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ANDANZAS ANTROPOLÓGICAS: Los nombres nativos Cochimí.

jueves, 2 de julio de 2015 · 00:00
Por: Mtra. Antrop. Física. Martha Elena Alfaro C.*
 
 
En esta ocasión hablaremos un poco sobre la importancia de los nombres nativos de los registros de nacimiento de las misiones bajacalifornianas, ejemplificando el caso de San Fernando Velicatá. Hasta el momento gracias a los registros etnohistóricos  se habían podido recuperar listas de palabras, nombres de lugares y traducciones de material para evangelización en lengua cochimí, pero no se había puesto atención en los nombres nativos, teníamos entonces información sobre los hablantes en sí. 
 
Las actas bautismales que registran los nombres nativos son por tanto una invaluable fuente de información en ese sentido. En el análisis que llevamos acabo de estos documentos no encontramos ningún caso de nombre que se repitiera. Esto es un dato que nos ha parecido interesante, ya que el nombre es un elemento clave de identidad social, el cual al ser analizado considerando la tradición funeraria Yumana registrada por los misioneros y algunos trabajos etnográficos de finales del XIX y principios del XX, en donde se hace referencia a que después de morir un sujeto se incineraban sus restos, su casa, sus pertenencias, se borraba el camino por donde pasaba y no se volvía a pronunciar su nombre, por respeto y temor a invocarle.
 
El nombre indígena cochimí a diferencia del cristiano parecere contener características propias del clan al que pertenecía, elementos de su religión, estatus, habilidades o atributos personales, recursos medioambientales, etc, que de ser así lo volverían único o distintivo. 
 
Con el cambio del nombre nativo al católico, pasaron de ser un nombre específico, único, a transformarse en un "Juan” o "María” más sin apellido, ni distintivo del clan, de su origen. Aunado al hecho, de que los misioneros como estrategia de dominación, solían retener a los niños en las misiones y obligar a los catequizados a aprender el lenguaje y cultura y tecnología extranjera, fue un golpe duro a la cultura nativa y la pérdida de identidad y habilidades ancestrales de sobrevivencia en un medio ambiente contrastante como lo es el desierto central, al cual se sumaron las desventajas biológicas de los indígenas ante las nuevas enfermedades que azotaron el territorio. 
 
El análisis de los nombres indígenas nos permite percatarnos que ambos se forman por palabras compuestas, en las que se hace referencia a recursos naturales de la región, siendo predominantes los que aluden a elementos relacionados con el agua (esto es fácil de entender si se piensa en el medio ambiente que predomina en la Península de Baja California): agua, (cahel), arroyo (ca(a)man(c/g)), carrizal (cade), isla (gua), sierra (idel). Los cuales se caracterizan, por especificar también por medio de detalles alguna  referencia particular p.e. (Cahel-lijyú, "agua salada”). 
 
En el caso de los nombres de las personas, parece estar ocurriendo lo mismo. En su estructura se encuentra términos que hacen alusión a atributos físicos o el sexo de las personas, por ejemplo el caso de las mujeres observamos Caamai=Caa-  que contiene la partícula mai (grande-pecho femenino) "pechos grandes”. Y en el de los hombres la partícula tama=macho) en Tamaguitip, Tamajua, Tamati. En otros casos, se proporciona información de lugar, como por ejemplo, Camanagan, Camanguiliya Estos nombres,  contienen la palabra( caman) "arroyo”. 
 
Por último  algunos nombres parecen tener elementos que designan una actividad específica o referencia a ciertos lugares donde ésta se realizaba, por ejemplo, Guaquicata, donde "cata” es "flecha”. En estos nombres hay también referencia a elementos de la naturaleza, tales como "conejo” (gapa) y "frutilla silvestre” (guigi), palabras presentes en los nombres Gapagaquig, Gapativacangui y Guiguima.

Cómo vemos los nombres nos pueden arrojar diversa información del pasado. 

* La autora es profesora-investigadora del Cinah-BC.

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