Andanzas antropológicas

Pesca y precarización laboral

Por Dra. Claudia E. Delgado R.*
jueves, 10 de noviembre de 2016 · 00:00
(II/III partes)

Los pescadores y la actividad pesquera, de altura y ribereña, han sido ampliamente reconocidos por organizaciones internacionales como la ONU, la FAO y la OIT que resaltan, por lo menos, dos grandes aspectos: su capacidad para producir alimentos destinados no sólo a los mercados internacionales sino principalmente, al consumo familiar, local y regional y su importancia en la generación de empleos a nivel mundial. No obstante, los pescadores de altamar y en gran medida los armadores o dueños de los barcos en los puertos de Ensenada y El Sauzal, se encuentran en una situación crítica en el sentido de un incremento de la vulnerabilidad de sus modos de vida y también de la precarización de sus condiciones laborales que han resultado de la restricción por parte de la Administración Portuaria Integral al acceso libre a los muelles pesqueros en el puerto de Ensenada y en el puerto de El Sauzal. La prohibición al acceso a los puertos, que son el espacio tradicional de trabajo de los pescadores y armadores, violenta el derecho al trabajo y al trabajo decente/digno establecido por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en por lo menos dos sentidos: El primero, negando el acceso libre a los pescadores desempleados para que, tal y como ha sido su tradición y su derecho, puedan dirigirse a los barcos en el muelle a establecer los contactos y solicitar empleo en ellos. El segundo, obstaculizando el desarrollo de los pequeños empresarios pesqueros o armadores, para que libremente puedan disponer de la oferta de mano de obra, como tradicionalmente se ha llevado a cabo. Por supuesto hay una afectación diferenciada entre los armadores y los pescadores, es decir entre aquellos que son propietarios de una o más embarcaciones (la mayoría de ellos endeudados por los cobros de muelle) y aquellos que sólo cuentan con su fuerza de trabajo (muchos también cuentan con una gran experiencia y conocimiento sobre el mar y la pesca); los pescadores muestran una mayor vulnerabilidad socioeconómica y también una mayor precarización laboral. Esto, evidentemente, no sólo tiene consecuencias negativas sobre el propio pescador sino también sobre sus familias, sus dependientes económicos y sobre la economía a nivel local y también regional. Cabe señalar que estos "usos y costumbres” no son privativos de estos puertos, son los usos y costumbres de la gran mayoría de los puertos y pescadores de altamar y de los armadores alrededor del mundo y estos usos y costumbres han formado parte del ámbito de investigación y estudio de la Antropología de la Pesca, pues se consideran un elemento constitutivo de la Cultura Pesquera, misma que dada su relevancia entre los pescadores y armadores locales, regionales e internacionales puede constituir un elemento del Patrimonio Cultural Intangible de los pueblos y comunidades costero-pesqueras. Si esta situación se estuviera viviendo en Chile o en España, seguramente habría manifestaciones masivas en apoyo a los pescadores y a la actividad pesquera, pero en nuestro país, en Baja California y particularmente aquí en Ensenada, hemos preferido dar la espalda al mar.

* Antropóloga Social del Cinah-B.C.

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