ANDANZAS ANTROPOLÓGICAS

Recordando el Día Mundial de los Océanos

Por Arqlga. Gengis J. Ovilla Rayo*
jueves, 6 de julio de 2017 · 00:00
El 8 de junio se conmemoró el día mundial de los océanos, fecha establecida por la ONU para recordarnos lo primordial que son para el planeta y la humanidad. Los océanos cubren más del 70% de la superficie del planeta por ello desde el espacio destacan por su excepcional tonalidad azul, este enorme manto acuático genera más de la mitad del oxígeno, elemento químico indispensable para todos los seres vivos, absorbe poco más de una cuarta parte del dióxido de carbono que en el último siglo hemos producido de manera desmedida en el ambiente, y es  hábitat y fuente importante de alimento para un sinfín de organismos incluyendo al hombre que también ha utilizado los océanos y mares como sustento económico e incluso como vía eficaz de transporte para comerciar y/o conquistar países y continentes.
Sin duda la riqueza de los ecosistemas marinos ha sido, y es, un polo de atracción para las sociedades humanas, los registros arqueológicos en la costa del pacífico de América del Norte que incluye la península de Baja California indican que esta porción del continente fue poblada tan temprano como hace 13,000 años, estos grupos paleocosteros conocían los recursos que les proporcionaba el mar, desde moluscos, peces, aves y mamíferos hasta los bosques de algas marinas. La diversidad y abundancia biótica del Océano Pacífico y su litoral, aunada a las fuentes de agua dulce ribereñas permitieron que estas costas fueran habitadas por el hombre durante milenios.
Habría que tomar en cuenta que el océano y su litoral no solo proporcionaron alimento a las sociedades pretéritas, también les abastecieron de otros insumos; por ejemplo, con las conchas de abulones, almejas y pequeños caracoles se elaboraban ornamentos como dijes y cuentas que lucían en sus cuerpos, de las presas aprovechaban los huesos para manufacturar artefactos, curtían las pieles que les servían como abrigo, además de las playas rocosas tomaban cantos rodados para usarlos como herramientas de molienda (manos y metates), plataformas de trabajo, yunques o simplemente como  piedras que componían las hogueras y fogones necesarios para la cocción de los alimentos y por supuesto como fuente de calor.
Esta forma de vida dependiente de los ecosistemas costeros fluctuó entre periodos de abundancia y escasez, algunas de estas oscilaciones eran ocasionadas por cambios climáticos como los fenómenos conocidos actualmente como "El niño y La niña”, a su vez en ciertos momentos y lugares el aprovechamiento intensivo de determinadas especies pudo haber modificado los nichos ecológicos, sin embargo estos factores antrópicos no parecen haber impactado significativamente el equilibrio ecológico de los océanos en los últimos milenios. No obstante, en el último siglo el hombre ha causado cambios drásticos en este enorme manto acuífero; la sobreexplotación de los mares, la contaminación por agentes químicos, los desechos humanos, la basura y plástico han puesto en peligro -de manera directa e indirecta- la existencia de especies de mamíferos, aves y peces e incluso la misma existencia del hombre.
Sin duda habría que plantearnos la posición que jugamos ante el planeta y sus océanos, hoy constatamos que su gran tamaño y rica biodiversidad que parecían infinitos hasta hace unas decenas de años son de un equilibrio frágil y delicado, la sociedad moderna tiene la responsabilidad de buscar y establecer estrategias para una simbiosis entre hombre y naturaleza más justa para ésta última, cabe recordar las palabras del antropólogo Elman R. Service cuando declara: "no podemos saber todo lo que hemos ganado al adquirir civilización hasta que sepamos lo que hemos perdido”.

* CINAH-BC


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