BAJO PALABRA

Pal Norte

Por Hadassa Ceniceros
viernes, 12 de julio de 2019 · 00:00

Llegué a Tijuana con mi mujer y tres hijos. Tenía ya varios años viajando rumbo el norte, poco a poco me fui acercando, Chihuahua dos años, Sonora otros dos y finalmente Baja California. Lejos de tiempos juveniles en Coahuila

Era 1951, vine decidido a empezar de cero. Atrás dejé estudios religiosos y formación escolar. Acá servía mi juventud y fortaleza física. De cuerpo musculoso y estatura enorme, supe desde el principio que no me faltaría trabajo.

Así fue, atrás quedan los paseos en el monte cuando era un joven acompañando a mi padre. La tierra aquella seca en los veranos calurosos, ideal para el oficio de arriero, recogiendo leña de arbustos, generosa para calentar hornillas y cocinas en cualquier tiempo.

Camino ahora por calles solitarias, me reconozco apenas, todo parece más pequeño, la calle Segunda que terminaba en el Panteón Jardín parece una vereda comparada con lo amplio de esa vía en el recuerdo. Tal vez yo también sea pequeño, soy solo memoria que recuerda tiempos idos, soy acaso una mirada al vuelo de los años en esta tierra.

Todos parecen haberse ido, la ciudad ha quedado desierta, libre de necesidades, de prisas, de sueños.

Apenas un parpadeo y la vida se escapa. Como arena entre las manos el tiempo ha transcurrido, soy una sombra deslizándose entre años, entre casas, entre historias, entre calles.

Mi pueblo y mi niñez precaria regresa a mi memoria, sin tristezas ni apuros. Paso de una calle terregosa en mi barrio a una colina empedrada de Parral. Tengo quince años y sobrevivo, el azar me protege, luego tengo cincuenta, varios hijos.

Los brazos blancos de mi mujer se alejan, me quedo tiritando en la intemperie, así fue marcado en el recuerdo.

El tiempo me ha alcanzado y me rebasa. Yazco en una cama fría, hay amores que me protegen y acompañan, pero estoy solo. Después de todo emprendo el vuelo entre tiempos y canciones, entre versos y amigos de otras vidas.

Me aseguraron que en el Norte se vivía bien, ha sido cierto, la vida me alcanzó para ver sonreír a los míos. Lejos quedaron las mulas y las cargas de leña de mi tierra, cerca ahora estoy del mar y el oleaje rumoroso del amanecer.

Soy espuma, arena y brisa.

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