CRÍTICA DE LA RAZÓN CÍNICA

Amor es un perro del infierno

Por Rael Salvador
viernes, 14 de febrero de 2020 · 00:00

El amor es una pregunta hecha de cerezas, chocolates y bombones, cuya respuesta nadie sabe pero todo mundo persigue.

El amor es una cacería de mariposas y flores con alas donde los estúpidos flechazos de Cupido siempre dejan a más de un herido... y a otros tantos tontos llorando

El amor es una búsqueda de las sílabas de la felicidad donde terminamos compartiendo el siguiente enunciado: “¿Amor? Si te he visto ni me acuerdo”.

El amor es un teorema poético donde los flujos electroquímicos de la oxitocina compiten con la tibia lencería que humedece el terso rocío de la primaVera.

El amor es un conejo ebrio que busca en el aromático cóctel de las conejas la vida eterna bajo el calor multiplicativo de las cobijas y la fertilidad de la zanahoria.

El amor es un nudo de besos dulces donde duerme a sus anchas el gangrenado Capitán de la Blasfemia, acompañado de su injurioso y fiel perro Cerbero.

El amor es una locura familiarizada con las normas de cortesía, el morbo, la responsabilidad y la farmacia predilecta.

El amor es un encontronazo que, a través de la dopamina, posee la fugacidad vertiginosa de un suspiro. Y, gracias a los abogados, la duración interminable de una condena por manufactura o pensión alimenticia.

El amor es la magia de una canción que al final ya nadie canta.

El amor es una singular relación de pareja, que cuando suele haber más de dos tiende a terminar en plural.

El amor es una pedrada de tiempo que despluma nuestros sueños.

El amor es el sendero divino por donde se encaminan al descampado cuatro jinetes del Apocalipsis: la crítica, estar a la defensiva, la incomunicación y, el más destructor de todos, el desprecio.

El amor es la eterna búsqueda de la media naranja, no sabiendo que la otra mitad es media “fruta” o medio “fruto”.

El amor es un hechizo que detiene el tiempo para mezclar los prejuicios, las estupideces o las aberraciones de toda mujer y todo hombre.

El amor (confundido con el sexo) es esperar nuestro turno sentado a la orilla de la cama como una cucaracha en calcetines.

El amor es no saber en qué idioma bailan las nubes.

El amor es un “engaño delicioso” que utiliza la Evolución para perpetuar mi “especie”.

El amor es “envejecer hacia la juventud”, comenta el Lobo (Antunes) que hay en mí.

El amor es tener la seguridad de que el amor no es sólo sentirse enamorado.

El amor es la muerte del odio... o, si se prefiere, odiarse hasta la muerte.

El amor es la alegría de no tener un dócil corazón afeitado.

El amor es saber que las mujeres son extraños espermatozoides que por donde pasan fecundan la limpieza a través de la neurosis.

El amor egoísta es salvarse de las llamas de la pasión, pero no de las del infierno.

El amor es soñar por aquellos que no tienen el valor de soñar (despiertos).

El amor es el saqueo espiritual del alma, a través de la lubricidad escurridiza de los cuerpos, que promociona el negocio público del Registro Civil.

El amor construye palacios con las nubes... pero quiere vivir en una cabañita de carne.

El amor, contrario al espíritu, es un elemento sólido... para que yo no pueda hundirme.

El amor sin sexualidad es un rinoceronte sin alma... que pregunta por mí, pero se parece a ti.

El amor es más amor, no por menos locura íntima, sino por más amor.

El amor son esas estrías en la cintura, como peces siniestros, que navegan llenos de luz verde entre las sábanas.

El amor es una ardilla que corre por los pasillos de nuestras venas. Come ventanas de pasión y ve estrellas florecer en el jardín de la mano. Entonces, bajo la lluvia, late la respiración y el sexo vuela gordo como un globo de parque, mientras entonamos con nuestros besos la canción humana del Universo…

El amor no existe... sólo existen los actos de amor.

El amor es un angelical perro del Infierno.


raelart@hotmail.com
 

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