El Vaivén de la Ciencia

¿Son los científicos una élite privilegiada?

sábado, 13 de abril de 2019 · 06:50

Por: Rodrigo Méndez Alonzo*

Dentro de la confusión de noticias que abarcan el quehacer científico cotidiano, han surgido ataques desde niveles muy altos en las esferas gubernamentales que opinan que los científicos son una élite privilegiada.

Estos ataques son dolorosos para una comunidad académica que día a día busca resolver de la mejor manera posible problemas sociales, ambientales y humanos que afectan nuestra sociedad. Para responder a esas dudas, en esta opinión primero quiero definir qué es una élite, que tipos de élite puede haber y cómo la opinión pública podría considerar a cada una de estas “élites”.

Una élite es un conjunto de personas dentro de una sociedad que forman una minoría que sobresale por algún aspecto en especial. Por ejemplo, a nuestra escala local contamos con deportistas de élite, aquellos como Daniel Corral, entre muchos otros, que han logrado posicionarse de manera sobresaliente por su desempeño físico.

Por otro lado, en las esferas militares, se cuentan con cuerpos de élite, marinos y personal de Sedena que han trabajado intensamente en mejorar hasta el límite sus habilidades castrenses.

En ese sentido, los científicos sí somos una élite, puesto que la formación de científico implica pasar estudiando prácticamente toda la vida.

Una carrera científica habitual, antes de llegar a poder ocupar una plaza de investigador o profesor requiere haber cursado una licenciatura (aproximadamente en 5 años), una maestría (2 a 3 años), un doctorado (4 a 5 años) y varias estancias de especialización, llamadas postdoctorados (de 1 a 5 años, en el mejor de los casos).

Una vez contratados, los científicos no pueden dejar de especializarse mediante el estudio cotidiano, así que, en términos educativos, los científicos son una élite académica. Las élites pueden servir como modelo para la población, sobre todo los niños y jóvenes porque para llegar a esos puntos se requiere de disciplina y perseverancia, además de actualización constante.

Un aspecto muy relevante que debe tener en cuenta la opinión pública es que una élite deportiva, académica o militar no implica necesariamente formar parte de una élite económica.

Los sueldos de los científicos probablemente están debajo de sueldos de médicos y abogados con el mismo nivel de preparación (y muy por debajo de los sueldos de diputados y senadores), por lo cual es infundado hacer ataques mediáticos a la comunidad científica como receptores de “privilegios especiales” (De hecho, una élite económica sólo debería ser admirada si y sólo si: 1. Lograron su fortuna por medios honestos y por innovación e inteligencia. 2. Después de un límite de riqueza, todo excedente se destina a la filantropía).

 

 

Tener más científicos implica mejor vida

Más aún, la comunidad científica es una comunidad de “puertas abiertas”. Por ejemplo, en Cicese, año tras año se realizan eventos de divulgación de nuestra actividad profesional, donde todo el público es bienvenido a ver por cuenta propia las actividades que se realizan en nuestro centro. ¿Por qué no interesa esto? Porque la élite académica no es inalcanzable, y realmente necesitamos atraer a los jóvenes a cursar carreras científicas, puesto que México es uno de los países con menor número de científicos por cada mil habitantes.

La mayor cantidad de científicos y la mayor inversión en ciencia se reflejan en un mayor ingreso per cápita a la población en general y mejor calidad de vida, producto de la mayor innovación. En términos prácticos, ¿usted tiene un teléfono de marca coreana, americana o mexicana? Esa es la implicación de tener 1 vs. 16 científicos por cada mil habitantes.

 

 

“Una carrera científica habitual, antes de llegar a poder ocupar una plaza de investigador o profesor requiere haber cursado una licenciatura (aproximadamente en 5 años), una maestría (2 a 3 años), un doctorado (4 a 5 años) y varias estancias de especialización, llamadas postdoctorados (de 1 a 5 años, en el mejor de los casos)”.

*Investigador en el Departamento de Biología de la Conservación del Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada (Cicese).

 

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