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A 25 años del magnicidio

El 23 de marzo de 1994 la historia en México dio un giro mortal, el candidato a la presidencia por el PRI, Luis Donaldo Colosio fue asesinado a plena luz del día y frente a más de 4 mil personas
sábado, 23 de marzo de 2019 · 00:00

Redacción/EL VIGÍA

Ensenada, B. C.

El 23 de marzo de 1994, a casi tres meses y medio de celebrarse las elecciones presidenciales, México y el mundo se estremeció con la noticia: el candidato a la presidencia, Luis Donaldo Colosio Murrieta, por el partido en el poder (PRI) había recibido dos disparos, uno de ellos en la cabeza, al término de su discurso en un mitin en una de las colonias más pobres de Tijuana, Baja California, Lomas Taurinas en Mesa de Otay.

El asesinato de un candidato nunca había ocurrido en tiempos modernos del país, sin embargo, el hecho ocurrió en un lugar atestado de ciudadanos, periodistas, policías, guardias de seguridad privada y políticos, además a plena luz del día y presuntamente por una persona.

La teoría del asesino solitario, de una persona fuera de sus cabales (según lo dicho por la versión oficial) fue la línea de investigación y la misma que concluyó la entonces PGR, con lo que cerró el caso en medio de dudas y polémica.

Pero todo tiene un inicio y ésta comenzó, como dicen los especialistas del tema y los politólogos, cuando Carlos Salinas de Gortari, entonces presidente de México eligió a Colosio Murrieta, de 44 años, nacido en Magdalena de Kino, Sonora, quien tenía otros planes para el país, que en varios discursos dejó en claro y que al parecer, la cúpula del poder no le gustó y empezó a cambiar de parecer a tal grado que hubo rumores que querían quitarle la candidatura.

 

El rompimiento

El discurso pronunciado por Colosio frente al Monumento a la Revolución Mexicana, en la Ciudad de México, el 6 de marzo de 1994, dentro del aniversario del PRI, se considera como el rompimiento con el entonces presidente de México, Carlos Salinas de Gortari, debido a la crítica que hizo de los anteriores Gobiernos federales.

El mensaje de Colosio habla de un México agraviado y en crisis, con hambre, con profundas diferencias sociales, pero con la esperanza de transformaciones. Aunque Salinas de Gortari estuvo de acuerdo con el contenido del discurso, hubo reportes de las presiones hechas por el oficial mayor de la presidencia, José María Córdoba Montoya, para que renunciara.

 

El discurso

El discurso ofrecido ante miles de priistas y simpatizantes del partido tricolor al pie del Monumento a la Revolución arrancó efusivos aplausos, pero también la preocupación de los empoderados misma que se reproduce a continuación.

“Veo un México de comunidades indígenas, que no pueden esperar más a las exigencias de justicia, de dignidad y de progreso; de comunidades indígenas que tienen la gran fortaleza de su cohesión, de su cultura y que están dispuestos a creer, a participar, a construir nuevos horizontes.

“Veo un México con hambre y con sed de justicia. Un México de gente agraviada por las distorsiones que imponen a la ley quienes deberían de servirla. De mujeres y hombres afligidos por abuso de las autoridades o por la arrogancia de las oficinas gubernamentales.

“Como partido de la estabilidad y la justicia social, nos avergüenza advertir que no fuimos sensibles a los grandes reclamos de nuestras comunidades; que no estuvimos al lado de ellas en sus aspiraciones; que no estuvimos a la altura del compromiso que ellas esperaban de nosotros. Tenemos que asumir esta autocrítica y tenemos que romper con las prácticas que nos hicieron una organización rígida. Tenemos que superar las actitudes que debilitan nuestra capacidad de innovación y de cambio. Empecemos por afirmar nuestra identidad, nuestro orgullo militante y afirmemos nuestra independencia del gobierno”.

 

La zona cero

Luego de un inicio de campaña afectado por los efectos del levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional en Chiapas, el 1 de enero de 1994, Luis Donaldo llegó a Tijuana el 23 de marzo de ese mismo año, alrededor de las 18:05 al aeropuerto Abelardo L. Rodríguez de la ciudad fronteriza.

El primer lugar a visitar sería la colonia popular Lomas Taurinas, uno de los muchos asentamientos irregulares en la ciudad de Tijuana.

Alrededor de 4 mil personas se reunieron para ver al candidato en el denominado “Acto de Unidad”; participaron cuatro oradores locales antes de que Luis Donaldo Colosio cerrara el evento con su discurso.

A las 19:08 horas Colosio bajó del templete y se dirigió a pie a su camioneta rodeado por una reducida escolta personal. A las 19:12 horas, cuando Colosio había caminado unos trece metros y medio en la explanada, uno de los asistentes al mitin penetró el cerco de seguridad, puso un revólver calibre .38 cerca del oído derecho del candidato y disparó.

Un segundo disparo alcanzó a Colosio en el abdomen, quien cayó al suelo inconsciente, sangrando de la cabeza. En medio de la confusión, el grupo de seguridad capturó a un hombre joven de complexión delgada, tez morena y pelo rizado, vestido con pantalón de mezclilla y una chamarra negra.

Elementos de seguridad levantaron a Colosio y lo llevaron hacia su camioneta. A las 19:20 el candidato ingresó inconsciente al área de Urgencias del Hospital General de Tijuana.

Se realizaron diversas maniobras encaminadas a tratar de salvar la vida del paciente, pero médica y clínicamente era imposible por la gravedad de la lesión en la cabeza. No obstante todos los esfuerzos humanos y médicos que se realizaron, falleció Luis Donaldo Colosio, a las 20:55 horas.

 

Mario Aburto

El presunto autor de los disparos, identificado como Mario Aburto Martínez, de 22 años, originario de Michoacán y radicado hacía ocho años en Tijuana, fue detenido inmediatamente por quienes rodeaban al candidato en el momento del atentado y fue puesto a disposición de las autoridades.

El Mario Aburto presentado a la prensa en los días posteriores lucía un corte de pelo militar, menos moreno, no tenía los hematomas sufridos el día del asesinato en la cara y aparentaba estar más obeso, lo que desencadenó una serie de rumores sobre la autenticidad y posible reposición del verdadero asesino.

Distintas versiones señalan la existencia de una conspiración de Estado, sin embargo, la versión oficial señala únicamente la participación de Mario Aburto en el homicidio.

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