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Centralización que paraliza

Por Jorge A. Meléndez Ruiz
martes, 11 de junio de 2019 · 00:00
“Cada unidad administrativa de las dependencias del Gobierno federal tiene un coordinador o enlace administrativo que controla el presupuesto. Ahí se maneja hasta la caja chica y se realizan los trámites de pago del gasto vía contratos o pedidos.

“Quieren que estos enlaces administrativos dependan de la Oficial Mayor de SHCP, directamente de Raquel Buenrostro”.

Así me explica un amigo burócrata (por dos sexenios) la enorme centralización que conlleva la “pobreza franciscana” de la 4T.

El panorama que pinta es devastador. Por ejemplo, en sus palabras:

*El siguiente paso es que las direcciones generales de recursos materiales y servicios dependan de Buenrostro.

*No será AMLO quien nos lleve al precipicio, será una centralización exagerada con personas de escasa visión.

*Centralismo como nunca lo hemos vivido. Por eso está detenido el gasto de Gobierno.

*Tan amarrado está el gasto que los funcionarios de la 4T no duran. Revisa cuántos directores de recursos materiales y servicios generales han salido. Te vas a asustar.

*Mi jefe ya está preocupado por haberse mudado a CDMX, por aceptar el sueldo y no tener margen de maniobra ni dinero para cumplir su trabajo.

*Los funcionarios de SHCP en las “mesas de acompañamiento” para compras consolidadas son totalmente inexpertos.

¡Uffff! Todo un tratado práctico sobre los peligros de centralizar así nada más. Como tantas cosas en los negocios, la política o la vida, la decisión de centralizar debe hacerse de forma deliberada.

Por ejemplo, en una empresa, centralizar funciones o actividades por lo general busca lograr eficiencias y economías de escala. Y, claro, es natural que en la era de la hipercompetencia convenga juntar fuerzas.

Sin embargo, el control excesivo puede ser dañino.
“Una centralización mal planeada inhibe la iniciativa, afecta la innovación en productos y sobrecarga con altos costos y bajo nivel de servicio”, explica un artículo de McKinsey.

Tras 50 entrevistas en 30 compañías globales, la consultora derivó 3 preguntas clave para decidir sobre una posible centralización:

1. ¿Es obligatoria? A veces es impuesta por algún requerimiento legal o del entorno.

2. ¿Agrega un valor significativo? Por lo menos un 10% en las utilidades o valor de mercado.

3. ¿Son los riesgos bajos? Evaluar muuuy bien los efectos en rigidez, burocracia, pérdida de motivación y distracciones. Muchas veces los costos son mayores que los beneficios.

Y luego concluyen: “La decisión de centralizar por lo menos requiere responder SÍ a alguna de estas preguntas”.

Interesante y práctico. Por su parte, un artículo de BCG aconseja considerar 4 factores para decidir qué y qué tanto centralizar:

a) Enfocarse al valor. De nuevo, al costo-beneficio. A veces la centralización agrega complejidad, dificulta la rendición de cuentas y disminuye la velocidad de respuesta.

b) Enfatizar estrategia sobre organigrama. Evitar la trampa del rediseño facilón de estructuras y roles (muy típico).

c) Que el negocio sea el conductor y no el centro. Mal implementada, la centralización privilegia a ese centro controlador... y no al negocio. Esto puede ser fatal.

d) Ser muy crítico en los beneficios reales. Contestando 3 preguntas: ¿se crea valor significativo?, ¿de qué tamaño son los riesgos?, ¿qué tan difícil será implementar?

Me detengo en este último punto: la tan importante y generalmente olvidada implementación. La pata de donde cojean tooodos nuestros gobernantes de tooodos los niveles. Y sobre todo la 4T.

La exagerada velocidad en la ejecución de tantas y tantas ocurrencias tiene un doble impacto negativo: se mal implementan ideas pésimas. Un golpe compuesto que terminará con una centralización paralizante.

Ojalá le sirvan estos apuntes para su empresa o proyecto. Apúntelos. Pero, sobre todo, ojalá que alguien del Gobierno tomara nota. Centralizar a lo loco hará que la cura sea peor que la enfermedad.

Posdata. Excelente que se evitaron los aranceles, hubieran sido terribles (relea “Trump, el bebé nuclear”). México no tenía armas de negociación y ahora absorberemos el costo de la crisis migratoria de EU. Lo peor es que es una crisis autoinfligida. 100% cortesía de la política migratoria fraternal de AMLO. Las zonceras tienen consecuencias.

En pocas palabras...
“Los daños del poder concentrado no se eliminan con buenas intenciones”.

Milton Friedman, Premio Nobel de Economía

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Twitter: @jorgemelendez

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