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RAÍCES

Espeleología Gracias a estos estudios descubrí cuevas, cascadas, simas, fósiles, rastros de culturas antiguas y de los paisajes más hermosos que hay en el mundo; también conocí a los seres humanos de esas regiones y sus necesidades, que me han sensibilizado y dado la oportunidad de ver nuestra tierra con otros ojos
lunes, 1 de junio de 2020 · 00:00

CARLOS LAZCANO/COLABORACIÓN
carloslascano@hotmail.com | Ensenada. B. C.

El término “espeleología” se refiere al estudio científico de las cavernas, cuevas, simas, cavidades ,etc. Sin embargo, como siempre, las definiciones suelen quedarse cortas.

Practico este deporte ciencia desde 1976, es decir, estoy por cumplir 45 años como espeleólogo. En todo este tiempo, he tenido el gran privilegio de visitar, explorar y descubrir algunos de los paisajes subterráneos naturales más hermosos y espectaculares del mundo.

Descubrí mi vocación por las cuevas gracias a que me fui a estudiar a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en donde estudié geología. Pasar por la UNAM fue para mí toda una experiencia, ya que amplió muchísimo mi visión del mundo y me permitió incursionar en aspectos de la vida y de México que ni siquiera imaginaba que existieran.

Fui de los fundadores del Grupo de Espeleología de la UNAM, que nació siendo parte de la Asociación de Montañismo de la UNAM. Fue en esta agrupación que hice algunas de las amistades más importantes de mi vida, las cuales hasta la fecha sigo conservando.

Fue en esos tiempos de estudiante que inicié con fe mis inicios como espeleólogo. Buscaba cuevas, sobre todo cavidades nunca exploradas. Lo desconocido siempre ha sido para una fuerte motivación. Mis conocimientos espeleológicos los fui aplicando para estudiar las regiones de cuevas que iba encontrando y explorando. Dirigí decenas de expediciones espeleológicas dentro de la UNAM, y posteriormente con la Sociedad Mexicana de Exploraciones Subterráneas, de la cual fui también cofundador.

CAVIDADES DESCONOCIDAS
Desde estos primeros años fui muy afortunado ya que empecé a explorar cavidades totalmente desconocidas en estados como Querétaro, San Luis Potosí, Oaxaca, Puebla, Yucatán, Chiapas, Campeche, Colima, Jalisco, Guerrero, Nuevo León, Morelos, Veracruz, Hidalgo y Coahuila, entre los más importantes.

Encontré cuevas que destacaron entre las más profundas de México y del continente, como el Sótano de Tilaco (la más profunda de Querétaro), el Sótano de las Coyotas (la más profunda de Guanajuato), el Hoyo de San Miguel (la más profunda de Guerrero).

También descendí y exploré algunas de las cuevas y abismos más espectaculares de nuestro país, algunas catalogadas a nivel mundial, como el Sótano de las Golondrinas (San Luis Potosí), el Sótano de La Lucha (Chiapas), el Resumidero del Pozo Blanco (Jalisco), la Hoya de las Guaguas (San Luis Potosí), el Sótano de las Cotorras (Chiapas), el Sótano del Barro (Querétaro), entre muchas otras.

CUEVAS Y CASCADAS
También me tocó en ser el primero en explorar algunas de las cuevas más bellas y extraordinarias del mundo como Yaax-Nick (Yucatán), El Popoca (Veracruz) y las cuevas de Naica (Chihuahua).

Como parte de estos hallazgos descubrí algunas de las cascadas subterráneas más altas de México y el mundo como la del Resumidero de Alpopolucan (Veracruz), con 200 metros de caída libre, o la del Sótano Hondo (Querétaro) con 115 metros.

Muchas otras cascadas subterráneas me tocó descubrir dentro de abismos de gran profundidad, como en el Sótano de Tilaco, con su serie de cascadas, algunas de más de 50 metros de caída, pero a niveles de más de 600 metros verticales bajo tierra. Y con estas cascadas presencie lagos subterráneos, salones inmensos, de techos a mas de cien metros de alto, espacios donde caben estadios o catedrales completas.

También gracias a nuestras exploraciones fueron encontradas numerosas especies desconocidas de fauna subterránea, así como algunos géneros y familias.

CULTURAS OLVIDADAS
Y qué decir de los hallazgos arqueológicos en cuevas. En las barrancas de Chihuahua localicé más de cien cuevas donde aún se conservan casas de mil años de antigüedad de culturas hoy olvidadas. Aquí en Baja California, he estado descubriendo decenas de cavidades llenas de pinturas rupestres de tres mil años de antigüedad, que hasta hoy era desconocidas. También he acampado muchos días dentro de las cuevas, explorándolas y disfrutando cada instante de esa estancia bajo tierra.

Y junto con esta cadena de maravillas de la que he sido testigo, me he topado con algunas barrancas de hasta casi tres kilómetros de profundidad, tanto en Chihuahua como en Durango.

Me encontrado las cascadas superficiales más altas de México, como lo es Piedra Volada (Chihuahua) con 453 metros de caída libre. Aquí en nuestra península he explorado sus barrancas más hondas y espectaculares, y algunas tan difíciles, como la del Chorro (mil metros de profundidad) que, hasta la fecha, con mi grupo de exploradores hemos sido los únicos en recorrerla (y lo hicimos hace 20 años), así como su serie de cascadas, las más altas de Baja California. También las cuevas me llevaron a encontrar uno de los cementerios de dinosaurios más grandes y mejor conservados de nuestro país, en el estado de Chihuahua. Y así, puedo seguir comentando muchas cosas.

Gracias a la espeleología también exploré en otros países, pero no lo hice mucho ya que en casa tenía los grandes hallazgos. Aquí es donde hacía y siguen haciendo falta exploradores.

Exploré e hice grandes amistades con exploradores de España, Italia, Estados Unidos, Inglaterra, República Checa, Croacia, Rusia, Holanda, Bélgica, Francia, Canadá, Polonia, Alemania, Venezuela, entre otros países.

OTRA VISIÓN DE MÉXICO
Pero junto con estos hallazgos también descubrí a los seres humanos que viven en esas regiones de las cuevas y las barrancas. Vi otro México, con otras culturas y otras necesidades. Encontré esa dimensión humana a un lado de tantas maravillas naturales. Y no pude menos que irme sensibilizando. Porque me tocó ver muchas injusticias, muchos abusos y, muy aparejados, violación de derechos humanos con destrucción de la naturaleza.

Después de que la naturaleza me compartió tanto, ¿cómo no sensibilizarme ante ella? ¿Cómo no sentir como propia cada agresión que se le hace? ¿Cómo no indignarme ante quienes están destruyendo mi casa, la casa de todos los seres humanos? ¿Cómo no luchar en contra de quienes nos quieren quitar el aire, el paisaje, el mar, las playas, los bosques, las selvas, los árboles? ¿Cómo no luchar en contra de quienes quieren ver en los seres humanos a entes pasivos, carentes de su propia historia?

Cuando salgo al campo, cada vez disfruto más cada día en que acampamos, cada noche que duermo bajo las estrellas, cada amanecer y cada atardecer que se me obsequian. Cada flor y cada animal que se aparece frente a mí. Cada murmullo del viento y del océano. Cada segundo y cada hora de esta vida que se me dio y que comparto con quienes amo.

 

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