DESDE EL VIGÍA

¿Y el pueblo?

Por Editorial El Vigía
lunes, 22 de febrero de 2021 · 00:00

En lo que va de su mandato, el presidente de la república, Andrés Manuel López Obrador, ha visitado Baja California en cuatro ocasiones, si la memoria no traiciona, pero la última -realizada el sábado pasado en Tijuana- fue la gira más breve de todas, dado que sólo vino a inaugurar un cuartel de la Guardia Nacional, sin hacer un espacio en su agenda para dialogar con representantes de cámaras empresariales, dirigentes de asociaciones civiles o grupos de profesionistas.

Sin embargo, el tabasqueño no es el único mandatario del país que evita darle la palabra en sus eventos a líderes sociales, sino que esta costumbre comenzó desde el sexenio de Vicente Fox Quesada (2000-2006), quien al comienzo de su sexenio sí permitía la intervención de otras voces en sus recorridos por las entidades de México, siendo una de esa veces cuando estuvo en este puerto para asistir a la convención nacional de la Canacintra, que en aquel entonces presidía en Ensenada Efraín Kantel, quien le pidió la construcción del hoy inacabado y estancado libramiento carretero.

Pero después el político guanajuatense eliminó las intervenciones de las llamadas fuerzas vivas de los lugares visitados del protocolo de sus viajes, estrategia que continuó su sucesor Felipe Calderón Hinojosa (2006-2012), después Enrique Peña Nieto (2012-2018), y ahora Andrés Manuel López Obrador (2018-2024); así que no es una práctica nueva, pero no quiere decir que esté bien.

Al respecto, el último presidente que invitó a la ciudadanía a presentar sus peticiones en los actos públicos que encabezaba, fue Ernesto Zedillo Ponce de León (1994-2000), quien viajó a esta entidad fronteriza en múltiples ocasiones, dado que de niño vivió en Mexicali y venía a Ensenada a competir en eventos deportivos escolares, razón por la cual a lo largo de su administración como jefe del Poder Ejecutivo, llevó a cabo 12 giras oficiales a nuestro municipio, cifra que ningún otro ha podido alcanzar, ni siquiera acercarse.

Desde hace más de 20 años la población perdió voz en los escenarios donde se aparece la máxima autoridad de la nación, y por ende no hay posibilidad de plantearle las necesidades de infraestructura, tampoco las reformas fiscales adicionales que se requieren para detonar el crecimiento económico y el desarrollo social, no se diga tocar el tema de la violencia que genera en la región la delincuencia organizada.

Mientras se mantenga la necedad de traer a los presidentes a recintos bajo control, con invitados previamente seleccionados, que sirven de pura escenografía, donde nadie pueda exponer la agenda de prioridades que en realidad le importa a la gente, este jueguito de simulación abonará más al escepticismo y abstencionismo.

El desprecio que los gobernantes tienen por el pueblo, contrasta con la zalamería con que tratan a personas y grupos cuando andas en campaña para tratar de conseguir votos para llegar a los lugares de donde no vuelven a bajar, salvo sus honrosas excepciones.
 

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