El Mundo

La Bahía de San Quintín

A pesar de las presiones del desarrollo y la modernidad, este es uno de los espacios naturales más bellos de BC, en el que se ha preservado casi intacta hasta nuestros días
sábado, 22 de agosto de 2020 · 00:00

Carlos Lazcano/COLABORACIÓN
carloslascano@hotmail.com  | Ensenada, B. C.

Uno de los espacios naturales más bellos de Baja California, lo es sin duda la bahía de San Quintín, la que se ha conservado sorprendentemente intacta hasta nuestros días, a pesar de las presiones del “desarrollo” y la “modernidad”.

La bahía conserva una fauna ciertamente espectacular en muchos aspectos. Aquí, cada año llegan miles de aves migratorias que huyen de la fría temporada invernal del norte de los Estados Unidos y de Canadá. Vale la pena visitarla en invierno para ver esta riqueza de aves.

Muchas vuelan sobre este gran cuerpo de agua, muchas más flotan sobre su mar, en grandes grupos. Otras se desplazan por la orilla de la playa en busca del alimento diario. Así, podremos ver diversas especies de patos, gansos, gaviotas, pelícanos, cormoranes, tildillos, golondrinas de mar, gallitos, y un largo etcétera.

En lugar de cazarlos, yo procuro capturar sus imágenes, y así me he desplazado para ver este mundo de aves y fotografiar a sus distintas especies. Esto alimenta mi espíritu, ya que se establece ese contacto con el mar, la brisa, el agua, el cielo, además de que se adquiere un conocimiento directo de una porción importante de nuestras aves, en este caso especialmente marinas. Además me he topado con delfines y hasta con ballenas, así como con lobos marinos. Es impresionante ver estos animales.

Navegar por la bahía, ya sea en kayac o en lancha. Caminar por sus playas, amplias, largas, infinitas. Sentir la brisa del mar, el viento frío, y mojarse los pies en sus aguas igualmente frías. Estas playas y mares y tienen otro encanto, no es el mismo que los mares tropicales. Otra gran experiencia es visitar sus volcanes. La bahía cuenta con varios, ahora aparente apagados, pero que hace pocos miles de años arrojaron grandes cantidades de lava, de la que aun podemos ver sus huellas.

Sobre este aspecto hay que recordar que para los vulcanólogos, a un volcán se le considera activo si tuvo algo de actividad en los últimos diez mil años, y al parecer es el caso de los volcanes de San Quintín.

La bahía de San Quintín es uno de los humedales más importantes de nuestra península, reconocido a nivel internacional ya que se encuentra en la lista Ramsar, en la se incluyen a aquellos cuerpos de agua de gran valor natural.

Antecedente humano
En cuanto a los antecedentes humanos tenemos que remontarnos a varios miles de años atrás, alrededor de 10 mil, cuando empiezan a verse los primeros grupos que penetraron a la península de Baja California. En las zonas de humedales y desembocaduras de arroyos es donde hay rastros de presencia indígena, sobre todo del tipo “conchero”.

Se trata de los grupos que accedían a la costa durante las temporadas invernales y se alimentaban de productos del mar, como moluscos, mamíferos marinos y aves. Se les llama “concheros” a sus vestigios por el gran acumulamiento de conchas que dejaban, como residuo de su actividad en la región. A la llegada de los primeros europeos, el valle era habitado por grupos kiliwa, quienes se desplazaban entre la sierra de San Pedro Mártir, el desierto de San Felipe y la costa del Pacífico, a la altura del valle.

Fue el navegante Juan Rodríguez Cabrillo, el 24 de agosto de 1542, el primer europeo en encontrar la región del valle, al arribar con sus dos naves a la bahía de San Quintín, la que bautizó con el nombre de “Puerto de la Posesión”, debido a que fue ahí donde realizó su primera toma de posesión en nombre de la corona española. Rodríguez Cabrillo había sido enviado por el primer virrey de la Nueva España, don Antonio de Mendoza, a explorar el Pacífico norte de la poco conocida California. Rodríguez Cabrillo encabezó los primeros encuentros entre españoles e indios kiliwas, y fue precisamente en la bahía de San Quintín.

Aunque durante muchos años, muchas de las naos de China pasaban frente a la bahía de San Quintín, sus tripulantes nunca desembarcaron o registraron su costa. Fue en 1602 que Sebastián Vizcaíno, otro gran navegante español, exploró toda la costa del Pacífico de Baja California, haciendo registros detallados y cartografiando todas sus bahías y accidentes costeros más interesantes. De esta manera fue levantado el primer mapa de la Bahía de San Quintín, que por cierto, fue durante esta navegación que recibió tal nombre. Así, durante muchos años, la bahía de San Quintín sólo fue una referencia geográfica para los navegantes que pasaban por la costa pacífica de Baja California, que eran básicamente las naos de China y uno que otro pirata.

Esta situación duró un poco más de 150 años, hasta que en 1769 empezó a incorporarse el noroeste de Baja California al sistema misional, gracias a la expansión de los misioneros franciscanos hacia la Alta California. Es en este contexto que en 1770 el capitán Fernando de Rivera y Moncada llega por tierra al valle, desde la misión de San Diego, incorporándolo como parte de la ruta del camino misionero de ambas Californias. De hecho Rivera y Moncada fue el primero en llegar por tierra al valle, incluyendo a la bahía de San Quintín, y fue quien descubrió el arroyo de Santo Domingo. Rivera y Moncada era de Nayarit, y fue uno de los grandes personajes fundadores de Baja California, su figura está muy olvidada.

Sistema misional
En 1773 las misiones de la Antigua California pasan de los franciscanos a los dominicos, quienes expanden el campo misional hacia todo el norte de Baja California. Inician fundado la misión del Rosario, en 1774.

En 1775 establecen la misión de Santo Domingo de la Frontera, ya en la región del valle, incorporando de una manera efectiva esta región al sistema misional. Fue a partir de esta misión que la región del valle empezó a crecer hasta llegar a lo que hoy es.

La misión fue fundada oficialmente el 30 de agosto del mencionado año, y los fundadores fueron Fray Manuel García y Fray Miguel Hidalgo, pero el que se fletó con el trabajo pesado fue el primero. Con su labor pronto lograron convertir al sitio en todo un emporio ganadero y agrícola.

Esta misión fue el origen del pueblo de Santo Domingo, el más antiguo del valle, y de ella fueron saliendo muchos de los rancheros que empezaron a poblar la región, logrando con esfuerzo y dedicación establecer las bases para que se diera el crecimiento de lo que hoy es el gran valle. A fines del siglo XIX y principios del XX hubo un intento de la Compañía Inglesa de establecer una colonia en la bahía de San Quintín, pero este esfuerzo fracasó después de algunos años. Fue a partir de la segunda década del siglo XX que surgió la colonia Vicente Guerrero, una de las más importantes del valle, muy asociada a la comunidad de Santo Domingo.

El poblado de San Quintín y otros posteriores fueron surgiendo desde fines de la década de los años 40 del siglo XX, y poco a poco se consolidaron hasta llegar a lo que hoy son Camalú, San Telmo y El Rosario, comunidades que se formaron gracias a las misiones, pues su existencia data de fines del siglo XVIII.
 

 

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