cargados, dos vasos de coca-cola; para desayunar, estaba tan a gusto que no medí todo lo que comía... ah, y pastel de bubulubu.

Pero cuatro horas después llegaron las pizzas y cervezas, me tomé unas cuatro medias y dos rebanadas de pizza. Hasta ahí me sentí llena. A la noche me dio el mal del puerco y me dormí un rato, a las dos horas empece a regresar el estomago, y de ahí toda la noche.

Yo les juro que estaba bien asustada, me dolía mucho, sentí que salió hasta el pozole de las fiestas patrias. Juro que quería irme a urgencias médicas. Al amanecer llegué con mi doctor de confianza del Simi, y lo primero que me dio fue una inyección para parar el vomito, muchas medicinas, y con todo y consulta fueron 495 peluchólares.

Y ahora aquí sin café, sin grasas, sin picantes por 14 días, ah pero lo bailada nadie me lo quita.

¿Tú también has tenidos estos días cuando comes como si se fuera a acabar el mundo?

Nos leemos pronto.

¡Besos con labios rojos!



 

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