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Misiones de las Californias XLV: Misión de Santa Catalina Virgen y Mártir

En sus mejores tiempos, llegó a contar con una población de 600 habitantes y tenía varias rancherías. Sin embargo estuvo amenazada por los diversos grupos yumanos, que preferían vivir en libertad, situación que se agravó cuando los dominicos forzaron a los indios a bautizarse. Así, en 1840 la misión fue destruida por grupos kiliwas. Nunca se recuperó y fue abandonada. En nuestros días, casi no quedan vestigios
domingo, 28 de enero de 2018 · 00:00

CARLOS LAZCANO/COLABORACIÓN
carloslascano@hotmail.com | Ensenada, B. C.

La misión de Santa Catalina, fundada en noviembre de 1797 en territorio de los indios pa-ipai, fue la séptima misión establecida por los dominicos en la Antigua California, y la número 45 de las Californias. Con el tiempo, el nombre derivó a Santa Catarina, y es ése el nombre actual del pueblo que creció a su alrededor, en el cual siguen viviendo los pa-ipai.

Santa Catarina es como un poblado mágico. Quizá, a primera vista, a muchos les parecerá un pueblo olvidado, marginado como muchos pueblos indígenas, sin mayor encanto. Pero eso será sólo una impresión. Lo mágico está en sus habitantes milenarios, los pa-ipai, esos indios del grupo yumano, parte de los primeros que llegaron a esta península, y la poblaron llenándola de sus vivencias humanas.

Por desgracia, los pa-ipai, así como los otros grupos yumanos de nuestra tierra (kiliwa, kumiai y cucapá), están en un proceso de pérdida de su identidad cultural muy fuerte, y no está lejano el día en que desaparezcan por completo. En una sociedad como la nuestra, que poco o nada los aprecia, los grupos yumanos se sienten despreciados, no aceptados. Pero en ellos, los pa-ipai hay cierta magia, sobre todo cuando platican sobre sus mitos, sus herencias, sus viejas costumbres. Es tan interesante escucharlos, expresar sus historias, la memoria de sus antepasados. Ciertamente es una gran lástima que nuestra cultura no los acepte, ya que nos estamos perdiendo de una cultura milenaria que en mucho nos puede enriquecer.

El pequeño valle donde está su pueblo, al pie de la sierra, está poco transformado; lo único nuevo son las pocas casas de los pa-ipai, hoy levantadas con materiales modernos, pero antes, más antes, eran de ramas de sauce, encino y otras plantas del lugar. El sitio es agradable gracias a sus lomeríos de granito blanco, y es fácil caminar entre los grandes bloques de esta piedra, los que imprimen cierto encanto al lugar.

Los pa-ipai ahí siguen, después de un tiempo inmemorial, quizá algunos miles de años, quien sabe. Y no sólo eso; para ellos, Jactobjol sigue existiendo y aún se preserva el pequeño salto de agua que dio origen a este nombre, ya que dicha palabra, es el nombre que los pa-ipaí dieron a este sitio desde que a él llegaron, significa precisamente “lugar donde el agua cae sobre las piedras”.

SANTA CATARINA
El poblado hoy se llama Santa Catarina y recibe este nombre desde que los misioneros dominicos establecieron en este valle la misión de Santa Catalina Virgen y Mártir, el que fue modificado a Santa Catarina. Según su leyenda, Santa Catalina, nacida en el siglo IV, de familia de alto rango en Alejandría, con tanto éxito se entregó al estudio de las ciencias divinas y humanas, que, a los 18 años, confundió al emperador Maximino, y a los filósofos paganos, convirtiendo a gran número de éstos. Convirtió también a la emperatriz Fausta y al tribuno Porfirio, quienes sufrieron el martirio con ella y los filósofos convertidos.

Como consecuencia de ser azotada con látigo de puntas de plomo, once días estuvo medio muerta. Sometida al tormento de las ruedas con dientes de hierro, a la primera vuelta rompiéronse éstas. Acabó su suplicio siendo decapitada. Su cuerpo fue llevado por los ángeles a la cumbre del Sinaí.

LA MISIÓN
Fue el padre fray José Loriente quien estableció esta misión el 12 de noviembre de 1797. El paraje ya había sido explorado desde 1794 por el sargento José Manuel Ruiz y por el gobernador José Joaquín de Arrillaga en 1796, quienes lo recomendaron para una nueva fundación, la que sería parte de la expansión misional hacia el este, ya que se buscaba unir a las misiones bajacalifornianas con las de Sonora. Para entonces, ya habían pasado quince años desde que los yumas habían destruido las misiones de la cuenca baja del río Colorado.

El sitio fue recomendado porque además de que el arroyo casi siempre lleva agua, existe ahí, en el mismo arroyo, un abundante manantial que siempre lleva el vital líquido. El arroyo, al igual que el manantial aún se conservan en su estado natural, hermosos, y vale la pena visitarlos.

Actualmente, del manantial se surte de agua la comunidad. Y precisamente, en donde está este manantial hay un sitio mítico y sagrado para los pa-ipai: la cueva de Jalkutat, una especie de monstruo o serpiente que cuidaba el agua, por lo que los cazadores pai-pai la mataron para que pudieran obtener el líquido y así poder sustentarse. Esta cueva en realidad es una especie de resguardo labrado en la roca por el agua corriente. Es muy pequeño.

El padre Loriente inició la construcción del templo de adobe, así como una acequia que sirvió para iniciar las labores agrícolas, cultivándose maíz y trigo. Sin embargo, debido a su clima esta misión destacó por su crianza de ganado vacuno, ovino, caprino y mular. En nuestros días, aún existen unos pocos vestigios de esta antigua acequia, la que ya no funciona porque ahora el agua está entubada.

En sus mejores tiempos, 1824, esta misión llegó a contar con una población de 600 habitantes, más del doble de la que actualmente hay. Contaba con las rancherías de La Ciénega, el Rincón, la Huerta, Sangre de Cristo, Cerro Colorado, San Pablo, El Portezuelo, Agua Caliente del Portezuelo, los Bateques, Pozo de González y Agua Caliente. Llegó a ser la más poblada de las misiones dominicas.

Esta misión estuvo amenazada constantemente por los diversos grupos yumanos, quienes preferían vivir en su antigua libertad antes que someterse a la vida monótona de la misión. Esta situación vino a agravarse cuando los dominicos empezaron a forzar a los indios a bautizarse. Así, en 1840 la misión fue destruida por grupos kiliwas. Nunca se recuperó y fue abandonada ese mismo año.

VESTIGIOS DE LA MISIÓN
En nuestros días, casi no quedan vestigios de lo que fue esta misión. Se encontraba sobre una amplia loma desde la cual se domina el valle. Hoy sólo se aprecian unos cuantos montículos de lo que fueron los muros y unos pocos rastros de parte mínima de los cimientos. Estos vestigios pueden visitarse y, a un lado de ellos, se encuentra un pequeño jardín botánico, con especies nativas de la región.

A un lado de los vestigios de la misión se encuentra el panteón de los pa-ipai. Es un sitio bastante interesante ya que conserva muchos elementos antiguos. Sus tumbas de piedras, en donde hay numerosas flores artificiales, así como ollas pai-pai en donde se colocan las velas.

Este sitio es uno de los pocos en donde se practica aun el día de muertos estilo misional. Se trata de la tradición de muertos propia de Baja California y sólo existe aquí y en El Rosario.

El poblado de Santa Catarina se encuentra a una hora y media de Ensenada, por la carretera que va a San Felipe, ya en la Sierra Juárez. Cuenta con unos 300 habitantes, la mayoría de ellos indios pa-ipai, quienes viven de la explotación de la palmilla y de un poco de ganadería. Además, muchos de los pai-pai son vaqueros y trabajan como tales en los numerosos ranchos de los alrededores. Aun así y con tan pocos habitantes en la comunidad hay tres templos; uno católico y dos protestantes.
 

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