Andanzas antropológicas

Bonita y mentirosa, de Pastor López

Por Ling. Ana Daniela Leyva*
jueves, 1 de diciembre de 2016 · 00:00
Mentir, según el Diccionario de la lengua española, es decir o manifestar lo contrario de lo que se sabe, cree o piensa, engañar es hacer creer a alguien que algo falso es verdadero. Cada día estamos expuestos a un sinfín de interacciones comunicativas con otros seres humanos, en todas ellas existe la posibilidad de que aparezcan mentiras o engaños, de nuestra parte o de la de nuestro interlocutor. La mentira es un acto lingüístico, es decir, usamos nuestra lengua para llevarlo a cabo. ¿Cómo sabemos si lo que escuchamos de los otros es cierto? ¿Cómo saben los otros que nuestras palabras hablan con verdad?
A raíz de un incidente que sucedió esta misma semana me senté a reflexionar sobre la mentira y el engaño como fenómenos lingüísticos, más allá de sus consideraciones filosóficas o psicológicas. Un hombre contó una historia sobre su deportación de Estados Unidos y la enfermedad de su mujer, me habló sobre las dificultades económicas que llevaba padeciendo los últimos días y de que su madre le iba a mandar dinero pero él, sin identificación alguna, no podía recoger el dinero que le mandarían; supongo que esta historia suena familiar, es similar a la de aquella mujer que pide dinero para pagar los medicamentos de su hijo y que incluso nos muestra la receta médica; o la de los jóvenes del centro de rehabilitación que piden dinero para seguir ofreciendo sus servicios; o la del muchachito que vende chocolates a precios elevados para pagar sus estudios, en fin, son las historias reales de mucha gente; aunque el discurso del joven que me abordó sonaba también al tipo de historia que nos advierten en las noticias sobre extorsiones y secuestros, en fin, historias cotidianas en nuestro país. Esta vez yo me quedé con la duda de saber si la historia era verdadera o todo era una mentira y después de la duda llegó la curiosidad, así que me puse a leer un poco sobre este fenómeno en relación con el estudio del lenguaje.
Existen distintos tipos de mentira y de clasificaciones de la misma, tenemos mentiras ‘sutiles’ que usamos cotidianamente, por ejemplo, cuando alguien nos saluda y nos pregunta ¿cómo estás? la respuesta inmediata es ‘bien’ quizás en ese instante nos duele la cabeza o estamos tristes, pero mentimos y respondemos ‘bien’; existen otras mentiras que tienen un elevado costo social, donde el mentiroso puede enfrentar un castigo penal o cambiar de estado civil, por ejemplo.
El estudio lingüístico sobre la mentira es complejo, no hay indicios exactos y precisos que nos permitan identificarla y como cualquier fenómeno social está sujeto a múltiples factores. La mentira se produce con la intención consciente de engañar y se pone en práctica a través del lenguaje, así que debe estudiarse desde el ámbito de la pragmática –el estudio de la lengua en su contexto de uso y la manera en la que éste influye en la interpretación del significado-. Estas mentiras y engaños a los que estamos sujetos en nuestra cotidianidad son actos comunicativos, actos donde las intenciones e interpretaciones tanto del emisor como del receptor están presentes, así que es una cosa de dos, mentiroso y engañado bailan al mismo ritmo, así que tratemos de seguir desenmarañando los pasos de este acto tan humano y tan cotidiano, evitando producirlo intencionalmente o cayendo en sus redes mientras escuchan y bailan la canción Bonita y mentirosa interpretada por Pastor López.

*Investigadora del Cinah-B.C.

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