DESDE LA BANQUETA

La única utopía exitosa

Por Sergio Garín Olache
jueves, 7 de marzo de 2019 · 00:00

Si de utopías hablamos, sólo hubo una utopía que cobró forma y tuvo éxito: El gobierno democrático, la igualdad ante la ley, los derechos individuales del ciudadano, la libertad para producir y para comerciar, la libertad para practicar cualquier religión y la separación completa del Estado y las diversas expresiones de fe. Y mal que nos pese, eso ocurrió por primera vez en la pequeña franja de tierra donde estuvieron las trece colonias inglesas primitivas que llegaron huyendo de las guerras religiosas de Europa, con la intención de quedarse en lo que hoy es los Estados Unidos de Norteamérica y no regresar a sus países de origen.

Las colonias inglesas se abrieron al mundo con una oferta utópica estrafalaria para la época: Elegir a los gobernantes, permitir el ingreso a quien deseara trabajar y separar las prácticas religiosas y los asuntos del Estado.

Un Estado laico que garantizaba la libertad de religión. El pequeño David protestante no exigió la práctica del protestantismo a los trabajadores calificados que dejaban en Europa los opresivos regímenes monárquicos: recibió irlandeses muy castigados por el hambre, polacos con sus famosas donas, italianos católicos, alemanes (con sus salchichas y hamburguesas)  y suecos protestantes, griegos y búlgaros ortodoxos, turcos y egipcios musulmanes, chinos sintoístas.

Con una canasta de libertades hoy día obvias, pronto tuvo, gratis, sin pagar su formación, técnicos en minería y en agricultura, expertos en diversas industrias, obreros calificados en todas las ramas. Se añadió la ética protestante que hace del trabajo duro un camino al cielo, la lectura de la biblia, que alfabetizó a las masas; el gran respeto por la ciencia, un sistema jurídico eficaz y confiable, un legislativo celoso de su independencia. Y, de pronto, ya a mediados del siglo XIX, en Europa eran famosos los millonarios “americanos” porque ya nos habían arrebatado hasta el nombre de América y americanos.

Publicaciones científicas que comenzaron su renombre cuando Estados Unidos no era una potencia, a mediados del siglo XIX  Science y Scientific American aparecieron, hoy siguen publicándose y se encuentran, sobre todo la primera entre las más prestigiadas del mundo. En la guerra con México, Marx y Engels estuvieron siempre del lado de los pequeños, muy pequeños  Estados Unidos; les simbolizaban el futuro industrial y laico de la humanidad, frente al perezoso y conflictivo gigante mexicano.                     

 

 

 

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