LA BRÚJULA

¿Hacia dónde vamos?

Por: Heberto J. Peterson Legrand
lunes, 12 de agosto de 2019 · 00:00

Después de un mes de ausencia de nuestra querida Ensenada, y con toda la intención de desconectarme de lo que sucedía en el mundo de las noticias y concentrarme en conocer más de la Ciudad de México, Cuernavaca, Mineral del Chico y Real del Monte en Hidalgo, Huasca, y conocer la ciudad de Santiago de Querétaro, ya me encuentro nuevamente en la cotidianidad de mi mundo, limpio de la saturación de tanta información que nos rebasa y que por salud mental no debemos darle entrada tomándonos una tregua (las vacaciones) que despeje el alma y el cuerpo no dejándonos atrapar por tantos problemas que hoy en día estamos viviendo.

Adonde quiera que uno viaje el regreso al hogar es grato porque es nuestro espacio de libertad, ya que en otras partes tratamos de respetar hábitos y costumbres, aun cuando estemos felices de convivir con nuestros seres amados.

Regresamos con el alma agradecida de tantas finezas, atenciones, encuentros con seres queridos, a quienes hacía muchos años no veíamos y esos reencuentros son como cuando le echamos brasas al fuego para incrementar el calor del amor que nos profesamos.

A partir del regreso nuevamente leyendo y viendo los medios masivos de comunicación para actualizarnos de lo que sucede en ésta aldea global.

Da la impresión que como sociedad en lugar de evolucionar estamos involucionando y echando por la borda todos los valores, los principios, el Estado de derecho, la democracia como un estilo de vida y la aparición de líderes con poder de decisión que están imponiendo una forma personal de gobernar polarizando a los ciudadanos y sembrando un futuro incierto con su voluntarismo logrando transgredir toda ley.

Vivimos en nuestro país un régimen de partidos rebasados y que se han quedado sólo en el discurso insulso, sin sustancia, mientras México necesita partidos fuertes con una clara visión, con capacidad de rescatar su doctrina, principios y valores y, sobre todo, con un gran compromiso social.

La política que es el arte del buen gobierno está en el escaparate a la vista de todos, y la economía -que ya no solo es doméstica y que está en un entorno cada vez más competitivo- requiere de mucho talento y decisiones oportunas. La economía no tiene ideología, pero sí requiere de una atmósfera que le dé certidumbre, confianza a los inversionistas y ser creadora de riqueza para tener que repartir y creadora de empleos para que a través de ellos los ciudadanos se sientan realizados.

El agua tiene más valor cuando hay escases y los discursos tienen valor sólo cuando se traducen en obras.

El derecho a la salud es inherente al ser humano, es un derecho que no es para mañana y nadie debe atentar contra ello… es para hoy.

La criminalidad no ha disminuido, los periodistas son víctimas y si nos vamos al vecino país es inconcebible que la Sociedad (del Rifle) que vende armas en ese país patrocine una campaña presidencial, eso por ley no se debería de aceptar y con ello evitar compromiso alguno con ellos.

El compromiso en con los ciudadanos y lo que me llama la atención es que después de ser testigos de tantas matanzas no veo manifestaciones masivas, multitudinarias que protesten buscando el bien de sus familias; no entiendo su mentalidad; te multan por cruzarte un semáforo en rojo, pero la compra de armas la ven como un acto que habla de libertad. No hay libertad absoluta y deben entenderlo, existen normas para regular las relaciones entre individuos e instituciones y en ello se cede para que prevalezca el bien común.

¿Hacia dónde vamos?, preocupan los hijos, ¿Qué mundo les estamos dejando a nuestros nietos? ¿Hasta dónde hemos sido capaces de comprometernos? ¿Cuál y hasta dónde llega nuestro campo de influencia?
 

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