ATERRIZAJES

Acabar con el agachismo mexicano

Por Dr. Adán Echeverría García
martes, 13 de agosto de 2019 · 00:00
La Selección Mexicana de Fútbol que participó en los Juegos Panamericanos en Lima, Perú, se quedó a un pasito de pasar a la final, y enfrentar a la Selección de Argentina. En el fútbol como en la vida, se puede ganar o perder, pero es lugar común señalar que hay que saber perder. Se fueron a la tanda de tiros penal, y la Selección de Honduras se alzó con el triunfo, luego de que los jóvenes mexicanos fallaron tres de sus tiros.

Fue penoso mirar el rostro de los chicos menores de 22 años que formaron esa Selección de México al acercarse a hacer el cobro. Los tres que fallaron tenían en la frente marcado el signo de: ¡No lo voy a lograr, la prensa mexicana me va a destruir, no lo voy a lograr, seguro que voy a fallar! Casi lloraban, se veían vencidos moralmente, derrotados, habían perdido desde el momento en que se les nombró en la lista de los tiradores. Si no me cree, vea usted las repeticiones. Los tres jóvenes que fallaron el tiro penal se sabían derrotados al caminar para tomar el balón y pararse frente al portero. La pregunta que me queda es: ¿Qué cosa les dicen a los muchachos de México en esta selección de soccer? ¿Con qué los amenazaron? ¿Qué sentimientos tienen encima, con qué los han asustado? Fue penoso ver su cara a la hora de cobrar penales, la frente perlada de sudor, los ojos parpadeando, los labios apretados; no han tirado y parece que están a punto de llorar. ¿Cómo diablos no iban a fallar?

¿Hasta cuándo los mexicanos dejarán su posición de víctimas? Los malditos gringos nos quitaron la mitad del país. Sí, hace casi 200 años, en el siglo XIX, por dios, supéralo. Pero si desde la presidencia se le quiere exigir a España disculparse, luego retener a los migrantes centroamericanos, luego regalarles dinero, luego exigirle a EEUU que entregue a un terrorista blanco, incluso discutir sobre lo que es blanco, negro, razas, cualquier tontera que cause ese signo del derrotismo es algo tan ridículo. Mexicanos que se la pasan quejándose en redes.

¡Ay, me critican porque no les gusta lo que escribo! De la crítica se aprende y se crece, no se llora y se acusa al otro de ser el malo.

¡Ay, pobrecitos de los pobres! ¡Ay, ay, maldito gobierno, ni modos me tocó estar jodido! Pero a los pobres los quiere diosito, bienaventurados los pobres dice la Biblia, dicen en sus pésimas lecturas de las escrituras. Y se creen aquel cuento católico-cristiano de los pobres son buenos, los ricos son malos, ser rico es ser malo. Seguimos acostumbrándonos a creer y apoyar al débil, odiamos a todo aquel que logra triunfar, a aquel que sabe venderse, que sabe decir: Yo soy el mejor. Creemos que está mal presumir y validar nuestras capacidades. Cuando les pregunto a mis alumnos, cuáles son sus logros, dudan en decir en qué son buenos, en reconocer lo que han logrado; porque presumir sus logros está mal. Parece que agachado es sinónimo de mexicano.

Siempre me importará más Mario Molina, Octavio Paz, que un tonto como Noroña. Pero el 95% de los mexicanos no sabe quién es Mario Molina. No saben quiénes son los mexicanos que han ganado el Premio Nobel, nos seguimos burlando de nuestros futbolistas que están en Europa, los ninguneamos, decimos que juegan en equipos mediocres. Incluso hay quienes se sienten grandes porque alburean o fastidian a Noroña en Twitter. Hablamos de condenar el fanatismo en cartas enviadas a los EEUU, pero no admitimos el fanatismo que ha creado Andrés, con sus hordas de seguidores incapaces de juzgarlo por todos sus errores.

En México, la mayoría de su población no merece una revolución. No se puede ayudar a quien no quiere ser ayudado, no se puede curar a quien no está decidido a dejar todo aquello que lo ha enfermado. Libérate de ser uno de esos mexicanos agachados, deja de practicar a ser la víctima, mírate al espejo y convéncete de darlo todo para ser el mejor, y prepárate todos los días para serlo.

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