Columnas

ANDANZAS ANTROPOLÓGICAS: Yo no olvido al año viejo…

jueves, 31 de diciembre de 2015 · 00:00
Por: Daniela Leyva
 
 
Hoy se acaba el año, este 2015 por fin llega a su término, cuando un ciclo se cierra es común hacer un recuento de lo acontecido; este día para muchos es un momento de evaluación, de revisión constante de nuestras actividades, actitudes y pensamientos durante este año.  Con él se van amigos, amores –de los posibles y los imposibles-, se van las esperanzas y las desesperanzas, ideas y uno que otro prejuicio. Mañana despertaremos con la ilusión de que inicia algo nuevo, que tenemos otra oportunidad de ser más conscientes, de tener nuevos hábitos aunque nosotros sigamos siendo los mismos. Mañana empezamos la lista de propósitos para los siguientes 365 días.
 
Nuestra cultura valora los ciclos, estos cierres e inicios se festejan de distintas maneras, podemos atragantarnos doce uvas en menos de un minuto, cargar las maletas por la calle en la que vivimos, barrer la casa de adentro hacia afuera, colgar monedas en las puertas o ventanas, y hasta usar ropa interior roja o amarilla, en fin, nos reunimos con otros y celebramos ese acabar y comenzar. En otras culturas los ciclos importantes son diferentes, por ejemplo, los ralámuli -conocidos como tarahumara, habitan en el estado de Chihuahua- celebran los ciclos agrícolas, ellos hacen fiestas cuando se inicia la temporada de siembra, o cuando se termina la cosecha. Los nativos bajacalifornianos, en el pasado, valoraban y festejaban ciclos de recolección -entre los paipai y los kumiay de La Huerta, todavía se realizan recorridos a la sierra Juárez para ir en busca de piñones-. Las palabras para nombrar conceptos temporales también son distintas entre las lenguas, los grupos indígenas que mencioné usan la palabra ‘luna’ mechá (ralámuli), ljia (kumiay) para referirse al mes, y la palabra ‘día’ en el caso kumiay es la misma que la palabra ‘sol’ ña.
 
Lo cierto es, querido lector, que este año no se perdió ninguna de las lenguas que están en riesgo de desaparecer en Baja California, lo que debe ponernos contentos, aunque su situación sigue crítica. Hagamos el propósito de interesarnos más por la diversidad cultural y lingüística que nos rodea y disfrutemos cada ña, y cada mechá, de este ciclo que iniciaremos y gocemos las enseñanzas que nos dejó el que se va.

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