viernes, 23 de febrero de 2018
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Reúne “breverías” de letras oníricas

De aquel encuentro surgió Vertebral, el más reciente libro de Jorge Fernández Granados, que originalmente titularía: Diálogo con alguien en un sueño, pues éste detonó la obra publicada por Almadía

Yanireth Israde

Agencia Reforma

En el principio fue un sueño, uno misterioso, cuenta el escritor Jorge Fernández Granados: extraviado en un bosque, de noche, encontró el camino. Alguien le guió; jamás pudo mirar su rostro: era pura luz.
De aquel encuentro onírico surgió Vertebral, su más reciente libro, que originalmente titularía: Diálogo con alguien en un sueño, pues éste detonó la obra publicada por Almadía.
“Era un largo camino con un personaje que caminaba a mi lado, me sacaba de un bosque, en la noche; yo estaba perdido y confiaba en él para salir de ahí. Estaba todo oscuro, no sabía quién era. Había un diálogo todo el tiempo. Decía, por ejemplo: '¿por qué no crees?, yo respondía: 'porque tengo miedo de equivocarme'. Y él contestaba: 'la única equivocación es tener miedo'.
“Ese tipo de diálogos se fue dando. Cuando salimos iba amaneciendo e intenté ver quién era: su rostro era solamente luz. No me horrorizaba, en el sueño me sentía absolutamente tranquilo. El último eco, cuando despertaba, decía: 'Tú sabes con quién dialogaste, pero no quieres aceptarlo'. ¿Era otra conciencia capaz de meterse al sueño a dialogar o era un desdoblamiento de mi propia psique?”, explicó.
Premio Nacional de Poesía Aguascalientes 2000 por Los hábitos de la ceniza, el poeta, ensayista y narrador recupera pasajes de la enigmática conversación en la última parte del libro, mientras en las previas reflexiona sobre las ciudades, la condición humana, la política, el amor y el arte, entre otros temas que considera vertebrales.
Escrita en un género movedizo, que su autor denomina “breverías” porque son moléculas de literatura que involucran narrativa, poesía, ensayo, aforismos, juegos verbales, incluso diálogos, la obra puede leerse como un directorio telefónico, sugiere Fernández Granados.
“La lectura puede empezarse desde el principio o al final. Digo que puede leerse como directorio telefónico porque puedes abrirlo en cualquier momento, elegir un texto, y éste contiene una idea, una entidad lo suficientemente completa como para que uno cierre el libro ahí y lo abra en otra parte”, comentó.
Si el sueño es el principio del libro, un árbol es el punto de partida de los textos, varios de los cuales provienen de sus cuadernos de apuntes, donde plasmó, durante más de 20 años, reflexiones regidas por la sinceridad.
“Las plantas no son más ni menos conscientes que las deambulantes formas superiores. Administran de otra manera la luz de una estrella. De hecho, más admirablemente que muchas criaturas en teoría más dotadas de conciencia. Un árbol podría ocupar la cima de la evolución terrestre”, se lee en la página inicial.
 

Fruto cáustico

Del árbol que es el libro se desprende, como fruto cáustico, el humor: “A veces lo único que crece en un individuo con los años es el tamaño de sus juguetes” o “De dogmas se llenan las cabezas cuando han huido las ideas”, escribió. 
“No es la intención, o nunca lo fue, criticar desde afuera, o desde arriba, sino más bien lo que intento es observar cómo nuestra conducta cotidiana -empezando por la de quien escribe- está llena de todos esos elementos contradictorios”.
 El humor, afirma, es uno de los mayores misterios de la conciencia.
“Somos el único animal capaz de reír, y capaz de reírse de sí mismo. ¿Dónde está el mecanismo del humor, dónde está el mecanismo de la risa en los seres humanos?, porque además es un gesto que aparece desde pequeños: el niño, antes de aprender siquiera un lenguaje articulado (japonés, ruso, inglés), ya sabe de pronto sonreír, encuentra gracia en cosas del mundo.
“Es uno de los rasgos más distintivos de nuestra especie, más hermosos, más complejos, como si la conciencia de pronto encontrara una contradicción, o pusiera dos elementos que juntos forman una sorpresa divertida o extraña, una broma. La realidad no funciona como una tragedia, sino como un permanente juego”, destacó.
Sin embargo, contrasta, la poesía mexicana se ha identificado más con la solemnidad, mientras tradiciones como la norteamericana o la sudamericana conjugan el lenguaje poético con juegos sarcásticos o la crítica política y social.
“Saben burlarse también de muchas cosas, entonces no es que la poesía sea solemne: nuestra tradición la ve así, y por otro lado no es fácil tampoco hacer reír a alguien, ni en un poema, ni en un cuento ni en nada, por eso le tengo un gran respeto a quien verdaderamente tiene una mente con humor”, puntualizó.

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