POR SI LAS MOSCAS

Lógica gansa

Por Laura Monzón
viernes, 19 de julio de 2019 · 00:00
“Es una inercia, es un problema que viene desde hace mucho tiempo”, dijo el pasado miércoles el señor presidente Andrés Manuel López Obrador sobre la violencia en nuestro país. Explicó con frases lúcidas, que sólo él sabe declarar, que todo fue un falso combate, “hasta se hacían telenovelas… con la televisión fingían que detenían delincuentes… pura simulación y sólo uso de la fuerza.

“Creció la pobreza, la desigualdad, la corrupción y eso desató la inseguridad y la violencia, pero ya estamos trabajando… para entregar buenas cuentas en el corto, mediano y largo plazo. Vamos bien”. Pero resulta que a corto plazo las cosas no van nada bien.

Según información del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, el primer semestre de 2019 fue el más violento del que se tenga registro, con 17 mil 65 víctimas de homicidio. Pero si le agregamos los datos desde que el ganso sabio se sentó en la silla de terciopelo bien peinado, es decir, desde el 1 de diciembre, entre homicidios dolosos y feminicidios (2 mil 916) tenemos un total de 19 mil 981 víctimas. Todo un récord para cualquier inicio de sexenio.

Los delitos contra la sociedad aumentaron casi 50 por ciento de diciembre 2018 a mayo 2019, comparándolo con el mismo periodo 2017-2018; corrupción de menores, 10.6 por ciento; trata de personas, 18.2 por ciento; otros delitos (no especificados), 70 por ciento.

Pero no es un tropiezo del mandatario que las cifras y la lógica gansa no cuadren, sino de la mafia del poder, los “fifís”, el hampa del periodismo y todo aquel que quiera agarrar la bolita que está aventando.

López Obrador dice que en los sexenios pasados la violencia no se combatió y no se consideraron las causas, las cuales él sí está atendiendo a través de dinero en efectivo para grupos específicos, disminuyendo (maquillando) la pobreza con los programas de bienestar y, sin embargo, la violencia en los primeros seis meses de su sexenio aumentó de manera alarmante. Como que no tiene mucho sentido.

Es más fácil echarles la culpa a terceros y batear las preguntas incómodas, que aceptar la ineptitud para dirigir un país y la necedad de llevar a cabo un proyecto de nación que no funciona, pretendiendo paralizar la economía entera, para armar el teatro del combate a la corrupción de los gobiernos pasados, para implantar la corrupción propia. Dice el dicho: “dime de qué tanto presumes y te diré de qué careces”.

En trece días llega a agosto, en cuatro meses diciembre, y aún no se vislumbran los rayos de la Cuarta Transformación entibiando las tierras mexicanas.

El campo es el sector que más presupuesto requiere, si es que se pretende salvarlo del desmantelamiento sufrido treinta años atrás, que tantos rezagos y migraciones ocasionó. Pero pareciera que en los planes de la 4-T, el campo mexicano no está contemplado como una prioridad, porque los apoyos no están llegando a los productores; no como debieran.

Ante tal situación, varios bloqueos se alzaron en distintos puntos del país, organizados por grupos de campesinos que demandan mayor presupuesto al sector y la liberación de los recursos de programas agropecuarios.

Pero el señor mandatario se limitó a decirles que no se molestaran en manifestarse, porque continuará con la estrategia de entrega directa del dinero a los bendecidos por su mano santa. Estás conmigo, te doy; no estás conmigo, no te doy.

Y eso nos remite al tema anterior. Las cifras y la lógica gansa no cuadran, porque la entrega discrecional de apoyos “migajeros”, el recorte presupuestal a todo, la falta de impulso al desarrollo de los sectores estratégicos y la pretensión de acabar con la delincuencia repartiendo una cartilla moral no van a detener la violencia; más bien, la están acrecentando.

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