CONVERSEMOS

“La felicidad me habita…”

Por Ricardo Harte*
viernes, 11 de junio de 2021 · 00:00

Me permitiré apoyarme en un hermoso texto que, días atrás, nos envió nuestro Maestro, José Antonio Lugo, citando él varias reflexiones de Marguerite Yourcenar.

“Hoy es el cumpleaños de Marguerite Yourcenar…
Una gran escritora. Una mujer sabia, como pocas. Su epitafio dice:

`Pluga a Aquel, que es quizá, dilatar el corazón del hombre a la medida de toda una vida`.

En La voz de las cosas, citó al “filósofo desconocido”: `hay seres a través de los cuáles Dios me ha amado”.

Pocas veces he podido leer algo tan generoso, tan verdadero como: Dios me ha amado a través de ciertos seres.

Generoso porque señala a sus seres humanos próximos y queridos como portadores de la divinidad, como mensajeros de Vida.

Y verdadero porque reconoce la presencia del Dios creador, como un Ser que ama.

“En Un hombre oscuro”, dice: ´todos compartimos el infortunio y la dulzura de existir´. Adriano trata de entrar en la muerte ´con los ojos abiertos´ y Zenón intentará ´morir menos necio de lo que nací´.

Hay escritores que nos gustan, nos dan placer... unos pocos, nos transforman…

En su discurso al recibirla como la primera mujer en la Academia Francesa, Jean de Omersson dijo: ´está usted aquí por ser una gran escritora, pero no omito decir que hubiera entrado antes si fuera hombre´.

Gracias, Madame Marguerite Yourcenar, Nuestra Señora de las Letras. Gracias por tanto.

Gracias por escribir a los veinte años ´la felicidad es una inocencia´;

a los 50 ´la felicidad es una obra maestra´;

a los 80 ´la felicidad me habita´.
Gracias por citar en tu libro a Agrippa de Nettesheim, cuando dijo ´Alma que permanece de pie, sin desfallecer´.

Seamos almas de pie, sin desfallecer ante la adversidad ni sucumbir ante la belleza. Gracias, Marguerite, este planeta es mejor porque habitaste en él.

Hasta aquí el relato de José Antonio. Un texto que construye y alienta esperanzas. Días son en que la incertidumbre que surge de la confusión sembrada, necesita de estas palabras que no temen y que nos dicen: “Seamos almas de pie…”.

Termino hoy de conversar, agregando otro fragmento de la Señora Yourcenar y que recibí de Ana, mi querida compañera de cátedra:

“Me atreveré a decirle que no pienso tanto en la vejez. Ninca creí que la edad fuera un criterio. No me sentía particularmente joven hace cincuenta años (cuando tenía veinte, me gustaba mucho la compañía de gente mayor) y no me siento vieja hoy. Mi edad cambia y siempre ha cambiado de hora en hora. En los momentos de cansancio tengo diez siglos; en los momentos de trabajo, cuarenta años; en el jardín, con el perro, tengo la impresión de tener cuatro años” (De una carta a Jeanne Carayon)

No quisiera enturbiar este clima transparente de las palabras de José Antonio y de las palabras de Marguerite.

Pero en estos días en que el caos ha crecido desde los pequeños territorios de cada lugar a la escala del planeta, debo conceder que Mac Luhan tuvo razón cuando dijo que la era de la tecnología transformaría el mundo en una Aldea Gobal. Lo que no imaginó fue las consecuencias que ello provocaría: la dispersión tempestuosa de la codicia, la dominación y el culto ya paradigmático al poder económico.

Como almas enfermas, los grandes poderes visibles y los grandes poderes ocultos se disputan territorios, riquezas, crecimientos, monopolios.

Y en este escenario dantesco, resuenan estas palabras generosas, sabias y trascendentes que demuestran que la bondad, la generosidad y el amor son lo único que explican y justifican a nuestra especie y que permitirán que algún día todos, todos, absolutamente todos los seres humanos podamos decir: la felicidad me habita.

*Arquitecto radicado en México desde hace más de 50 años

ricardoharte@yahoo.com.mx

 

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