LA BRÚJULA

Planeación de vida

Por Heberto Peterson Legrand
lunes, 5 de marzo de 2018 · 00:00

Muchas personas no hemos hecho una Planeación de Vida y transitamos por ella como barco sin timón que queda al garete. No me imagino una embarcación que antes de salir de puerto no tenga trazada su ruta, tenga su carta de navegación y tenga definido el puerto al cual pretende llegar.

Cuando pasan los años y hacemos un recuento de nuestra vida, con dolor, muchas veces vemos que fuimos como ese barco, pasaron los años y atrapados en el activismo o quizá en la inactividad, sin rumbo, juguetes de todos los vientos nuestros logros fueron mínimos, la dispersión hizo que gastáramos energías inútilmente y un tiempo perdido que no se puede recuperar.

Ver hacia atrás para sentirnos frustrados sería una actitud negativa. Hay que ver hacia atrás pero como una experiencia de la cual hemos de aprender para lo mucho o poco de tiempo que nos queda podamos hacerlo rico por los frutos que logremos.

Una adecuada planeación de vida nos permite incluso llegar a la búsqueda de la excelencia que deberíamos lograr en todas nuestras actividades.

Un plan de vida se conforma con objetivos que sean susceptibles de evaluación, que sean pocos pero bien definidos y alcanzables, no “castillos en el aire”.

Para poder elaborar ese plan de vida habrán de surgir una serie de preguntas que cada uno de nosotros en lo particular habremos de contestarnos con mucha honestidad y responsabilidad: ¿quién soy?, ¿estoy satisfecho con mi vida?, ¿qué es lo que quiero?, ¿qué he de hacer para lograrlo?, ¿qué cualidades poseo?, ¿cuáles debo adquirir?, ¿cuáles son mis debilidades?, ¿cómo habré de superarlas?

Debemos de definir nuestras expectativas y objetivos en las diferentes áreas en que nos movemos: La vida familiar, en el trabajo, en lo intelectual, nuestra vida afectiva y social, en lo financiero, lo personal, diversiones, deportes, cultural, viajes etc.

Las personas excelentes son aquellas que han tenido un proyecto y tienen un perfil.

Se mueven en función de los valores, valores que convertidos en hábitos dan el perfil: Perseverancia, tiene constancia en la ejecución de los propósitos; Tienen valor, no ceden ni titubean, no pierden la serenidad ante la adversidad; fortaleza, es la reserva moral espiritual que permite perseverar en la acción aún cuando todo parezca perdido; están las virtudes cardinales: prudencia, justicia, templanza y fortaleza; laboriosidad, posee una gran dosis de trabajo arduo, disciplina y esfuerzo. Muchas son las ideas brillantes que han quedado en la mediocridad por flojera y apatía, Tienen metas e ideales bien definidos; creatividad, difícilmente aceptan las cosas como están, ven más allá y tratan de mejorarla; conocimiento, constantemente están estudiando, el conocimiento y la superación mucho los motiva.

El deseo de llegar a la excelencia nos tiene que llevar al conocimiento de nosotros mismos y ello también nos plantea una serie de interrogantes: ¿soy o simplemente existo?, ¿soy capaz de generar ideas?, ¿deseo cumplir mi misión como ser humano?, ¿tengo conciencia de la finalidad de mi vida?, ¿qué tipo de hombre o mujer soy y a dónde quiero llegar?, ¿encuentro en mi trabajo un significado para mi vida?

Sí vale la pena hacer ese alto en el camino para darle una repasada a nuestra vida, percatarnos si la hemos sabido valorar.

Si no hemos hecho un plan de vida, bueno, pues veamos hacia delante y hagámoslo, enseñemos a nuestros hijos a que hagan su propio plan para que desde pequeños lo vean como algo normal, que culturalmente sea parte de su forma de ser.

Miles de jóvenes se han y siguen suicidándose porque se han visto presa de un vacío existencial; muchos de seguro por no tener un plan de vida, por carecer de los valores que les sirvan de brújula y puedan orientar su existencia por caminos de bien y auténtica superación.

Tú, estimado lector, podrás enriquecer mucho más estas reflexiones a partir de tu propia realidad.
 

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