OPCIONES

Tal vez sucederá…

Por Blanca Esthela Treviño de Jáuregui
sábado, 09 de diciembre de 2017 · 00:00

‘Kan ya makan’ es un término intoxicante en el Islam. Cuando penetra en los discursos de los líderes hace del lenguaje una realidad superior a cualquier hecho consumado. Las palabras alucinantes se tornan más importantes que las realidades, y las promesas más gratificantes que su cumplimiento.

El poder de las palabras rompe la conexión entre causa y efecto: envuelve el cerebro, hipnotiza el ojo, hechiza el oído, incapacita a la persona para distinguir entre la verdad y la demagogia, entre los actos de heroísmo y las atrocidades.

Su poder es tal que hace que el decir del líder islámico: “los infieles nadarán en su propia sangre” tenga mayor impacto en las personas que el horror de ver los tanques de guerra destrozar la ciudad. Las palabras ‘dignidad’, ’honor’, y ‘seguridad’ se envuelven con esperanza alucinante, demencial, y cobran vida propia para clamar ‘justicia’. Las palabras dejan de ser motivadoras orientadas a enaltecer a los escuchas para convertirse en vehículos de odio y visiones de sangre ‘redentora’.

Cuando las personas viven en el desierto el lenguaje puede ser su posesión más preciada. Los cuentos y las promesas abren milagrosamente las puertas a otros mundos, los mundos de la esperanza. La esperanza es para el espíritu lo que el sueño es para el cuerpo: energía que revitaliza, repara, libera de la escualidez de las circunstancias presentes. La esperanza es necesaria para que las personas desencadenen el enorme poder de la mente y de la voluntad. Aunque en la mayoría de los casos las utopías son irrealizables, siempre el conjunto de idealismos permite un considerable margen de esfuerzo que da sentido a sus vidas.

Sin embargo, la esperanza tiene dos caras: el lado soleado y el lado oscuro. El lado soleado motiva a utilizar los sentimientos para dirigir mente, sueños y actitudes hacia el logro de los ideales. El lado oscuro, en cambio, es el que pone a la persona en actitud pasiva, como mera espectadora, y deja hacer a otros lo que puede hacer por sí misma. El lado oscuro de la esperanza tiene aspectos inquietantes: el pavor a lo desconocido y el miedo ante los retos que inmoviliza a las personas y las coloca en eterna espera.

En el Islam las historias se inician de una manera extraña a nuestros oídos: ‘Kan ya makan’, que en lengua árabe significa “Tal vez sucedió, tal vez no”. Esas palabras son capaces de producir efectos mágicos. En una aldea de El Cairo, después de una prolongada sequía y tremenda hambruna la gente salía a las calles a disfrutar la primera mañana fría y lluviosa. Se reunían en las esquinas para compartir historias de bienaventuranza por el agua que provenía del cielo. La gente se saludaba con un precioso ramillete de palabras: “¡Día de bendiciones! ¡Día de luz!” Al decirlo entre sonrisas el hechizo de las palabras compartidas en la banqueta producía en las personas el milagro de abstraerlas de la miserable calle cubierta de lodo y basura y de los perros hambrientos. La esperanza cumplida de la lluvia y el compartir las historias de los antepasados las unía en proyectos comunes para aprovechar las tierras bendecidas por el agua.

‘Kan ya makan’. Tal vez sucedió, tal vez no. Las palabras tienen el poder de mezclar la realidad y la ilusión en intrincada madeja. Poseen la fuerza de vestir de poesía los más terribles y bajos impulsos. Las palabras de historias y cuentos logran seducir a los seres humanos por oscuros laberintos hasta reducirlos a las más degradadas e irracionales creaturas, pero al mismo tiempo, tienen la facultad de conducirlas hacia la más noble expresión de su humanidad.

Las historias de dignidad y valentía que heredamos de nuestros antepasados tal vez sucedieron, tal vez no. Pero nos unen de generación en generación y nos sostienen con lazos cálidos. Logran que enfrentemos nuestros problemas de familia y de nación con resolución y optimismo: el lado soleado de la esperanza.

El lado soleado de la esperanza nos motiva a utilizar sabiamente nuestros recursos para dirigir mente, sueños y actitudes hacia la creación de una patria nueva.

Quetzalcóatl definitivamente no llegará del otro lado del Río Bravo.

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