ANDANZAS ANTROPOLÓGICAS

Modo de vida, alimentación y salud. Ayer y hoy

Por Mtra. A.F. Martha Elena Alfaro Castro,
jueves, 13 de julio de 2017 · 00:00

Primera parte

 


La frase "Somos lo que comemos” del antropólogo y filósofo Ludwin Feuerback, resume en buena medida el importante papel que la alimentación juega en los grupos humanos. Cada sociedad adopta a través del tiempo y del espacio una serie de estrategias para la obtención de alimentos, en las que puede palparse la estrecha relación entre el medio ambiente, la cultura y la respuesta biológica del organismo. De manera que cada pieza se encuentra tan estrechamente interconectada entre sí, que al modificarse una, las otras dos pueden experimentar consecuencias o afectaciones -mayores o menores- a mediano o largo plazo.
A continuación intentaré desarrollar brevemente algunos aspectos de la interacción entre estos elementos en relación al cambio del modo de subsistencia. Las singulares características fisiográficas y ambientales de la península de Baja California, favorecieron en la antigüedad la implementación de un modo de subsistencia -tecnológico-cultural- basado en la caza-recolección-pesca, el cual establecía el recorrido de pequeños grupos familiares a través de una serie de campamentos semi-fijos a lo largo del año, permitiéndoles esta estratagema maximizar los recursos y ampliar la variedad de suministros alimenticios, a la vez que la dispersión en grupos reducidos por el territorio disminuía las posibilidades de contagio interpersonal de enfermedades.
La mayoría de los alimentos en este período eran consumidos crudos o tatemados, lo que en principio beneficiaba una mejor asimilación de nutrientes, pero debido a que la base de la alimentación eran granos los cuales eran procesados mediante metates, las coronas de sus dientes se desgastaban fuertemente, lo que conllevaba a enfermedades periodontales que con el tiempo afectaban la masticación. De manera que si bien podría decirse que  el conjunto de estrategias y algunas otras prácticas culturales desarrolladas por estos grupos llegaron a un cierto equilibrio con el adverso medio ambiente en que habitaban, al mismo tiempo el medio ambiente y el desarrollo tecnológico alcanzado no favorecía un incremento demográfico y el desgaste físico era tal que no permitía que los individuos llegaran a edades muy avanzadas, siendo apenas treinta años la edad media al momento de la muerte.
El arribo de los colonos a la península durante el período misional, perturbó el sensible "equilibrio” hasta entonces alcanzado por los pobladores originarios. El nuevo modo de subsistencia y orden político y social establecido por los recién llegados involucró una reorganización de las estrategias ancestrales y la adhesión de algunas nuevas pautas de comportamiento en los nativos resultado del contacto con los nuevos sitios fijos establecidos por los nuevos pobladores. Algunos cambios promovidos como la "sedentarización” en el área cercana a la misión, así como el reemplazo de la variada dieta anterior -que incluía alimentos de origen terrestre y marino- por una alimentación básicamente compuesta por  menor variedad de granos, y nuevas formas de procesar alimentos que favorecían la presencia de caries.
Por otro lado,  nuevos patógenos se dispersaron  precipitadamente por el territorio e incrementaron la presencia de agentes infecciosos, los cuales en conjunto con otros elementos promovieron un impacto demográfico negativo en las poblaciones indígenas, elevando rápidamente la mortalidad y disminuyendo de forma brusca el patrón de natalidad. Si bien el implemento de nuevas estrategias de producir y almacenar alimentos pensadas para garantizar una cierta estabilidad alimentaria en el año, incrementaron la esperanza de vida -alcanzando ahora incluso 60 años de edad-, este incremento vino acompañado, entre otros males, por nuevas enfermedades degenerativas que afectaban considerablemente la calidad de vida. Continuará.

* Inv. INAH BC-BCS


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