DESDE LA BANQUETA

La gran evasión

Por: Sergio Garín Olache
lunes, 18 de octubre de 2021 · 00:30

El arte de la evasión (pelar gallo, perderte, evadirte) para mí consiste en leer novelas y saber detectar el momento exacto de entregarse a ella —a la evasión — prefiero las novelas a las drogas, fármacos, alcohol, estupefacientes, el encierro en el propio cuerpo, el encierro en una sociedad determinada, el encierro en determinados códigos vitales, a los mandatos familiares, a la disparidad de los anhelos y la posibilidad de realización.

Es poner en práctica nuestra habilidad para reconocer los indicios que nos anuncian el cierre de un capítulo de la vida, que nos dicen que el ciclo de nuestra resistencia y perseverancia ha concluido y que es preciso cambiar de aires.

Comenzar una nueva vida y dejar atrás todo, tanto lo que nos atosiga como lo que nos otorga ciertos remansos de tranquilidad.

Es por eso que, aunque siento en mi interior los impulsos repetidos de la evasión, no todos aprenden a dominar sus secretos. Es por eso que existen tantos hombres y mujeres infelices. Es por eso —acaso por envidia— que quienes escapan resultan ser los más criticados por quienes se quedan con los mismos prejuicios, las mismas mañas, los mismos cuentos repetidos una y otra vez.

También es por eso que el ansia de huida representa un tema literario tan atrayente, cuyos matices constituyen además un reto difícil de lograr para cualquier novelista, que no cuente con la capacidad de observación de las conductas humanas y la perspicacia psicológica que se necesita.

Nos envuelve el escritor en una atmósfera densa, donde los personajes de su novela deambulan a punto de ahogarse en la depresión a causa de una serie de circunstancias que la existencia de cada cual ha colocado a modo de obstáculos en su camino: una atmósfera capaz de oprimir al mismo lector.

Uno de tres protagonistas de una historia de evasión que leí es mujer, atraviesa por una de las etapas más oscuras de su vida luego de haber perdido a su pareja tras la arremetida de una cirrosis hepática congénita, sobrevive a su duelo sólo gracias a los fármacos cuyas recetas consigue en sus constantes visitas al psiquiatra.

Pero los fármacos son tantos y tan variados que cada vez que los los enumera es como si recitara una letanía fúnebre, y sus amigas se encuentran tan hundidos en sus propias depresiones que, más que servirle de consuelo, son un lastre que parece hundirla más y más en la oscuridad.

Por si fuera poco, y como una salvaje ironía del destino, nuestra personaje se gana el sustento dictaminando manuscritos de autoayuda para una editorial, ejercicio que le sirve para comprobar en carne propia que estos libros sirven únicamente para confundir más a quien los lee.

Otro personaje de la misma novela es un hombre, al final del día debe regresar al estrecho departamento donde vive con su esposa, una obesa amargada que en un pasado muy, pero muy remoto, fue una belleza escultural de medias circunferencias perfectas de carácter agradable.

Las medias circunferencias perfectas se convirtieron con el tiempo en una circunferencia completa toda ella. Sin embargo, como la lógica indica, si una situación no puede ser peor, entonces por fuerza debe mejorar.

Y con el transcurso de las páginas, al tiempo que los lectores nos vamos familiarizando con el carácter y la biografía de cada personaje, comienzas a sentir la necesidad de salir del hoyo para emerger de nuevo a la superficie, con lo que la novela se convierte en el reflejo de una lucha contra las adversidades.

Todo lo terrible tiene que pasar, si no hoy ni mañana, sí algún día quizá no muy lejano. Por medio de sus actos, sus pensamientos y los recuerdos del pasado los personajes se desnudan para los lectores en cuerpo y alma, al grado de que al concluir la lectura de la novela no sólo los conocemos como si hubiéramos convivido con ellos toda la vida, sino también padecemos sus sufrimientos y nos entusiasmamos con sus esperanzas.

Descubrimos que son como nosotros, o que nosotros somos como ellos, y agradecemos al autor que nos haya construido un espejo que nos refleja con tal nitidez: como en todo buen libro, en éste el lector encuentra la oportunidad de llevar a cabo un ejercicio de autoconocimiento. Y tan, tan por hoy.
 

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