DESDE LA BANQUETA

Basura y ciudadanos/gobierno

Por Sergio Garín Olache
jueves, 11 de octubre de 2018 · 00:00
Un lugar común que tiene mucho de cierto, pero no todo: “No hay ciudades sucias ni limpias, hay ciudadanos sucios o limpios”. Es verdad, pero la autoridad pone o no su parte necesaria. Jesús del Palacio, ex presidente municipal de Ensenada, hacía efectivo su eslogan: “Ensenada barridita y limpiecita qué bonita “o algo así. En la Ensenada de hoy la gente arroja al suelo cualquier papel, envoltura, bolsa vacía. Pero también es cierto que yo mismo he caminado cuadras y cuadras con un olote en la mano sin encontrar un bote para basura.

Luego hay la transa: en tiempos del PAN se instalaron muchos basureros en la llamada calle primera donde caminamos con frecuencia y el turismo también... Sólo que eran tamaño buzón y cerrados por arriba, con una ranura al frente por donde no cabía uno de esos enormes vasos de plástico o el primero se atoraba. En muchas ciudades de México gobernadas por el PAN tenía el mismo modelo de basurero en las calles principales, lo que huele a moche de diputado federal.

Como en un buen diseño experimental con matemáticas, allí veía uno separadas la constante basura con las variables ciudadano/gobierno. En vez de simples botes, los buzones-basurero iban sobre un poste, ¿pero qué necesidad? Quizá el primo del diputado federal W hizo la obra. Luego, como se llenaba o tapaba, veía uno a su alrededor y nada más en torno al poste, la basura que el ciudadano había depositado encima y debajo: había modales ciudadanos, pero la respuesta de gobierno era ridícula.

Una ciudad bellísima, París, oh, la, la, hizo famosa la expresión ¡merde!, gritada por el peatón que pisaba una mierda de perro bien comido. Hubo prevención: multa al dueño del perro cagón. Y curación: unas motos con conductor vestido de astronauta: casco, lentes herméticos, guantes, botas, que veía el objetivo, atacaba y ponía encima el trasero de la moto con una aspiradora, cepillos, agua y jabón. La acera quedaba inmaculada en medio minuto.

La prueba de que el mexicano tiene conciencia de no tirar basura es que nomás cruza la línea que nos separa de los gringos y se vuelve gringo: guarda el papelito en la mano hasta el próximo bote de basura. Pero sabe que lo hay cuando mucho a una cuadra. Y sabe que hay multas y el miedo no anda en burro.

Por cierto: ¿qué fin tuvieron aquellos inútiles buzones para basura en la calle primera? Los pagamos todos.

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