UNA MIRADA HACIA LA INFANCIA

Conciencia ecológica en la niñez

Por: Psic. Laura Beltrán Padilla*
jueves, 2 de diciembre de 2021 · 00:00

Un pequeño va descubriendo el entorno conforme tiene mayores posibilidades de movimiento. Influyen la fisiología, el cómo maduren los sistemas sensoriales y el ambiente para que el aprendizaje sea más significativo. Cuando tenemos ya cierta conciencia identificamos nuestra forma de hacer conexión con el exterior. Algunos somos visuales, otros auditivos o kinestésicos.

Al nacer, el olfato es más desarrollado que la visión; no hubo contrastes que posibilitaran su máximo potencial en ambiente intrauterino. Con el primer aliento, se inicia el despertar rico a través de fibras sensitivas que nutren los sentidos y la maduración.

No es lo mismo un neonato que nace en el campo a un lugar de alta tecnología e innovación. Mucho depende del adulto para que el niño vaya incorporándose a su realidad y que desarrolle al mismo tiempo empatía y conciencia sobre el ambiente.

En el caso del recibir lactancia, por ejemplo, en comparación al sucedáneo y biberón. No es lo mismo el que un niño tenga la experiencia del campo y la ordeña que acudir al supermercado por el litro de leche ya procesada. Cuando en un hogar, se cultiva, se riega y agradece a los elementos, el proceso formativo es más rico y gratificante.

Algo habitual para mí se torna extraño en mis pequeños pacientes cuando me preguntan si tengo una mascota en mi hogar y les respondo: Sí, tengo una burra a quien cuidar. Abren sus ojos y, por lo general, afirman: ¡Una burra! Yo solo he visto una en las caricaturas.

Preguntan, acto seguido ¿Y qué come tu burra? A mi Jacinta (burra), le gustan las zanahorias, naranjas, maíz triturado y la pastura. Se impresionan mucho y a la vez se emocionan por el acontecimiento.

En mi campo laboral, he podido conocer familias de diversos contextos y veo dos mundos paralelos entre el campo y la ciudad.

Por lo general, el que crece en el campo e inclusive, con un pequeño patio citadino, desarrolla cierta sensibilidad hacia lo ecológico si se involucra a los integrantes, del mayor al menor, entre más se le permita interactuar y enseñe a un niño, mayor respeto va a crear hacia el entorno.

Es parte de la cultura familiar y de cada región. No es lo mismo el tener una mascota, darle de comer, sembrar un árbol y cortar sus limones, integrar a los niños en el proceso, a obtener las cosas ya digeridas.

Usualmente pregunto a los padres: ¿Su hijo tiene alguna comisión en casa? Me miran con sorpresa, incrédulos, y responden: “Pero si tiene apenas 3 añitos”. Pregunto: “Cuando se quita la ropa, se le cambia el pañal o deja un trozo de manzana, en dónde lo coloca posteriormente”. Pensativos, responden: “No, yo lo hago por él, yo le resuelvo.” ¿Qué estamos formando si no es a través de cierta conciencia, respeto y agradecimiento del cuerpo hacia el entorno, qué futuros ciudadanos tendrá nuestra entidad?

Recuerdo, hace un tiempo, al transitar con mi hijo por una calle céntrica de nuestra querida ciudad, vimos a un grupo de personas podando un árbol inmenso de un lugar conocido, no podando, más bien ¡Aniquilando! Le dije a una persona ahí presente: “Es triste, ese árbol me vio crecer, hacen falta árboles ¡Le voy hablar al de ecología!”. Me responde: “¡Yo soy el de ecología!”. Me fui como condorito, como comprenderán. Ya no les diré la pequeña conversación que seguimos mi hijo y yo, posterior al evento.

En base a un diagnóstico situacional, en torno a la infancia, considero se debe acrecentar la cultura de la conciencia hacia el entorno, iniciando por el hogar y extenderlo más allá. Reconozco lo formativo de algunos grupos que se concentran, por lo general, los sábados un par de horas para promover ciertas habilidades para la vida, entre ellos la gratitud y el amor hacia los seres vivos.

En mi infancia, disfruté mucho de la experiencia del campismo con mis iguales, siempre acompañados de una figura de autoridad, con compromiso social. Los reconocidos Boy Scouts y Guías de México son grupos de índole internacional. Su filosofía de vida es hacer un bien personal y comunitario. Ayudan a forjar la personalidad promoviendo un sinfín de valores como el respeto y la solidaridad. Al alcance de padres de familia, ya que se localizan en varios puntos de la ciudad y se agrupan de manera gratuita.

Por tanto, mientras se le permita a un niño conectarse con el exterior e involucrarse con el mismo, se darán mayores posibilidades de impactar en su contexto futuro, como ciudadano, iniciando por la familia.

*Posgrado en psicoterapia de niños

laurabelpad@gmail.com 

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