Andanzas antropológicas

Betonklotz

Por M.E. Marion Vomend Teuscher
jueves, 28 de abril de 2016 · 00:00

Mi hermano, quien estuvo de visita en Mexicali a principios de año, me envió un artículo muy interesante sobre cómo los búnkers alemanes, construidos durante la Segunda Guerra Mundial para proteger a la población de los ataques aéreos, han sido y están siendo remozados desde que, en el 2007, se liberó la restricción de protección civil y pudieron proceder licitaciones y ventas al mejor postor. Es increíble, pero se desconoce el número total de búnkers existentes. Seguramente más de 1000, poseen diferentes dimensiones, pero algunas características en común: generalmente están ubicados en zonas de acceso ventajoso dentro de las ciudades, ya que en su momento se trataba de albergar al mayor número posible de ciudadanos en caso de bombardeo.  Todos están hechos de concreto, acero y piedra; sus paredes varían en grosor de 1 a 2 metros y algunos tienen uno o varios pisos subterráneos. Los aspectos negativos son el pobre estímulo visual que brindan, el aura gris y vergonzosa del pasado que les envuelve, así como el hecho de estar ociosos en su mayoría; ya que aún durante la guerra fría se les llegó a considerar potencialmente necesarios y por ello, cuando mucho, llegaron a ser utilizados como almacenes o edificios fabriles. En lo técnico, su demolición apenas si era rentable. Recientemente se han incrementado las iniciativas de remozamiento por parte de desarrolladores inmobiliarios, para transformarlos principalmente en viviendas para renta o venta a particulares.

 

Las posibilidades para transformar este tipo de edificios son variadas debido a que, entre otras cosas, la mayoría no cuentan con paredes separadoras en su interior y proveen un aislamiento acústico inmejorable. Por ello, se han llegado a establecer estudios de audio y clubes ("antros”); mansiones de lujo y departamentos de piso con varias opciones de subdivisión de espacios (hasta con jardines interiores y exteriores); incluso penthouses y estacionamientos elevados: la gran capacidad de carga de estos edificios permite soportar varias casas encima de ellos.

 

Los compradores finales, quienes pueden pagar hasta 4000 euros el metro cuadrado, valoran sobre todo el aspecto de seguridad y de vivir en un lugar totalmente fuera de lo común. Eso sí, las inversiones para transformar estos colosos son muy significativas, pues sólo para cortar los frentes para las ventanas, se requieren sierras de cable con diamante, las cuales traspasan el concreto en dos días de trabajo. Se habla de entre 25 y 30 millones de euros de inversión, lo cual incluye el cumplimiento de una serie de trámites como permisos de construcción y uso de suelo, así como consultas con los vecinos en cuanto a aspectos ambientales y sociales.

 

En fin; de esta manera estas enormes cajas de concreto están cobrando nueva vida después de años de abandono o subutilización, facilitando mediante un cambio de espíritu en la construcción, un cambio de perspectiva de su historia, desde un pasado gris a un futuro promisorio, sin dejar de lado el componente de remembranza y concientización.

 

Me permito vincular esta reflexión con mi visión frecuente del edificio de la Maltera en Mexicali, el cual está en demolición después de años de haber sido descuidado y totalmente subutilizado. Tiene una edad y características similares a los búnkers alemanes, pero se distingue de ellos por la zona en donde se encuentra y por su contexto pasado y presente. Mi conclusión al ver dicho promontorio en vías de destrucción es que probablemente, los propietarios de éste consideraron, después de muchos años de ponderación, que definitivamente les resultaba más rentable la demolición y la construcción de otro proyecto más conveniente.

 

*Traducción del alemán: un macizo de concreto

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