PROYECTOVINO

“El primer verdor”

Por Araceli Velázquez Córdoba
jueves, 22 de marzo de 2018 · 00:00

Por diferentes circunstancias, mi vida ha sido una mudanza continua. Considero como una fortuna el haber vivido en muchas zonas de la Ciudad de México y en otros continentes o hemisferios. Ayer, cuando iba de camino a entrevistar a uno de los mejores chefs del mundo y que pronto les platicaré esa maravillosa experiencia, atorada en el caos vehicular de esta ciudad, al dar vuelta en una esquina, mi visión cambió. Una calle arbolada llena de jacarandas y árboles de color me recordó que empezó la primavera.

Como diseñadora que soy, mi mente me transportó a todos esos lugares donde he vivido y disfrutado el clima, la gente y el cambio en la gama de colores. Y como amante del vino, no pude resistir investigar la trascendencia que esta estación tiene en la elaboración de mi bebida favorita. El significado etimológico de primavera proviene de “prima” de primer y “vera” de verdor. En esta maravillosa estación del año, en México, la vid despierta después de su poda (y necesario descanso invernal), para iniciar con nuevos brotes, bríos y fuerza su siguiente ciclo.

Esto me recordó los hermosos viñedos en colina de Viñas de Garza, una pequeña vinícola mexicana dedicada a la producción de vinos Premium. Recorrer la bodega en “El Mogorcito”, es un deleite a los ojos por lo hermosos y verde de sus viñedos y que sólo puede concluir con una copa de sus sofisticados vinos.

Es un sitio espléndido, divino, un lugar donde pueden suceder verdaderas historias de amor y es precisamente lo que floreció en un pedacito del Valle de Guadalupe, en un hermoso rincón llamado Rancho El Mogorcito.

Amado Garza, ingeniero mecánico de profesión, es originario de Monterrey y se dedicó a la distribución de materiales para construcción en Ensenada. Padre de tres hijas, es un hombre realmente cálido, increíblemente creativo, sencillo y con una honestidad firme que refleja su franca sonrisa, nos platica que su plan de retiro se convirtió en su nueva pasión.

La historia que cuenta, es que fue “sonsacado” por su amigo Hugo D’Acosta (famoso enólogo mexicano), y que junto con su esposa Ana Lilia Garza decidieron comprar un rinconcito que quedaba del Rancho El Mogor, situado en la carretera Tecate-Ensenada por el Km 87 (fue de ahí que surgió su nombre y se le quedara, de cariño, “El Mogorcito”) y donde empezaron con tres hectáreas de Cabernet Sauvignon y Merlot en el año 2003.

Viñas de Garza, nombre que se le dio a la hora de empezar a vinificar, se encuentra en una hermosa colina que se ve desde la carretera principal que cruza todo el valle. Nació con la certeza de que las vinícolas pequeñas en México pueden producir vinos de alta calidad, y cuando su primera vinificación tuvo lugar hasta el año 2006, fue tiempo suficiente para desarrollar los viñedos e infraestructura propios para una producción completa y de calidad controlada.

Este es un proyecto enteramente familiar y autosuficiente, Amado se convirtió en winemaker y su familia lo ayuda en todo. Aquí es donde lo que se dice, del vino y de su “hacedor”, es verdad, ya que en cada una de las etiquetas que tiene Amado se nota la fraternidad, el cariño, la clase y el buen gusto que refleja esta familia y su gran proyecto de vida.

Cuando llegas, cuesta arriba en el auto a 2 Km/h, claramente señalado en el camino, se puede empezar a ver el paisaje que cada vez se hace más bello, y cuando se llega a la cúspide, una hermosa y acogedora construcción tipo chalet, rodeada de flores y elementos del vino, dan una espléndida bienvenida, perfecta para descubrir el primer verdor del año, que nos indica el inicio de nuevos comienzos y crecimientos, así como nuestra siguiente añada.

aracelivelazquez@proyectovino.com.mx
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