Columnas

Inah

Por Arqlga. Enah Montserrat Fonseca Ibarra*.
jueves, 2 de abril de 2015 · 00:00
Andanzas Antropológicas

Adivina, adivinador

Estudio al hombre, al igual que el resto de las disciplinas antropológicas; no obstante, no soy especialista en sus huesos, poco sé de sus lenguas, y normalmente me resulta imposible observar o conversar con la gente para llegar a conocerla.

No necesito hablar para descubrir porque mi interés se centra en los objetos, esos testigos del acontecer diario que guardan nuestra historia. Aún sin desearlo, las huellas materiales nos delatan, reflejan nuestras necesidades e intereses, denotan desde las actividades triviales hasta las más trascendentales. 

Cuando encuentro una zona con evidencia de actividad humana no puedo evitar observar la relación entre los objetos, así como su ubicación precisa. Como en una escena del crimen, exijo el máximo cuidado en el registro, cada objeto se convierte en una pista y comienzo a aislar aquéllos intrusos de diferentes épocas que se filtraron en el contexto. 

Conforme retiro capas de tierra, construyo capas de información. A través de dibujos y fotografías dejo un registro gráfico y la descripción debe ser minuciosa porque una vez que retire los objetos habré alterado el contexto. Los materiales recolectados son colocados bajo la lupa, sometidos a extenuantes interrogatorios hasta conseguir una declaración acerca de su función, un indicio que nos lleve a la interpretación de una sociedad que les dio un significado especial. No descanso hasta responder las preguntas: ¿Qué? ¿Dónde? ¿Cuándo?

Los objetos que analizo pueden ser de dos tipos: artefactos (muebles modificados o hechos por el hombre) y ecofactos (restos orgánicos y medioambientales). En conjunto me proporcionan información sobre procesos sociales y las condiciones ambientales en que éstos ocurrieron. El estado de conservación de los restos es vital para una adecuada interpretación. La materia inorgánica se preserva mejor que la orgánica que tiende a descomponerse y depende de factores físicos, químicos y antropogénicos. En la actualidad, lamentablemente, el ser humano es uno de los principales agentes de deterioro de esas ventanas que nos comunican con el pasado. 

Con respecto a las técnicas de investigación que empleo, destacan principalmente dos: el recorrido de superficie (que me permite reconocer un sitio) y la excavación (por medio de la cual descubro los contextos). Por compartir estas técnicas con otras disciplinas, en ocasiones me confunden, por ejemplo con la paleontología, pero yo no estudio la evidencia fósil de los dinosaurios porque el hombre no convivió con estos impresionantes animales que se extinguieron 65 millones de años antes de su presencia en la Tierra. 

Mi interés por las sociedades no tiene límites temporales, puedo estudiar por igual desde el pasado más remoto hasta la evidencia más actual. Desde la prehistoria hasta los estudios urbanos, pasando por la época colonial o la industrial, después de todo, el hombre no ha cesado de crear cultura material. En México, sin embargo, destaca por tradición, la investigación de las sociedades prehispánicas. 

Mi labor puede ser desempeñada en tierra y en agua, en el punto más distante y solitario o en el corazón de las bulliciosas ciudades. Hoy más que nunca trabajo en equipo con especialistas de muy diversas disciplinas: geólogos, antropólogos físicos y sociales, químicos, biólogos, botánicos, historiadores, entre muchos otros. 
Sí, adivinaste. Soy la Arqueología, la disciplina encargada del estudio del hombre a través de sus restos materiales. 

*La autora es profesor-investigador del Cinah-BC.

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