DESDE HOLANDA

La paja en el ojo ajeno

Por Dianeth Pérez Arreola
miércoles, 10 de abril de 2019 · 00:00
Los holandeses y ellos mismos lo dicen, tienen un pasatiempo favorito: quejarse. Yo añadiría que especialmente de aquello que no pueden controlar.

Hace tiempo, una vecina hablaba de una familia que vive también en nuestra calle y decía despectiva “tienen dos carros” y yo me quedé pensando en cuál sería el problema. Ella y su familia tienen un carro y puede estarse cayendo el cielo a pedazos con lluvia, nieve, granizo, o vientos huracanados y ellos siempre acompañan a sus hijas a la escuela en bicicleta.

Entiendo que el problema de fondo es la contaminación y el tráfico y que indirectamente nos afectan a todos, pero de eso a que sea un problema que te molesta sobremanera y que sea lo primero que saquen a colación cuando hablan de esa familia, se me hace exagerado.

Hace unas semanas leía el periódico, y la edición del sábado publica una revista con una sección llamada “Preguntando a los lectores”. Alguien exponía ahí que era muy consciente del cuidado del medio ambiente, y que por lo mismo casi no producía basura. Por esto mismo su contenedor estaba casi vacío cuando el camión de la basura pasaba, situación que era aprovechada por uno de sus vecinos para poner ahí la basura que seguramente no le cabía a él en su contenedor. Al señor en cuestión esta situación no le gustaba nada y pedía consejo sobre si debía ir a evangelizar al vecino sobre el cuidado del medio ambiente y la necesidad de producir menos basura.

Una de las respuestas decía pensara en las posibles razones del vecino para usar otro contenedor, como una familia numerosa, por ejemplo. Ese es el gran defecto que noto en los holandeses, la falta de empatía. Ellos le llaman ser individualistas y piden consideración pero raramente la tienen con los demás.

A nuestros vecinos de la izquierda les molestó mucho que tardáramos tanto en reparar los marcos de las ventanas del piso de arriba. Después de algún tiempo ella le dijo a mi marido que fue muy incómodo que los trabajos duraran tanto y que además el plástico que usamos para tapar la falta de ventanas hacía mucho ruido.

Debo decir que cambiar los marcos de las ventanas cuesta aquí alrededor de cinco mil euros. Los marcos de madera se pudren con el tiempo y hay que repararlos o cambiarlos. Como no contamos con ese dinero y mi marido es muy bueno reparando cosas, rentó un andamio y él mismo hizo e instaló los marcos con ayuda de un amigo. Como además de hacer esto, mi marido tenía que trabajar, la reparación se limitó a los fines de semana y a algunos días libres. Por si fuera poco, fue necesario cambiar los marcos de las ventanas de enfrente y también los de atrás. Nadie estaba más estresado que nosotros; fue una época muy difícil emocionalmente para mi marido y para mí… pero a los vecinos se les hacía feo ver el andamio y escuchar el ruido del plástico. Lo que hay que oír. Como si lo hiciéramos por diversión y no por necesidad.

Ahora, los vecinos de estos vecinos remodelaron el baño y dos recámaras, y van sobre la tercera semana de marrazos, martillazos y perforaciones con taladros para concreto. El karma existe.

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