COLUMNAS

El Camino de las Californias como patrimonio mundial

Por Krisares A. González Rodríguez*
jueves, 18 de febrero de 2016 · 00:00

En noviembre de 1994, bajo el cobijo de la ciudad madrileña, una reunión de expertos fue llevada a cabo en el marco de la protección del Patrimonio Mundial de la Unesco. La intención de dicha reunión fue discutir a fondo la inserción de las rutas culturales como parte del Patrimonio Mundial. El concepto de "itinerarios culturales” fue visto desde entonces como un concepto fértil para el mundo actual ya que aporta una aproximación plural, multi-dimensional y dinámica capaz de dar cuenta de los intercambios culturales entre países o entre regiones.

 

A veintiún años de la reunión de expertos en Madrid, alentada por la inclusión de la ruta de peregrinaje a Santiago de Compostela dentro de la lista del Patrimonio Mundial, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) hace lo propio congregando a expertos en la materia en orden de considerar lo que fuera el antiguo Camino Real de las Californias como Patrimonio Mundial en su categoría de itinerario cultural transfronterizo.

 

El Camino Real –como ya es costumbre referirlo– representa para varios estudiosos de la península no menos que el hilo conductor de la historia de Baja California. Como tal, El Camino Real refiere el trayecto que conecta, una a otra en un ejercicio de comunicación, las misiones españolas encabezadas por jesuitas, franciscanos y dominicos.

 

Desde nuestro punto de vista, lo que en adelante denominaremos como Camino de las Californias es todavía más que el hilo conductor de la historia y vida de Baja California anclado en las misiones como laboratorios de mestizaje; el Camino de las Californias configura una trama que vincula diferencias de índole temporal y pone en pie una identidad comunicacional: la del californiano a secas en su acepción transhistórica, transregional y transfronteriza.

 

En ese sentido, la riqueza de nuestra ruta es desbordante ya que –a la luz de nuestro juicio– excede las determinaciones de una ruta de tipo "religioso”, como lo es el Camino de Santiago, o incluso de "imperialismo” como lo es, en cuanto insigne ejemplo, el trayecto de los caminos romanos. Si bien el Camino de las Californias da cuenta de un prominente evento religioso (la evangelización de las Californias) con su discreta pero eficaz campaña militar (la colonización española) y necesarios intercambios comerciales (a través del célebre Galeón de Manila), la ruta histórica en cuestión tiende a exceder tales determinaciones dado que no sólo predica sobre la colonización española sino sobre el previo poblamiento de América y, en concreto, de la península. De hecho, fueron los indígenas quienes en numerosas ocasiones enseñaron a extranjeros (misioneros, exploradores y viajeros por igual) a andar el camino peninsular que dadas las características geográficas y ecológicas del territorio no pudo ser muy distinto del establecido por los misioneros o ¿por qué no? el andado por aborígenes que llegaron a estas tierras desde el norte.

 El Camino de las Californias como medio de comunicación, concebido así ya desde conspicuos autores, produce sentido por las comunidades que vincula y las personas que han transitado por él, que van de pintores rupestres aborígenes a rancheros pasando por indígenas, exploradores, misioneros, soldados y serranos. Por ello, será tarea y reto cardinal del INAH saber mediar entre estas diferencias y poner en pie la construcción de una identidad plural enmarcada dentro del reconocimiento mundial de su patrimonio.

*Inv. Adjunto Cinah-BC.

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