martes, 24 de abril de 2018
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ECONOMÍA Y POLÍTICA

¿Doctor, curandero, brujo... o algo peor?

Por Rolando Daniels Pinto

 La política económica no tiene recetas o fórmulas infalibles, pero sí fundamentos básicos y es por ello es que no debe dejarse a cargo de metafísicos. Arcángel Rojo


En su libro “Economía liberal, para NO economistas y NO liberales”, Xavier Sala i Martín señala que los economistas no están capacitados para predecir las crisis y mucho menos para adivinar el futuro, porque esas artes, a diferencia de los poderes “de brujos, magos y toda una constelación de iluminados capaces de conectar con el más allá, no están para nada al alcance de los economistas normales”.

En cambio, Xavier Sala equipara la profesión del economista con la del médico, porque su trabajo “no consiste en adivinar cuándo llegará la próxima crisis, sino diagnosticarla cuando llegue y proporcionar las políticas que las hagan menos dolorosas y lo más corta posible”. De otra forma, la función del economista es “curar las economías que están enfermas y mantener sanas a las que funcionan bien”.

Bajo esta perspectiva, bien pudieran clasificarse -en el ámbito económico- a los dos candidatos prácticamente ya definidos a la Presidencia de la República. Del Dr. José Antonio Meade Kuribreña, puede decirse que es un especialista prestigiado, con amplios conocimientos y experiencia para diagnosticar y recetar correctamente la solución a los grandes males de la economía mexicana.

En cambio el Lic. Andrés Manuel López Obrador -comparado con el Dr. Meade- ni siquiera pudiera catalogársele como médico práctico o doctor Simi, a lo mucho llegaría a “curandero de la selva”, pero sin el conocimiento suficiente de la herbolaria aplicable para mejorar la salud de la economía mexicana; lo más peligroso es que Andrés Manuel sigue confundiendo la alquimia con la química.

Es innegable, la ventaja del curandero de la selva radica en la fe de sus fanáticos, quienes ciegamente creen en sus inverosímiles recetas, en virtud de estar ávidos de curar su pobreza, ya que algunos colegas del Dr. Meade han recetado a la economía como auténticos médicos, sí, pero veterinarios.

De entrada, el dilema es elegir entre el doctor especialista quien garantiza la salud macroeconómica del país, o a un curandero esotérico y -por definición- sofista, con quien se corren los riesgos de volver a los males de conocidas recetas ineficaces que golpearán la salud de la macro y la microeconomía.

Y ese es el reto, la asignatura pendiente de la política económica del gobierno mexicano, cómo lograr el bienestar de las familias sin desestabilizar los fundamentos macroeconómicos; se trata de mejorar el funcionamiento del mercado interno por medio de ingresos dignos y suficientes para toda la gente.

Más allá de la receta ortodoxa de que sólo con base en un incremento en la productividad debe mejorar el ingreso de los trabajadores, es necesario revertir la tendencia negativa tanto del poder adquisitivo como de la proporción de trabajadores que percibe ingresos superiores a los tres salarios mínimos.

El discurso de la estabilidad macroeconomía es una letanía que mucha gente no entiende y la mayoría de quienes lo comprenden tampoco están plenamente satisfechos con sus resultados, ya sea porque sus ingresos se han depauperado o porque perciben riesgos sociales por una microeconomía debilitada.

Lo único cierto, es que el curandero de la selva se sabe neófito en economía, sobre todo comparado con su principal opositor, el doctor especialista en la materia, tanto así que su reacción ante su eventual postulación es visceral, orientada a la descalificación y al insulto, procurando desviar la atención de sus deficiencias; y eso que aún falta que salten a escena otros candidatos que también lo cuestionarán.

Por cierto, es ocioso referirse a las demás opciones, porque las señaladas son realmente las existentes, aunque Ricardo Anaya, el más cercano a postularse aliado o no con Movimiento Ciudadano y el PRD, ha demostrado ser un aprendiz de brujo; si, de esos que desatan demonios que después no pueden controlar. ¿Qué preferirá el votante, un doctor, un curandero, un aprendiz de brujo o algo peor? ¡Órale!

rdanielspinto@hotmail.com
 

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